China se consolida cada vez más como la principal locomotora de la economía mundial. Como una de las tantas consecuencias de ese proceso, en los últimos años el gigante asiático ha multiplicado exponencialmente sus vínculos con la mayoría de los países de la región. Ello supone, para las naciones latinoamericanas, una serie de desafíos y posibilidades, pero también algunos riesgos.  Para aportar al debate, NODAL Economía inaugura un espacio de discusión a partir de las miradas y las opiniones de especialistas de la región.  

Producción: Agustín Lewit y Paola Bianco.

Inversiones chinas: ¿liberación o dependencia?

Por Julio Sevares*

En el último quinquenio las inversiones chinas en la Argentina tuvieron un fuerte incremento generando expectativas positivas por la contribución que pueden implicar en el desarrollo de sectores productivos y en la infraestructura.

Un dato central es que las inversiones chinas forman parte de una trípode económico: el comercio de Argentina y América Latina con China está compuesto por exportaciones de bienes primarios y compras de industriales y los préstamos y las inversiones chinas son para actividades destinadas a promover la producción y el transporte de esos bienes hacia el país asiático. Es decir, que tanto el comercio con China como los préstamos e inversiones de ese país consolidan y promueven la especialización productiva y exportadora en bienes de bajo grado de elaboración, salvo que los gobiernos adopten políticas destinadas a contrarrestar esa tendencia y a aprovechar los ingresos y el financiamiento asiático para promover la industrialización y diversificación económica.

Las inversiones chinas en Argentina se dirigen principalmente a la extracción petrolera -inversión de CNOOC en Bridas y de Sinopec en Oxy- y minera -China Metallurgical Group Corporation en Minera de Sierra Grande de Río Negro y las mineras Jinding y Jiling Dequan Cement Group Co. Ltd., en litio de Jujuy-.

El marco local

El entusiasmo por la llegada de inversiones chinas se entiende porque contrastan con el bajo ritmo de inversión local y externa.

Según el Indec, en el período 2008-2014, la Formación Bruta de Capital Fijo aumentó un 1,4% promedio anual, por debajo del PBI (3,4% promedio anual), con un fuerte descenso en el segmento 2012-2014, por lo que en los últimos tres años la economía local sufrió una descapitalización neta.

Según el Banco Mundial, en el período 2010-2013 la IED en la Argentina fue de sólo el 2% del PBI. En ese período Chile recibió IED por un equivalente del 8,5% de su PBI, Bolivia 4% y Brasil 3%.

La baja inversión se explica por el deterioro macroeconómico y por el reducido acceso del sector privado al financiamiento, lo cual pone en ventaja a inversores externos con financiamiento propio, como es el caso de los chinos. Los préstamos bancarios al sector privado no llegan al 16% del PBI, siendo uno de los más bajos del mundo -en Chile o Brasil, la tasa supera el 60%-. Además, el país no cuenta con bancos oficiales de promoción de la producción, la inversión o las exportaciones, como los que disponen China, Brasil y muchos otros países.

El incierto monto de las inversiones

El monto de las inversiones chinas es incierto porque el Estado no lo informa: en el último informe de Flujos de IED del Banco Central -2013- China no figura en la lista de los diez primeros inversores. Las informaciones disponibles surgen de otras fuentes.

Según la embajada de la RPCh en Argentina, a mediados de 2015 China había invertido 8.800 millones de dólares, convirtiéndola en el tercer inversor externo del país.

Según la CEPAL, en el período 1990-2009, China invirtió en Argentina u$s 143 millones,  con un pico en 2010 (u$s 3.100 millones)  y luego una caída hasta u$s120 millones en 2013.

En el registro del Global Investment Tracker, las inversiones y contratos chinos en el período 2005-2016 alcanzan a u$s 18.578 millones.

Los convenios y las críticas

Las inversiones externas chinas son realizadas por empresas estatales o por sociedades cuyo principal accionista es el Estado y China promueve la firma de acuerdos para canalizarlas.

Entre los últimos años Argentina y China firmaron numerosos acuerdos económicos, el más importante es el Convenio Marco de Cooperación Económica firmado en julio de 2014, en el contexto de la visita del presidente chino Xi Jinping a la Argentina, que incluye 17 acuerdos de diferentes campos, 5 de ellos económicos.

