A 25 años del Mercosur: Gobierno de Uruguay propone que miembros del bloque negocien unilateralmente TLCs con países extrazona

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Uruguay: El tren del TLC y la fantasía progresista. Por Eduardo Camin* (Exclusiva para Nodal Economía)

La historia no hace más que repetirse, ya lo advertimos antes de que este gobierno entre en función. La agenda ya está trazada y no es más que la consecuencia de una vieja iniciativa negociada por el presidente Tabaré Vázquez y el ex presidente George Bush. Recordaremos que en 2006 y cuando ambos países se disponían a negociar un TLC, el entonces y actual  presidente Tabaré Vázquez dijo en el Foro de las Américas en Montevideo que “a veces, el tren pasa una sola vez”.

Pero en esa ocasión la interna del Frente Amplio, sumada a la férrea oposición que ejercieron los gobiernos de Brasil y Argentina, llevó a que Uruguay no tomara ese tren. En la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés) afirmaron a la prensa que el Congreso habilitará otra vez la vía rápida para negociar acuerdos de tipo TLC y que Uruguay es un buen candidato para ello. Un TLC con un país del Atlántico sería una buena señal. Poco tiempo después Uruguay inicio algunas tratativas hacia la Alianza del Pacífico -donde de candidato a observador quería pasar a ser candidato a miembro- junto a México, Colombia, Perú y Chile. Todos ellos tienen un TLC con EE.UU. y son una puerta de salida hacia Asia.

Pero, el país ya chocó en el pasado con resistencias internas a nivel político y del Mercosur, que en su momento  le ha recordado que “solamente el bloque puede hacer (un) acuerdo (…) porque somos una unión aduanera”.

Los resultados de la estrategia geopolítica de los Estados Unidos respecto al papel reservado a Uruguay han sido eficientes y eficaces (para sus intereses). Uruguay ha sido el principal aliado para debilitar la integración regional del Mercosur, y esta ha sido quizás, la táctica más exitosa de los Estados Unidos. El interés de Estados Unidos no sólo es comercial. Es estratégico. Necesitaba una cuña que le permitiera introducir la hegemonía militar en la zona, asegurar los privilegios de sus empresas (inversores), ganar un espacio para contrarrestar cualquier modelo (Mercosur u otro) que pudiera devenir en una interferencia a sus intereses y detener los planes de integración sudamericana como los propuestos por la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALCA) promovida por Venezuela.

La versatilidad progresista

Cualquier posible empeño de calibrar la versatilidad, o el sentido de la novedad constante y la capacidad de sugestión a la cual nos va acostumbrando el gobierno progresista uruguayo sobre las grandes cuestiones del presente o más enfáticamente diremos, a los fines esenciales de la interpretación correcta del programa elaborado en los diferentes congresos del partido de gobierno.  Nos parecen harto huidizas y aún más cambiantes las posiciones del actual ejecutivo, destinado a una tarea de equilibrio permanente. Una mirada atenta sobre el acontecer nacional y las derivas retóricas del gobierno progresista trasladadas en los diferentes discursos, nos dejan perplejos. En el actual marco el doble discurso es un componente sustantivo y ya difícilmente ocultable de la prédica progresista.

Por eso surge frecuentemente la panacea salvadora del Tratado de Libre Comercio, (TLC), rechazado algunas veces, en una especie de deshojar la “margarita del amor” me quiere… no me quiere…  ese juego del…si pero no.  Apenas una visita de cuatro horas del Presidente Francés François Hollande, para que el Presidente  Tabaré Vázquez se inflamara nuevamente con los tratados comerciales con la UE.

En una retorica permanente la propuesta es simple y conocida para nuestros dirigentes políticos los cuales nos advierten que: “en un mundo inevitablemente globalizado gracias a la tecnología, la respuesta que asegura el desarrollo es la apertura de los mercados y la desregulación de las economías nacionales; de ese modo es posible entrar en contacto pleno con el resto de la economía mundial, obtener acceso a los mercados más ricos y poderosos, participar activa y beneficiosamente del libre comercio internacional, captar las inversiones directas, lograr transferencia de nuevas tecnologías”, y una larga lista de esímulos, sobre todo en tiempos de crisis.

