A la luz de la Cumbre del Mercosur ya en marcha, OETEC trae la opinión de los investigadores mexicanos Ana María Aragonés Castañer (Doctora en Derecho por la Universidad de Montpellier de Francia e Investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México) y Uberto Salgado Nieto (Maestro en Economía y doctorante del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (México).

Nuestros entrevistados son los autores del valiosísimo trabajo “La migración laboral México-Estados Unidos a veinte años del Tratado de Libre Comercio de América del Norte” publicado por la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Se refieren no sólo a la realidad política, económica y social de su país a casi 22 años de neoliberalismo sino también a las nefastas consecuencias que un posible Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (léase, acuerdos comerciales con países de la región enmarcados en la liberalización y desregulación del comercio) traería aparejado para la República Argentina.

En vista de las intenciones de Mauricio Macri de converger hacia la Alianza del Pacífico y tensionar las relaciones con el MERCOSUR y la UNASUR, la experiencia mexicana puede servirnos de ejemplo para no volver al pasado porque, como bien destacan Castañer y Nieto: “Coincidimos plenamente con el presidente Néstor Kirchner cuando señala que una relación comercial asimétrica es una trampa mortal y de la que muy difícilmente se sale, sobre todo cuando se han aceptado los términos de las potencias, los que lamentablemente no son los términos que benefician a la población del país emergente. Si bien es cierto que el capitalismo es competencia, el capitalismo neoliberal es depredador, que genera algunos ricos muy ricos y muchos pobres muy pobres. La desigualdad social campea en nuestros países”.

1) ¿Qué fue lo que efectivamente representó, en términos económicos, sociales y políticos la firma de este tratado para México?

La firma del TLCAN en el año 1993 y su puesta en marcha el 1 de enero de 1994, fue la forma más clara en la que se concretó el proyecto neoliberal. Los antecedentes se iniciaron con el presidente Miguel de la Madrid quien enfrentó una de las crisis más severas (a partir de 1982) y que hizo pensar que habría que entrar en moratoria de la deuda. En su administración se aplicaron un conjunto de “reformas estructurales” que en el fondo suponían una clara ofensiva contra los trabajadores y el desmantelamiento de los sindicatos independientes. Se aceptaron las cartas de intención del Fondo Monetario Internacional que desde entonces “dirigió” las políticas económicas de México, bajo los supuestos del llamado Consenso de Washington. Por todo ello hay que analizar al TLCAN, firmado por Salinas de Gortari (1988-1994) y se daba por sentado que el fenómeno migratorio lograría revertir su tendencia histórica, precisamente porque se incrementarían las inversiones extranjeras directas y con ello los empleos. Se trató de vender la visión idílica de que con este tratado la entrada del país al primer mundo desarrollado estaba prácticamente asegurado.

El resultado del TLCAN ha sido muy negativo en relación con el sector agrícola. En estos momentos importamos una parte sustancial de la alimentación básica por lo que hemos perdido suficiencia alimentaria así como nuestra seguridad alimentaria, situación que se ha vuelto un serio problema pues los grandes volúmenes de importación de maíz han generado una mayor vulnerabilidad a los incrementos en los precios del maíz debido a las políticas norteamericanas en torno a la producción de biocombustibles.

México no tiene una política industrial, pues ésta se ha dejado en manos de las inversiones extranjeras que llegan al país en busca de mano de obra barata, por lo que dicho sector ha adoptado la forma de “maquila”, lo que impide al país desarrollarse puesto que dichas industrias se caracterizan por formar enclaves productivos que no promueven encadenamientos hacia el resto de la economía. Somos simples ensambladores en el proceso global de producción incorporando poco valor agregado al producto final. Por otro lado, no hay ningún derrame tecnológico que permita la incorporación del conocimiento hacia el resto de ramas industriales de tal forma que sea posible transformar nuestra planta productiva, pues las trasnacionales no tienen el más mínimos interés de fomentar dichas actividades. Su interés primordial es seguir aprovechando el bajo costo de la mano de obra mexicana y ante ello México no ha impuesto ninguna regulación. Habría que destacar además que la mayoría de los insumos para la maquila son importados, de tal suerte que para las trasnacionales el negocio es redondo.