Los acuerdos de inversión generan oportunidades de desarrollo de sectores importantes pero también han generado cuestionamientos de organizaciones empresarias y organizaciones gremiales.

Los acuerdos admiten las adquisiciones por adjudicación directa siempre que tengan financiamiento concesional y en condiciones ventajosas de calidad y precio, dando ventajas a las empresas chinas apoyadas por el financiamiento público.

La preocupación por el impacto de las inversiones chinas es particularmente fuerte en los sectores de bienes de capital. Según un trabajo de la Cámara de Industriales de Proyectos de Ingeniería de Bienes de Capital (CIPIBIC, 2014) que agrupa varias cámaras industriales, el gobierno nacional, por acción u omisión, ha promovido una sustitución inversa de importaciones al autorizar la importación de bienes de capital que son competitivos con la producción nacional existente o, que podrían elaborar empresas locales ya instaladas, en su mayoría Pymes. En esta situación se encuadran los convenios firmados recientemente con China, los cuales consolidan el impacto negativo sobre la industria de bienes de capital, en la medida que facilitan la competitividad de las empresas chinas.

En el caso de la construcción de dos centrales nucleares, en la IV Central la participación de proveedores locales será del 70% pero en la V Central, que utilizará tecnología china con una participación prometida de proveedores locales, será del 30%.

Otro aspecto sensible es el de las inversiones para la recuperación del Ferrocarril Belgrano Cargas que contribuirá a mejorar el sistema, el cual fue postergado por la política oficial hasta la tragedia ferroviaria de Once en 2012, pero utilizando maquinarias y tecnología china, incluyendo inclusive los durmientes. Si bien los contratos incluyen una participación de la industria local, no existen especificaciones claras al respecto.

Además, las inversiones chinas tienen y tendrán un impacto comercial, ya que promueven las compras de productos industriales en ese país en momentos en que las exportaciones a China están estancadas y las importaciones aumentan generando un creciente déficit comercial.

El artículo 6° del acuerdo admite la contratación de empleados de origen chino en las mismas condiciones que los nacionales, aunque esta posibilidad puede relativizarse en la práctica por la resistencia sindical.

Otros puntos que han sido objeto de críticas son la participación marginal del Congreso en el diseño de los acuerdos -aunque no en su aprobación-, el sometimiento de la resolución de diferencias a tribunales del exterior y el impacto negativo que la facilitación de inversiones chinas tiene sobre la integración regional, en la medida que reduce las ventajas de empresas no sólo locales sino también de Brasil.

1 Banco Mundial. Datos. http://datos.bancomundial.org/indicador/BX.KLT.DINV.WD.GD.ZS
2 Los préstamos bancarios al sector privado son el 15% del PBI, contrastando con el 180% del PBI en Estados Unidos, 13% en China, 110% en Chile y 70% en Brasil.
En el registro de la posición pasiva bruta de IED del BCRA, la presencia de los paraísos fiscales es más destacada. En el total 2005-2013, los Estados Unidos ocupan la primera posición y los paraísos fiscales (Luxemburgo, Islas Caimán y Bermudas) la cuarta, con casi el 7% de las inversiones, detrás de Holanda y por encima de Chile y Brasil.
Declaraciones de Zhai Chengyu, Consejero Económico y Comercial de la embajada china en Argentina. “China invirtió 8.800 millones de dólares en Argentina” Sitio Andino, 29/8/2015. http://www.sitioandino.com/nota/169921/
5 América Latina y el Caribe y China. Hacia una nueva era de cooperación económica. 2015
Global Investment Tracker https://www.aei.org/china-global-investment-tracker/Heritage Foundation y el American Enterprise Institute
7 Entre las mismas pueden contarse el  documento dados a conocer por la Unión Industrial Argentina (UIA) “Acerca del Convenio Marco de Cooperación en Materia Económica y de Inversiones” 20/2/2015.  También emitió opiniones críticas la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA). Por ejemplo: Alonso P. Ferrando “China-Argentina. Los interrogantes del Acuerdo Marco” http://www.cera.org.ar/new-site/contenidos.php?language=es&p_seccion_sup_id=167.
Artículos periodísticos con opiniones de CERA sobre el tema en http://www.cera.org.ar/new-site/contenidos.php?p_seccion_izq_id=290
Sobre el tema bienes de Capital, CIPIBIC. Cámara de Industriales de Proyectos e Ingeniería de Bienes de Capital. Manual de Fomento Industrial 2ª. Parte. Estudios Económicos Sectoriales. Buenos Aires, Octubre de 2014.
8 Las exportaciones argentinas a China están estancadas desde 2008, mientras las importaciones continuaron aumentando, generando un déficit comercial equivalente al monto exportado. Es decir, en 2014 por cada dólar exportado a China, Argentina importó desde ese país por el valor de dos.
9 Un comentario sobre este tema, en el reportaje a Pedro Luiz Passos, presidente del Instituto de Estudios para el Desarrollo Industrial (IEDI) de Brasil y consejero de la productora de cosméticos Natura. “Brasil, molesto por el acuerdo Argentina-China” La Nueva Provincia, 31/1/2015. http://www.lanueva.com/el-mundo-impresa/797223/brasil–molesto-por-el-acuerdo-argentina-china.html