Para argumentar desde el pensamiento crítico, es necesario comprender y hacer reflexionar que en el mundo existe una comunidad de intereses básicos de países centrales, y que disponen de una serie de instrumentos. El G7, el Fórum Económico de Davos, el manejo de la Organización Mundial del Comercio (OMC) el control que se ejerce sobre los organismos multilaterales como el FMI, el Banco Mundial que constituyen pruebas más que suficientes que nos eximen de otra demostración.

Pero a la vez estos países ricos de un mundo empobrecido, tienen intereses opuestos en cuanto dirimen en estos ámbitos la hegemonía mundial, en particular en el terreno económico: la producción y comercialización de bienes y servicios, su distribución, el control de la explotación de los recursos básicos del planeta – la tierra, los bosques, el agua, el petróleo, los alimentos y las materias primas y hasta la información genética atesorada en la biodiversidad – así como el manejo y utilización del capital financiero a escala mundial. Examinar en profundidad la realidad de esta jungla es un desafío que muchas veces excede nuestros conocimientos, pero hay algunos elementos que nos resultan altamente significativos e ilustran con una luz diferente nuestra mirada sobre el proceso de globalización y la propuesta de los Tratados de Libre Comercio.

El ALCA, los alquitas y los subsiguientes tratados  EEUU/UE no es, ni ha sido un proyecto de integración, ni siquiera podemos definirlo un acuerdo de libre comercio, sino un conjunto de normas relativas a inversiones, que incluye el uso de la tierra, servicios y políticas industriales. Se trata de un instrumento que dispone un espacio de libre circulación de capitales y de recursos estadounidenses, u europeos  asegurando el “trato nacional” a los mismos en cada país integrante de la zona y que deriva al ámbito de la OMC la consideración y el tratamiento de las medidas proteccionistas que impuso al mundo entero Estados Unidos.

No obstante hoy es normal encontrarnos con afirmaciones provenientes de distintos ámbitos de las ciencias sociales, que actúan como los nuevos referentes de la vida política y social de nuestros países. Creando un manto adulador donde surgen los mecanismos de explicación psicológica, que nos indican que la felicidad completa, es decir el placer y la eliminación del sufrimiento terrenal, se manifiesta cuando participamos de los beneficios derivados del progreso de la dinámica mundializadora. Por eso entendemos y es a la vez una tarea ineludible, informar a la sociedad civil como actor principal de este proceso. Hay en nuestro país demasiados prejuicios, muchas aptitudes equivocadas que revisar.

Las grandes corporaciones y la ley internacional

La nueva configuración del orden mundial, que ha logrado internacionalizar las relaciones de producción en base a la razón instrumental de los grupos económicos transnacionales que administran el flujo de capitales, bienes y tecnología, promueve naturalmente la tendencia a multilateralizar las normas internacionales relativas al trato y protección de las inversiones extranjeras.

Ello en estricta correspondencia con las necesidades de centralización del capital y la ganancia frente al resto de los factores económicos. La voluntad más firme de dar carácter general al régimen de promoción de las inversiones extranjeras, ha sido el recordado proyecto sobre el Tratado Multilateral de Inversiones (AMI), promovido por la Organización de Cooperación Económica y Desarrollo (OECD), interrumpida bruscamente en el año 1998 por las propias críticas de los países desarrollados, Francia específicamente, en relación con la excesiva delegación de función legislativa y jurisdiccional que producía a favor de la esfera internacional. En especial, la delegación de actividad jurisdiccional a favor del Centro Internacional sobre Arreglos de diferencias relativas a Inversiones (CIADI) y de los inversores extranjeros en el proceso de creación de las normas de derecho internacional.

El CIADI depende del Banco Mundial. No podemos ni deberíamos olvidar justamente a la luz de nuestra propia experiencia el litigio que enfrenta Uruguay con las industrias del Tabaco en particular con Phillips Morris.

Es a través de estos mecanismos y normas establecidas con claridad y rigor draconiano que la firma del tratado compone una verdadera constitución política para el capital transnacional. Las grandes corporaciones se aseguran privilegios extraordinarios que quedan consagrados también como ley internacional – es decir irreversible e inmodificable – equiparadas a los estados soberanos o situados en una posición aún superior a la de éstos en un régimen de libertad absoluta y garantías totales.