La pobreza se ha extendido a lo largo de todos estos años, alcanzando a poco más del 50% de la población mexicana, de acuerdo a las cifras más recientes del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, situación que se explica por las bajas remuneraciones salariales en el mercado laboral mexicano. De acuerdo con cifras recientes del reporte del Banco Mundial, México tiene el salario mínimo más bajo de toda América Latina, pues la remuneración mensual para un trabajador mexicano asciende a los 128,1 dólares, mientras que por ejemplo para la Argentina el salario mínimo mensual es de 635,1 dólares, al menos antes de la devaluación [Nota de OETEC = con la devaluación macrista, la Argentina dejó de liderar, junto con Venezuela, los salarios mínimos de la región. Su caída ha sido estrepitosa, alineándose al desempeño de otras economías neoliberales en América Latina].

Es importante señalar que hubo mucha oposición al TLCAN por parte de académicos, intelectuales, sindicatos, ONGs. Sin embargo, en la medida en que el Congreso tenía la mayoría del partido en el gobierno (PRI), no hubo atención a esta oposición. Ni siquiera se logró que se firmara un acuerdo paralelo de trabajadores migrantes, pues este ha sido uno de los rubros más difíciles en la relación México-Estados Unidos.

2) ¿Qué consecuencias puede tener para una economía emergente, en vías de emancipación, que no cuenta con la capacidad para exportar en condiciones de calidad y alta productividad como la Argentina, la firma de tratados de libre comercio con socios ampliamente superiores en términos económicos?

Coincidimos plenamente con el presidente Néstor Kirchner, cuando señala que una relación comercial asimétrica es una trampa mortal y de la que muy difícilmente se sale, sobre todo cuando se han aceptado los términos de las potencias, los que lamentablemente no son los términos que benefician a la población del país emergente. Si bien es cierto que el capitalismo es competencia, el capitalismo neoliberal es depredador: genera algunos ricos muy ricos y muchos pobres muy pobres. La desigualdad social campea en nuestros países. Firmar en condiciones de asimetría económica un tratado de libre comercio implica pues que la economía emergente se convierte en un apéndice de la economía dominante, ya que no hay complementariedad sino un intercambio desigual.

Bajo el marco de la globalización, el mundo no había presenciado tal competencia por los mercados internacionales, la cual se ha centrado en atraer capitales internacionales que permitan el desarrollo de inversiones productivas a expensas del bienestar de la propia población. En este sentido, muchas economías se han encaminado a lo que se denomina como el “race to bottom”, término que se refiere a los procesos de desregularización de los mercados laborales, disminución de los costos laborales, acceso a recursos naturales sin ninguna regulación, exenciones fiscales con el fin último de atraer a cualquier costo los capitales internacionales para generar inversiones productivas. En el caso de México el costo de haber firmado acuerdos comerciales con países tan asimétricos -en un sentido económico- ha sido muy alto: bajos ritmos de crecimiento económico que en promedio se ha ubicado alrededor de 2,3% en promedio anual durante el periodo 1995-2012, cifra muy inferior por ejemplo a la registrada durante el periodo del milagro mexicano en el cual la economía creció a un ritmo promedio anual de 6,56% durante 1957-1970

3) ¿Cuál ha sido el sector económico más afectado después de la liberalización de los mercados que supuso la firma del TLCAN?