*Economista y periodista. Autor del libro “China. Un socio imperial para Argentina y América Latina”, Edhasa, 2015.

 

¿Es China la causa de la crisis económica internacional que impacta en América Latina?

Por Paola Bianco*

A partir de la crisis bursátil que protagonizó semanas atrás, China pasó de repente a explicar todos los problemas económicos internacionales, como evidencian varias columnas de opinión en los principales diarios del mundo.

La crisis financiera desencadenada en agosto aparece, en principio, ligada a la dinámica del emergente asiático, que realizó tres devaluaciones consecutivas en agosto que terminaron por ubicar al yuan 4,4% por encima del dólar. Estos movimientos provocaron caídas en todas las Bolsas del mundo, incluídas las de América Latina, que llevaron a algunos analistas a catalogar la jornada del 24 como “lunes negro”. Pero, más allá de los calificativos, ¿cuál es el impacto real de la economía china en los países de la región? ¿No existen, acaso, otros factores internacionales y nacionales que condicionan a las economías latinoamericanas o, todo es atribuible al emergente asiático? Y, ¿son sólo factores económicos los que provocaron la actual crisis internacional, o bien, subyacen a ésta intereses geopolíticos y geoeconómicos que permiten un diagnóstico más realista. e incluso expresan los procesos globales en curso?

Por efecto de la crisis financiera de China, las materias primas llegaron en agosto a su nivel más bajo desde el mismo mes de 1999, según la consultora Bloomberg. El petróleo cayó por debajo de los 40 dólares el barril y la cotización del cobre se situó en su nivel más bajo, a 2.21 dólares la libra.

En la región, esta dinámica de los mercados agudizó los déficit fiscales por caída de precios de exportaciones, produjo devaluaciones y pérdida de reservas para sostener las monedas en algunos países como México. En Argentina, el dólar paralelo o “blue” llegó a costar casi 16 pesos, mientras que el oficial cotizaba cerca de los 9.30 pesos, cuando previo a la crisis los valores promedian los 14 y 8,90 pesos respectivamente. En Brasil, el dólar llegó a valer 3.58 reales, su mayor alza en 12 años. El índice Bovespa cayó a su nivel más bajo desde 2009 y las acciones de Petrobras se desplomaron. El encarecimiento del costo de vida fue, en parte, el resultado de estas fluctuaciones, aunque economías dependientes de la importaciones para el consumo interno como Colombia, un país que importa casi el 30 % de los alimentos, quizás explique mejor la realidad que la crisis china.

Intereses geopolíticos y políticas nacionales que configuran la actual crisis internacional

Si analizamos la realidad en perspectiva, vemos que la crisis que protagonizó China sólo vino a agudizar la tendencia de precios a la baja de los commodities, sobre todo del petróleo -que influye en el resto de los precios de las materias primas-, que venía en picada desde más de un año.