La garantía del nivel mínimo de trato o trato justo y equitativo como norma del derecho internacional, se desvirtúa en su naturaleza, otorgándole al inversor extranjero la preferencia de sustituir el derecho del Estado receptor por un régimen unilateral de protección de sus inversiones y la garantía de recurrir a un tribunal arbitral internacional que aplica en primer término el régimen unilateral protectorio de la inversión.

Este propósito vertebral de proteger a las inversiones extranjeras de los efectos generales que nacen de la política económica de los Estados nacionales, otorgándoles la libertad de definir las relaciones de producción a nivel mundial con independencia de las necesidades del mercado interno, está expresamente contenido en las cláusulas de estabilización –stabilization clauses– por las cuales los Estados receptores de la inversión se comprometen a no modificar su legislación sin la correspondiente indemnización. Esta garantía apunta a otorgar las máximas seguridades, la máxima libertad y una autonomía total de las empresas transnacionales y a los inversores en general. Las fábulas adivinatorias de los TLC pretenden ganar prestigio porque no hay pronosticador que, dándoles vueltas no pueda decir con ellos cuanto quiera.

Así por principio de globalización no cabrían proyectos contrarios fundamentados en el mantenimiento de identidades culturales al margen del mercado mundial, sin quedar de espaldas al mundo como proclama alto y fuerte el gobierno progresista del Uruguay, traicionando ­de esta forma el legado de Artigas.

El proyecto global ha venido sufriendo una serie de crisis sucesivas que demuestran claramente que el sistema no funciona. Las crisis condicionan y restringen, obligan a los actores a reposicionarse y procurar nuevas formas de cumplir sus objetivos. Las crisis son una parte constitutiva del capitalismo, como enseña la economía política y prueba la historia. El proyecto globalizador basado en la teoría del neoliberalismo económico tiene como objetivos la conservación y el desarrollo del sistema económico mundial, incluyendo la necesidad de financiar el déficit norteamericano y complementariamente atender el interés común de las elites capitalistas a nivel mundial, compuestas esencialmente por las grandes corporaciones y el capital financiero internacional. Pero las crisis señaladas y sus consecuencias ponen en cuestión el proyecto y debilitan sus agentes, entre la concentración de la riqueza y la expansión de la miseria.

El columnista de Nodal Rubén Armendáriz escribía recientemente en su artículo: “ El gobierno uruguayo propone el suicidio colectivo”  que  “El camino propuesto por Uruguay lleva inexorablemente un destino similar al de la Comunidad Andina, que luego de flexibilizar su normativa para avanzar con acuerdos comerciales con la UE, prácticamente ha desaparecido. Es una invitación al suicidio colectivo.” (Sic). La ironía de esta situación es que en realidad Uruguay sigue estadísticamente ubicado como el país  que más suicidios registra en América del Sur.

*Periodista uruguayo, fue director del semanario Siete sobre Siete y colaboró en otras publicaciones uruguayas y de América Latina. Corresponsal en Naciones Unidas y miembro de la Asociación de Corresponsales de prensa de la ONU. Redactor Jefe Internacional del Hebdolatino en Ginebra. Miembro de la Plataforma Descam de Uruguay para los Derechos Económicos sociales y medio ambientales. Docente en periodismo especializado sobre Organismos Internacionales.

Mercosur: El gobierno uruguayo propone el suicidio colectivo. Por Rubén Armendáriz**

Hace un par de semanas, se reunieron –informalmente- los coordinadores nacionales de los estados miembros del Mercosur, en su sede de Montevideo. Allí, la presidencia pro-témpore del organismo regional en manos de Uruguay presentó los principales lineamientos políticos para su período a cargo del Mercosur.

Cuando Mercosur está por cumplir sus 25 años, sorprendió que dentro de estos lineamientos Uruguay propusiera “flexibilizar” el organismo y permitir que los estados miembros puedan negociar unilateralmente acuerdos de libre comercio con países extrazona, sin el consenso ni participación del resto de los socios. El problema es que desde la suscripción del Acuerdo de Asunción esto no está permitido: es “inconstitucional”.