El sector de mayor afectación ha sido el campo mexicano al que podemos caracterizar como devastado. Si bien a inicios de la implementación del Tratado se protegieron algunos productos agrícolas como el maíz y el frijol (alimentos fundamentales en la dieta del pueblo mexicano) que no fueron desgravados totalmente de impuestos arancelarios, lo cual ocurrió hasta el 1 de enero de 2008, dicho intento de “proteger” la producción de dichos alimentos, no se vio acompañada de un incremento en los apoyos otorgados al campo, de hecho los subsidios para este sector prácticamente fueron eliminados mientras que los agricultores norteamericanos no sólo cuentan con dichos apoyos, sino que se han ido incrementando con el paso de los años. Esto explica por qué el campesinado mexicano tiene una menor productividad respecto al norteamericano. Basta con analizar el caso del maíz, sector en el que se presenta una de las mayores asimetrías. Cultivar una hectárea de este producto en México resulta 300% más caro que en Estados Unidos, ya que, en México cuesta 79,68 dólares por hectárea producir dicho alimento, en Norteamérica cuesta 19,89 dólares de acuerdo con cifras del Centro de estudios de Finanzas públicas de la Cámara de Diputados.

Por tanto, la imposibilidad de los campesinos mexicanos de vivir de su trabajo en el campo ante la avalancha de importaciones agrícolas, los obligó a emigrar en cantidades no vistas con anterioridad y, lo peor, bajo la figura del “migrante indocumentado”. Nosotros explicamos la “indocumentación” como resultado de la puesta en marcha por parte de Estados Unidos de un conjunto de programas de refuerzo fronterizo que, por un lado los obligó a pasar por lugares muchos más riesgosos provocando enormes dramas en la frontera, pero por otro lado, debido a que respondían a las necesidades del mercado laboral del país. Es importante recordar que bajo la administración de Bill Clinton, Estados Unidos vivió uno de los momentos de mayor expansión económica, lo que generó necesidades de fuerza de trabajo que no se satisfacían con contingentes internos. Sin embargo, la política migratoria no respondió con las visas que la economía requería, y de ahí la “indocumentación” de los trabajadores cuyas condiciones fueron de enorme vulnerabilidad. Estados Unidos pretendía mantenerse como uno de los más importantes exportadores agroalimentarios, cuyo objetivo era dominar la producción de alimentos en la región, y los migrantes mexicanos fueron una herramienta central. De acuerdo a las cifras más recientes del PEW Hispanic Center, los trabajadores indocumentados de origen mexicano en la Unión Americana alcanzaron la cifra de unos 7 millones aproximadamente.

Es posible comentar que la total desarticulación del agro mexicano resultante de la falta de apoyos y una apertura comercial bajo condiciones totales de asimetría, han provocado que la participación de dicho sector sobre el Producto Interno Bruto se reduzca considerablemente. De acuerdo con el INEGI el sector primario solo contribuye con el 4%, el sector secundario con 32,9%, mientras que el sector de los servicios aporta el 63,1% para el 2014; cabe resaltar que las actividades de éste último sector que han mostrado una gran participación han sido el sector de los comercios, servicios inmobiliarios y de alquiler de bienes muebles e inmuebles, y transportes. Actividades que se caracterizan por emplear a población con bajos niveles de educación y que difícilmente dichos sectores conseguirán promover el tan anhelado desarrollo económico.

4) Dos de las grandes promesas de campaña del macrismo fueron: a) fomentar las economías regionales y b) liberar el comercio abriendo las importaciones. En base a la experiencia mexicana, ¿Consideran que la defensa de las economías regionales y la apertura de los mercados son objetivos contrapuestos? ¿Benefician este tipo de medidas económicas a los pequeños y medianos productores del agro?

Consideramos que no son políticas u objetivos contrapuestos, dependerá del tipo de políticas a emprender bajo el fomento de las economías regionales con la finalidad de incentivar y apoyar a los productores agrícolas ante la competencia internacional; es decir, Estados Unidos aplica amplios programas de subsidios al campo norteamericano, de hecho en 2014 aprobaron una nueva ley agrícola que proyecta una inversión de 956,4 billones de dólares durante la siguiente década. Dicha ley introduce importantes cambios en los programas de apoyo en los productos básicos, nuevos esquemas de seguros agrícolas, programas de conservación e incrementa su presupuesto en aproximadamente 60% en comparación con la ley anterior. Bajo estas condiciones, sus productores agrícolas pueden reducir considerablemente sus costos de producción y volverse sumamente competitivos a nivel internacional.