Pero, la desflación de este recurso tiene otras causas, no  China, que se derivan del aumento de la oferta hidrocarburífera mundial. El desarrollo de un sector geoestratégico para Estados Unidos, la industria del fracking, por medio de la cual se incorporan al mercado los “no convencionales” como el shale; la reincorporación de Irán al mercado petrolero mundial, el cuarto productor del mundo, como resultado del acuerdo Irán-EE.UU y, la política de la OPEP de mantener la oferta, geopolíticamente determinada a partir del alineamiento de las monarquías petroleras de Medio Oriente con el país del Norte, son la políticas que determinan el mercado mundial de hidrocarburos.

Pero esta política que derivó en caída de precios, se convirtió en instrumento de guerra económica, o guerra no convencional, para eliminar la amenaza al orden unilateral que representan los emergentes. En primer lugar contra Rusia, a partir de la crisis de Crimea, que llevó al país a una devaluación abrupta en julio y a una pronunciada pérdida de reservas para sostener la moneda que terminó por contagiar a China, cuya economía sufrió los mismos efectos.

En América Latina, la caída del precio del crudo afecta a los cuatro principales productores, México, Venezuela, Brasil y Argentina, aunque las consecuencias más negativas, las padece Venezuela que es el mayor exportador de la región, el quinto exportador mundial y el país que posee la mayor reserva petrolera del mundo, la Faja del Orinoco, por cierto nacionalizada, La disminución de la renta petrolera de Venezuela también impacta en los países del Caribe, que reciben financiamiento al desarrollo del bloque Petrocaribe e influyó en el proceso de apertura económica de Cuba, dentro del cual se inscribe el restablecimiento de relaciones con EE.UU.     

El tercer factor desencadenante de la actual crisis internacional con impacto directo en los emergentes y en América Latina, es la estimación del alza de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) que provoca volatilidad en los mercados. Si bien la FED decidió mantener la semana pasada la tasa de interés en el mismo nivel, esto sólo significa una postergación. Según el Banco Mundial (BM), la medida podría frenar los flujos de capital hacia las economías emergentes hasta en un 45% durante sólo un año y reducir hasta 2.2% la producción. La política de la FED, no sólo produce inestabilidad económica (y política) sino que promueve la concentración y reproduce el orden mundial.

Por último, si analizamos la coyuntura de algunos países de América Latina observamos dos formas concretas de afrontar la crisis internacional. Tomemos, por ejemplo, el sector minero de Chile (con control del Estado)  y el sector estatal hidrocarburífero de Bolivia para ver las respuestas. La chilena Codelco respondió a la caída del precio del cobre con despidos masivos, que ya alcanzaron a 600 trabajadores y que se prevé abarque a 2500, según los sindicatos mineros. Por el contrario, Bolivia, que inició un proceso de industrialización a partir de los hidrocarburos, incrementó la inversión pública en esta industria con la finalidad de paliar la crisis y, consecuentemente, es uno de los países de la región con mayor proyección de crecimiento para este año, que el Banco Central de Bolivia estima en 5 %.

En la misma línea, ¿podemos explicar la retracción de la economía brasileña por la crisis china o, esta se relaciona con el ajuste fiscal aplicado por el gobierno de Rousseff? La situación económica de Brasil, que se agrava cada vez más a partir de políticas de austeridad que contraen el mercado interno, es el cuarto factor que afecta a la región, por la disminución del comercio regional, sobre todo del Mercosur, a partir de la caída de la demanda brasileña.  

¿Cómo reducir el impacto de la crisis internacional?

Para responder al alza de tasas de interés, la “guerra de monedas”, en la que podríamos inscribir la decisión de Perú de subir sus tasas la semana pasada, no hacen más que reproducir la misma lógica que la de la FED, ya que estas medidas de ajuste terminan por contraer el mercado interno, con la consecuente pérdida de empleo y recortes en la inversión social.