La pretendida “flexibilización” del Mercosur es una invitación al suicidio colectivo, ya que no está exenta de grandes costos individuales para cada uno países que lo integran y para el colectivo y el proceso de integración en su conjunto. Algunos coordinadores nacionales presentes en la reunión de Montevideo señalaron que significa un mera degradación del Mercosur como bloque, que quizá hoy es una Unión Aduanera “imperfecta” pero que, de aprobarse este proyecto, se transformaría en un mero Tratado de Libre Comercio(TLC).no al alca

Una Unión Aduanera es más que un TLC, ya que además de que exista libre comercio entre sus socios, tiene una política comercial común y un Arancel Externo Común (para todos, pese a que hoy existen algunas excepciones transitorias a la libre circulación de mercancías). Obviamente, un TLC no brinda la posibilidad de profundizar los compromisos en nuevas áreas de interés que permitirían equilibrar los costos y beneficios del proyecto de integración, como por ejemplo la coordinación de políticas macroeconómicas, que serían impuestas desde fuera de la región.

Desde el punto de vista del intercambio comercial, recuerdan los expertos, un TLC deja en libertad a sus socios para negociar con terceros. En esas condiciones, el acceso de las actuales estados-parte al mercado de sus socios en condiciones preferenciales se vería menoscabado por las rebajas arancelarias otorgadas por el país que haga nuevos acuerdos comerciales con terceros países, con lo cual los productos originarios del Mercosur perderían parte o todas las condiciones preferenciales que tiene hoy el mercado interno ampliado.

Por otra parte, el manejo individual de los aranceles con terceros países introduciría un nuevo factor de distorsión en las condiciones de competitividad en la región, por ejemplo a través de los menores costos de importación de insumos y bienes de capital de las cuales podría gozar aquel país que firme algún TLC con una nación de extrazona, en detrimento de sus actuales socios del Mercosur.

Y ya en términos más políticos, la degradación del Mercosur generaría una pésima percepción externa respecto de la estabilidad de las políticas en la región y significaría la ruptura de un proyecto estratégico de gran importancia para una política regional de carácter soberano.

Tabaré, el reincidente

Vázquez y su canciller Rodolfo Nin Novoa

Vázquez y su canciller Rodolfo Nin Novoa

No es la primera vez que el gobierno de Tabaré Vázquez –junto a su gabinete económico liberal- intenta avanzar con estas modificaciones al funcionamiento del Mercosur: ya en 2006, Uruguay amenazó con denunciar el Tratado de Asunción, dejar de ser miembro pleno y se transformara en sólo un “estado asociado” al Mercosur, con el fin de suscribir acuerdos comerciales con EEUU y otros países.

En aquella oportunidad también era presidente Tabaré Vázquez, quien solicitó por escrito al presidente brasileño Lula da Silva –en su carácter de presidente pro témpore del Mercosur- la obtención de un “waiver” que le permitiera negociar individualmente acuerdos comerciales con terceros países. Argentina y Brasil se opusieron a la propuesta uruguaya, al más alto nivel político.

El segundo intento tuvo lugar luego de la reanudación en 2010 de las negociaciones entre Mercosur y la Unión Europea para avanzar en un TLC birregional. En 2012 Uruguay presentó una propuesta de norma que habilitaba a los estados parte del Mercosur a negociar individualmente nuevos acuerdos y a profundizar aquellos ya existentes con otros países de la región latinoamericana. Esta propuesta también fue descartada de plano, aun cuando los negociadores uruguayos sostenían que si esto no era factible, tenían la intención de avanzar de manera solitaria.

Este tercer intento se trata de la presentación de un proyecto de Decisión para ser elevado al Consejo del Mercado Común, el órgano superior del Mercosur. En el mismo se señala que para las negociaciones de nuevos acuerdos comerciales que se encaren de forma conjunta por todos los socios del Mercosur, se propone una nueva “institucionalidad” negociadora: ya no serían los estados miembros los que negocian –con la Presidencia por-témpore de turno a la cabeza- sino que el Grupo Mercado Común designa a un “coordinador permanente de la negociación”, a imagen y semejanza del modelo institucional de la UE, en la que cada negociación tiene un burócrata como responsable.