El programa de fomento a las economías regionales debe fortalecer las capacidades productivas de su población agrícola, no solamente considerar que la eliminación de las trabas a las exportaciones o de las retenciones en las economías regionales en la Argentina van a contribuir con el fortalecimiento del sector agrícola, tal como se plantea en el “Plan Belgrano” del Presidente Mauricio Macri. Los “mercados” no van a llegar a resolver los problemas estructurales del sector agrícola, más bien tenderán a generar una competencia asimétrica al liberalizar el comercio agrícola donde los mayores costos los pagarán los productores más pequeños, pues estos no van a poder competir contra las importaciones agrícolas de menores precios.

5) ¿Implicó el TLCAN un cambio en la diversificación de relaciones comerciales que hasta el momento México había tenido con los demás países? ¿Hubo algún tipo de “cláusula de preferencia o exclusividad” para con los Estados Unidos?

Si bien ha firmado un gran conjunto de tratados comerciales con otros países, la realidad es que México no ha podido diversificar su comercio pues el principal destino de las exportaciones mexicanas son los Estados Unidos; de acuerdo con datos del SNIEG (Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica) del INEGI, la participación de las exportaciones que se dirigen hacia los Estados Unidos son en promedio del 84% del total de las exportaciones desde enero de 1993 hasta agosto de 2015. Esta alta participación de las exportaciones hacia el país vecino se ha mantenido después de la implementación del tratado, a pesar de que México ha firmado alrededor de 10 Tratados de libre comercio con cuarenta y cinco países tanto latinoamericanos, europeos y con los pertenecientes a la región Asia-pacífico.

Nuestro país no ha logrado desarrollar un mercado interno fuerte, con salarios dignos para los trabajadores, la educación está restringida a un muy limitado porcentaje de jóvenes, con un nivel muy alto de corrupción que se expande ante la enorme impunidad, y la gravísima desigualdad social que obliga a una migración forzada, con lo cual se pierde el bono demográfico tan sustancial pues es uno de los instrumentos que permitiría a la economía, en circunstancias muy distintas, crecer a ritmos acelerados y de esta manera alcanzar un mayor nivel de desarrollo para el país.

6) Uno de los grandes temas que tratan en su interesantísimo artículo “La migración laboral México-Estados Unidos a 20 años del Tratado de Libre Comercio de América del Norte” es el de la masiva fuga de cerebros que experimentó México después de la firma del TLCAN. Dada la desinversión estatal en materia educativa y la falta de oportunidades económicas. ¿Qué implicancias ha tenido para su país este gran desabastecimiento científico en términos de desarrollo industrial y tecnológico?

Una parte sustancial de jóvenes son expulsados del sistema educativo pues las universidades no tienen capacidad presupuestal para incorporarlos a todos. En el caso de nuestra alma mater la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en el examen de admisión a la educación superior de 2015 se registraron alrededor de 128.519 aspirantes de los cuales solo fueron aceptados 11.490, lo que refleja una inversión en educación sumamente baja, pues tal como señala nuestro colega Humberto Muñoz García (Investigador emérito del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM) en entrevista para el periódico La Jornada, desde hace más de 40 años ninguna administración federal ha creado una nueva universidad de calidad en el área metropolitana de la ciudad de México.

El gasto público que el gobierno mexicano destina para Investigación y desarrollo es de 0,43% del PIB, un porcentaje muy alejado del promedio de los países de la OCDE, pues éste se ubica en un 2,37%. La población con estudios superiores tiene enormes dificultades para incorporarse con empleos dignos y suficientes, pues la tasa de desempleo de la población con estudios superiores supera a la reportada por la población con menores estudios; esta situación ha provocado que muchos trabajadores con altos niveles de calificación migren en búsqueda de oportunidades laborales fuera del país. Otro elemento a tener en cuenta es que México ha buscado favorecer más a las carreras técnicas que a las profesionales, pues lo que la maquila requiere son técnicos, una de las razones que explica el atraso tecnológico del país.