¿Cúal es entonces, el movimiento que rompe con esta lógica ortodoxa? La ampliación del mercado interno y la profundización de la integración regional. En primer lugar, el mercado interno constituye hoy la única forma de distribuir ingreso, a partir de la creación de trabajo. En segundo lugar, este modelo disminuye la dependencia de los mercados externos y, por lo mismo, el impacto de cualquiera de las “crisis” que genera el capitalismo, que lo único que producen es concentración y costos para los países menos desarrollados. En la integración de las cadenas productivas deberíamos encontrar la clave para el desarrollo de los mercados nacionales, a partir de un proceso de sustitución de importaciones latinoamericano, en la próxima década.  
*Lic en Relaciones Internacionales (UK). Maestrando en Ciencia Política y Sociología (FLACSO). Periodista (NODAL)

 

CHINAMÉRICA

Por Martin Burgos*

La emergencia de China en el comercio internacional a principio de los años noventa ha modificado el mapa mundial en forma gradual, dando cuenta de las propias transformaciones productivas internas de este país. Primero fueron los productos industriales con escasa sofisticación, las “baratijas” que se vendían en Buenos Aires en los famosos “Todo por dos pesos”.

Luego fueron productos de consumo durable, como las computadoras y los celulares, y hoy estamos asistiendo a la llegada de bienes de capital con cada vez mayor tecnología integrada a las costas de Latinoamérica. Esto implicó para nuestros países una competencia cada vez más feroz que puso en jaque todo proyecto de reindustrialización, tanto los que pretendían hacerlo con salarios altos (Argentina, Brasil), como los que siguieron la estrategia de salarios bajos (México).

En cambio de estos bienes industriales, China se lleva hacia sus puertos ingentes cantidades de recursos naturales (minerales y soja), cuya expansión desde mediado de los años noventa implicó severos problemas sociales, ambientales y económicos. En primer lugar, se han provocado procesos de éxodo rural, dada la baja necesidad de trabajadores rurales que requiere la soja, mucho menor que la cría de animales o, un mix de productos como era tradicional en las pampas argentinas.

Luego la minería a cielo abierto utilizada para extraer ciertos minerales está trayendo a lo largo de toda la cordillera de los Andes una serie de conflictos sociales por la contaminación ambiental que este proceso de extracción supone, bajo el amparo de marcos legales surgidos al calor del neoliberalismo, cuya reversión resulta políticamente compleja por los fuertes intereses en juego.

A pesar de que el gobierno chino defina la relación como una “cooperación estratégica”, lo cierto es que el patrón de intercambio comercial que surge de esta descripción de los hechos se parece mucho a los que conocieron nuestros países con la corona británica hasta mediado del siglo 20.

Sin embargo, es difícil caracterizar a China como un país del “centro” tal como Prebisch definiera a los países europeos y Estados Unidos en la posguerra. China debe pagar a precio de oro las materias primas que importa debido al reducido control que tiene sobre los mercados de commodities, mientras que su escaso dominio de las tecnologías de punta hace que su industrialización se reduzca por ahora a un mero ensamble de piezas que importa desde Corea, Japón y Estados Unidos. A la vez, queda claro que cuando China crece, atrae con ella el crecimiento de América Latina y de África, sus principales proveedores de materias primas. Esto se pudo comprobar durante el “desacople” que tuvo lugar entre 2009 y 2014: mientras China y América Latina crecían, Europa y Estados Unidos entraron en una profunda recesión. Al revés, la reducción del crecimiento chino desde el año pasado se trasladó casi inmediatamente a una reducción de los precios de los commodities y con ellos a malos resultados económicos para los demás países del BRICS, con corridas cambiarias incluidas.

Se podría utilizar la figura del ornitorrinco para caracterizar a China, porque tiene aspectos del primer mundo (como ser la locomotora del crecimiento de otros países) y otros del tercer mundo (poco control de los mercados mundiales, escaso dominio tecnológico), y por lo tanto encaja difícilmente en los esquemas conocidos. Sin dudas, la forma peculiar que toma su desarrollo, con un sector público omnipresente, con la apariencia de una transición permanente desde el socialismo maoísta hacia el capitalismo de mercado, ayuda a explicar ciertas opciones estratégicas. Pero también la fase actual del capitalismo global nos obliga a poner en cuestión las teorías conocidas: hoy ser un país con desarrollo industrial no implica ser un país desarrollado, dado que la mano de obra barata y abundante es un factor clave para la localización de las fábricas de las empresas multinacionales.