Asimismo, contraviniendo lo que se establece en el Tratado de Asunción y la Decisión CMC 32/00, este proyecto de Decisión permite que los países individualmente puedan realizar acuerdos comerciales con países o regiones de extrazona, con lo que se degrada el Mercosur, en tanto la Unión Aduanera –al perforarse de manera permanente el Arancel Externo Común- y se lo convierte paulatinamente en un mero TLC, tal como lo plantean los intereses de los países centrales.ue mercosur

El instrumento fundacional del Mercosur, el Tratado de Asunción, indica que el objetivo último de sus integrantes es el de “constituir un Mercado Común”. La propuesta uruguaya lejos de llevar al Mercosur a su objetivo inicial degrada el Mercado Común a un simple TLC, desde el momento en que los países que eventualmente firmen otros TLC con países extrazona estarán perforando cada vez más y de manera permanente el Arancel Externo Común.

Para fortalecer el Mercosur los países debieran ir eliminando las perforaciones el AEC y avanzar definidamente en la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre los socios, generando un espacio de acumulación interno a escala regional que permita impulsar los procesos de industrialización y agregado de valor entre los países de la subregión, asegurando preferencias recíprocas en detrimento de los países de extrazona.

El camino propuesto por Uruguay lleva inexorablemente un destino similar al de la Comunidad Andina, que luego de flexibilizar su normativa para avanzar con acuerdos comerciales con la UE, prácticamente ha desaparecido. Es una invitación al suicidio colectivo.

**Sociólogo, integrante del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

Radio La Primerisima

Aprovechar el cambio argentino. Por El Observador

El péndulo entre nuestros dos grandes vecinos que caracteriza a la vida uruguaya se inclina decisivamente hacia Argentina, por la combinación de su cambio de gobierno y de la declinación de Brasil. Desde que Mauricio Macri asumió la Presidencia se acumulan ventajas que durante más de una década fueron ahogadas por el kirchnerismo. Los puertos, y especialmente el de Montevideo, registran un considerable aumento de actividad desde que Macri anuló la hostil disposición de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner de prohibir el trasbordo en nuestras terminales de mercaderías embarcadas en puertos argentinos. Se han reanudado las exportaciones uruguayas, que habían virtualmente desaparecido bajo el desaforado proteccionismo kirchnerista.

Pero queda mucho por hacer para aprovechar al máximo el restablecimiento de las buenas relaciones rioplatenses, como vía disponible y medianamente rápida en otras áreas y en el campo de la apertura comercial a otros mercados. El futuro de la paralizada regasificadora parece depender de que Argentina le restituya el carácter de emprendimiento binacional, que tuvo en su comienzo pero que desapareció cuando el kirchnerismo resolvió retirarse. UTE, que tiene el 90% de las acciones de la empresa conjunta con ANCAP para ese emprendimiento, duda de que pueda mantener su compromiso financiero mayoritario después de que el consorcio concesionario abandonó la obra. La forma de asegurarla es que Argentina vuelva a asociarse al proyecto, como se gestiona actualmente, perspectiva facilitada por la endémica escasez de gas en el país vecino.

Pero de mayor significación a largo plazo es incorporarse a la resuelta iniciativa argentina hacia un tratado de libre comercio con Estados Unidos, y eventualmente con el Tratado Transpacífico, a través del Mercosur o por su cuenta. La posibilidad de un TLC con el más poderoso mercado del mundo fue reafirmada por el respaldo del presidente Barack Obama a la administración Macri durante su reciente visita a Argentina. El gobierno uruguayo hace tiempo que procura incrementar exportaciones a Estados Unidos. Pero lo viene haciendo con cautelosa modestia, debido a la anquilosada renuencia ideológica de sectores del Frente Amplio a todo lo que implique acercamiento con Estados Unidos. Estos grupos tienen que entender que la guerra fría terminó hace muchos años y que la prioridad para un país en graves dificultades económicas, como es el caso uruguayo, es expandir sus disminuidas exportaciones. De este curso depende la generación de más actividad y empleo, meta primordial para el bienestar de los uruguayos y que toma precedencia sobre el color político de los gobiernos, asunto que ha perdido toda pertinencia.