Podemos considerar a México como un país cuyas condiciones económicas, políticas y sociales lo convierten en un reservorio de trabajadores calificados pues no consigue absorber a esta población y por lo tanto queda expuesta a las posibles ofertas laborales y facilidades que otros países puedan otorgarles. Si bien México forma profesionales calificados, éstos se enfrentan a la falta de centros de investigación e innovación, universidades, laboratorios científicos, etc. que les permitan, no sólo aplicar sus conocimientos, sino simplemente obtener empleos de acuerdo con su calificación.

La principal consecuencia de esta situación es un grave rezago por parte de México en su incorporación a la economía del conocimiento y las innovaciones, situación que se refleja por ejemplo en las cifras reportadas por el Banco Mundial sobre el número de patentes solicitadas por mexicanos: 1.210. Si comparamos este número con economías como la brasileña, vemos que fue de 4.959 para 2013, situación que no es de sorprender pues dicho país invierte cerca de 1,21% del PIB en I+D, cifra casi tres veces mayor a la registrada por México (0,43%).

En el caso de los científicos e ingenieros mexicanos, para el año 2010 éstos representaron alrededor del 3% del total de los ingenieros extranjeros en los Estados Unidos, solo por debajo de Reino Unido (4%), Canadá (4%), Filipinas (6%), China (8%) e India (19%) de acuerdo con cifras de la National Science Board. Consideramos que México contribuye con el desarrollo del proyecto de la economía del conocimiento en Estados Unidos, debido a una visión totalmente equivocada la que supone que invertir en educación es un gasto. De ahí que no sea prioritario su pleno desarrollo, por más que en los discursos se señale lo contrario.

México, a través del TLCAN, ha adoptado lo que hemos denominado como “modelo trabajo exportador” pues le reporta enorme cantidad de divisas a través de las remesas, las que se han convertido en un pilar de la economía. Estas se encuentran muy por encima de los ingresos por las exportaciones petroleras y del turismo y son importantísimas pues le permite al gobierno mexicano equilibrar su balanza de pagos. Y Estados Unidos se ha beneficiado enormemente con los trabajadores, tanto los indocumentados que realizan los trabajos que los nativos no están dispuestos a hacer, y en momentos de crisis simplemente los deporta, así como con los trabajadores calificados quienes se incorporan a la economía del conocimiento del país vecino.

7) Además del TLCAN, México también forma parte de la Alianza del Pacífico. Macri adelantó su intención de converger hacia dicho bloque. ¿Qué diferencias y similitudes existen con el TLCAN? ¿La recomendarían como espacio de integración regional?

Por un lado, la Alianza del Pacífico es una iniciativa de integración regional que tiene el objetivo de avanzar progresivamente hacia la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas, esto con miras a impulsar una mayor competitividad de las economías de sus integrantes, cuya plataforma comercial está orientada a la región Asia Pacífico. Creemos que dicho proyecto va más allá del TLCAN, debido a que en éste nunca se buscó la integración de nuestra economía con la canadiense o la norteamericana, simplemente se buscó liberalizar los mercados de bienes y capitales, dejando fuera de la ecuación al factor trabajo por ejemplo.

Sería prematuro hablar de los efectos que podría tener la adhesión de la Argentina en dicha Alianza. Sin embargo, lo que si consideramos es que este proyecto rivaliza directamente con el MERCOSUR y que la adhesión de la Argentina a la Alianza del pacífico podría fragmentar aún más las relaciones en América Latina, pues son dos proyectos de integración latinoamericana con dos visiones muy distintas en relación a las estrategias en relación a las políticas económicas, comerciales, sociales y hasta ideológicas. Tal parece que el proyecto MERCOSUR tiene una visión más intrarregional con un arancel común externo que defiende sus mercados internos, mientras que la Alianza tiende a ser proyecto más orientado hacia una economía liberalizada, tal como señala Ignacio Bartesaghi (revista digital Mundo Asia Pacífico en el número Enero-Junio 2014).

Bibliografia
“La migración laboral México-Estados Unidos a veinte años del Tratado de Libre Comercio de América del Norte” publicado por la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.
http://www.journals.unam.mx/index.php/rmspys/article/view/49218

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