Esto último implica que, aunque hablemos de una relación bilateral, siempre existe un tercer actor presente: Estados Unidos. El que provee a China de tecnología, el que controla los mercados de materia prima, el que posee las empresas multinacionales con dominio en las relaciones económicas bilaterales, y por último, el que fabrica los dólares con los cuales se realiza el comercio y las inversiones entre nuestros países. Por eso para entender la relación entre China y América Latina en la coyuntura actual, es necesario pensar en las relaciones triangulares existentes entre Estados Unidos, China y América Latina, que conforman lo que podríamos llamar “el triángulo económico del Pacífico”.

*Coordinador del Departamento de Economía Política del Centro Cultural de la Cooperación


China en América Latina, ¿un nuevo imperialismo?

Por Gustavo Girado*

La relación -en sentido amplio- entre América Latina y China ha dado un giro que, en términos históricos, es drástico. En muy poco tiempo China se ha convertido en una economía tremendamente importante pues, dada su envergadura y capacidades, lo que haga y decida ya no es neutro para ninguna economía del mundo y -en especial- para aquellas menos desarrolladas.

El rol global que ha asumido el gigante asiático nos obliga a considerar sus opiniones, posiciones políticas, definiciones económicas e institucionales. Una decisión que China tome para corregir el funcionamiento de su economía, impacta sobre las expectativas que se tienen sobre el crecimiento económico mundial, y por lo tanto en los flujos de capitales, como acaba de ocurrir (y ocurre).

Con la toma de una decisión de inversión de envergadura, sucede algo similar. Estas acciones se vuelven determinantes, y es lo que nos convoca para discutir nuestra eventual vulnerabilidad frente a esa presencia.

Esos eventos han diseñado una creciente e inédita relación entre Latinoamérica y China, que abre las puertas a varios debates: sobre nuestro rol como proveedor de productos primarios y la eventual estratificación de nuestra oferta exportable, sobre nuestro grado de dependencia, entre los más visibles.

Para nuestro caso particular, ¿es China “nuestra” Gran Bretaña (GB) de este siglo? ¿Tienen roles equivalentes? Para definir un criterio analítico, digamos que GB era un hegemón dominante en el SXIX, financiera y tecnológicamente, amén de dominar los canales comerciales luego de sus victorias militares. Su interés por Argentina y otras economías equivalentes se restringía a pretender contar con un proveedor de alimentos baratos (reduciendo el costo salarial del obrero europeo), de calidad y en abundancia. Su grado de control sobre la economía e influencia política en Argentina eran importantes.

Entiendo que ése no es el caso de China hoy, que creo ocupa globalmente un lugar diferente dando lugar a una relación que tiene otro carácter. No es una relación entre pares, por supuesto, sino desigual en muchos planos, pero de importantes convergencias en lo político.

China es una economía en vías de desarrollo y es la que tiene la segunda mayor cantidad de pobres del planeta. Allí tiene un camino importante por recorrer, y su sector servicios, entre otros, es bien expresivo de la ausencia de desarrollo.

GB, en cambio, era la economía más avanzada del mundo. China tiene un tercio del PBI per capita de Argentina y es una de las más complementarias –strictu sensu– de nuestro país. La convergencia de intereses entre Argentina y China es importante, y una vez que nuestro país elige el sendero de desarrollo a transitar, el involucramiento con China puede propender positivamente.

Mi mirada es diferente con respecto a la dependencia económica que con GB determinaba, en amplios planos, nuestra conducta política. Hoy creo que los márgenes para tomar decisiones autónomas son mayores, y la realidad indica que convergen intereses con China para apuntalar las decisiones argentinas. Contamos con grados de libertad que antes no, y gran parte de lo que suceda con China parece referirse a cuestiones sobre las que Argentina tiene que tomar una decisión.

China tiene claro qué es lo que pretende, y políticamente asume su vinculación desde un lugar de fuerza, sí, pero atendiendo a que es un sinsentido generar las condiciones que desdibujen su imagen en Argentina como socio.

Hay aspectos grises, como lo es la mirada de China sobre Latam como una entidad antropomorfa sin distinciones, donde eventualmente constituimos una región proveedora de insumos agroalimenticios y energéticos, sin considerar nuestras realidades y diferencias, y de allí su búsqueda de un único interlocutor.

* Docente de economía en la UBA y en la UNLaM. Magister en RRII, Flacso, Argentina