Durante el período kirchnerista y cuando Brasil emergía con fuerza como uno de los líderes del mundo emergente, el expresidente José Mujica acopló a Uruguay al tren norteño. La medida fue adecuada en ese momento. Pero hoy Brasil se tambalea, en medio de una grave crisis política, de dos años de desastrosa recesión y de la corrupción e incompetencia de su gobierno socialista. Argentina, en cambio, está a las puertas de una recuperación sustentable, lo que convierte en prioridad esencial para nuestro país, en todas las áreas, sacar el máximo provecho de una restablecida asociación amistosa, al margen del color partidario de sus gobiernos.

El Observador

Otra provocación más y ya son mil. Por Ugo Codevilla, Analista

Primero fue el TISA, después el TTP (aún en estudio), ahora destapan un viejo proyecto de Astori, firmar una tratado de libre comercio con EEUU, esta vez como Mercosur. De nueva cuenta se verifíca la connivencia entre Washington y el gobierno “progresista” del doctor, con más razón luego de que Obama visitara el Río de la Plata. Lamentablemente, con la victoria de Macri Uruguay se ha visto imposibilitado de mantener un rumbo independiente.

A la letra: «El ministro de Relaciones Exteriores Rodolfo Nin Novoa afirmó que Uruguay “está abierto a la posibilidad de que el Mercosur y los Estados Unidos negocien un TLC” porque “Estados Unidos es la mayor potencia del mundo”, asegurando que el actual gobierno “no va a mirar para otro lado en el caso de que se plantee la posibilidad de empezar a negociar un tratado de libre comercio”.

Nos gustaría un análisis económico concienzudo de las “grandes” ventajas del varias veces dscartado TLC. Un tratado de ese tipo, solamente sirve para incentivar las exportaciones norteamericanas con gran valor agregado, en cambio nosotros, vendemos materias primas. Le recomendamos al técnico agropecuario, leer un viejo libro del premio Nobel Joseph Stiglitz, Malestar en la Globalización, para enterarse de cómo EEUU valora a los exportadores de bienes primarios cuyos precios están en caída libre. También, recordar que nuestras exportaciones a EEUU no superan el 3% del total. No se trata de mirar para otro lado, sino hacerlo en sentido correcto.

Lo trágico es que en la burbuja directriz del Frente Amplio hace caso omiso de estos bandazos de derecha. Y si bien se desesperan a causa de una insoslayable pérdida de apoyo popular, no son capaces de ponderar una obviedad: tales inconsistencias no provienen de un electorado veleidoso sino de haber aupado al poder a un gobierno que no los representa.

Muchas son las pifias. Eleuterio hablando de terrorismo cuando él dirige el principal. No hay más amenaza en este país que el generalato impune, quienes cobran por una función inexistente. Un verdadero gobierno de izquierda hubiese licenciado al cuerpo armado hace mucho, una carga tan inútil como riesgosa. Precisamente este es el contrasentido de Tabaré Vázquez cuando habla de que el futuro depende de las decisiones tomadas hoy, es decir, seguir cargando miedo a los uniformados. Miedo traducido en extorsión.

Algo peor, ambos -Mujica y Vázquez-se empeñan en sostener a Sendic Jr. como candidato idóneo para las elecciones próximas. A cuatro años de dicho evento el prospecto hace agua. Se descubrieron sus errores en la Ancap, cuya investigación dejó al descubierto múltiples complicidades, entre ellas la de Astori, quien hoy arroja piedras al muchacho para proponerse como candidato alternativo (en ese andarivel caminan otros. A mar revuelto ganancia de pescadores).

Entretanto, los blancos aprovechan la coyuntura adversa para los gobiernos “progresistas” e inicia un ataque que contribuye a resaltar el reducido apoyo del doctor entre los ciudadanos.

Para empeorar la situación, el joven prospecto confiesa no haber terminado su licenciatura en genética. En fin, un dechado de virtudes. Haciendo caso omiso de lo inevitable, se ha creado una red de leales al junior, quienes recuerdan que Batlle y Ordoñez tampoco poseía título alguno.

Mientras son peras o son manzanas, el senador Agazzi despotrica contra su compañero de filas Luis Almagro por ser anuente con Washington, mucho después de haber agredido al gobierno bolivariano de Venezuela. Sus palabras se necesitaron en ese entonces, ahora son una torpe desvinculación que demuestra la complicidad de quienes hicieron silencio en esos trágicos días. Empero, Los de Siempre tienen razón, de haber culpa la tiene otro.

República.com.uy

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