Por Tomás Lukin

A finales de 2008 Estados Unidos entraba en recesión, la crisis internacional golpeaba con fuerza sobre la economía local y el gobierno argentino anunciaba uno de los primeros paquetes de medidas para sostener la demanda interna y proteger los puestos de trabajo afectados por el viento de frente. Habían pasado siete años del estallido de la convertibilidad y tres del primer episodio de la reestructuración cuando NML Capital realizó una de las compras más redituables de bonos de la deuda argentina en default. Entre el 29 de octubre de 2008 y el 25 de agosto de 2009, Paul Singer desembolsó 2,4 millones de dólares para hacerse con un paquete de títulos de deuda en default por un valor nominal 15,3 millones de dólares. El buitre más agresivo pagó, en promedio, 15,5 centavos por cada dólar pero las operaciones más atractivas con los bonos Global 2009 se registraron el viernes 5 de diciembre. Apenas unos días antes de que concluyera el vertiginoso primer año de la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner esos papeles defolteados costaban solo 10 centavos de su valor nominal. Las adquisiciones a precio de remate no fueron una anomalía sino la regla en la estrategia buitre sobre la que hasta ahora no existían precisiones. Página/12 tuvo acceso a una investigación del economista Martin Guzmán que ofrece un detallado cálculo de los exorbitantes beneficios logrados por el fondo más agresivo el viernes pasado cuando el gobierno de Mauricio Macri materializó el acuerdo económico firmado con esos acreedores litigantes. De acuerdo a esas estimaciones que serán publicadas por el Centre for International Governance Innovation (CIGI) de Canadá, el buitre NML Capital pagó 177 millones de dólares por todos sus bonos argentinos y recibió 2426,6 millones de dólares: una rentabilidad global de 1270 por ciento, sin contabilizar los honorarios de sus asesores legales que también serán asumidos por el país. Levemente por debajo de las pretensiones buitres originales, la suculenta transferencia alcanzó para que Singer defina a Macri como “el campeón de las reformas económicas” en el último número de la revista Time.

El meticuloso trabajo de Guzmán ofrece una precisa pero conservadora estimación de las exorbitantes ganancias obtenidas por los fondos buitre. Para realizar sus cálculos el docente de la Universidad de Columbia cotejó los datos sobre las fechas de compra de los títulos argentinos en default declarados durante el juicio por los abogados carroñeros, con los datos provistos por el sistema de información financiera de Bloomberg sobre los precios de esos papeles en los mercados secundarios a lo largo de los períodos en los que fueron comprados. Las transacciones para las que existen detalles sobre la fecha y los montos son escasas. De hecho, en la mayoría de los casos Singer no declara la compra exacta por día sino un período de tiempo. Por caso, Guzmán estimó que para aquellas compras declaradas por ese fondo buitre en 2008, el acuerdo alcanzado con el gobierno de Macri representa una ganancia de 1450 por ciento (ver aparte).

Una década en el shopping

Más allá de su justificada fascinación con las nuevas autoridades, NML Capital nunca fue un inversor genuino. Las escasas compras de títulos que se registraron antes del default no estuvieron motivadas por la confianza que imprimían las “reformas económicas” implementadas por el fallido gobierno de Fernando de la Rúa. Consciente de la crisis inminente, Singer comenzó a comprar sus primeros bonos a mediados de 2001. Faltaban 75 días para que una Argentina en crisis declarara formalmente un default cuando NML inició uno de sus más tempranos procesos de compra de bonos de la deuda externa. “La situación económica del país es comprometida, la situación social es seria, los dolores del pueblo son los nuestros y la política pasa por un momento de incertidumbre y complejidad. La situación nos ha convertido en una nación apesadumbrada. Hace años que esperamos un milagro que nos devuelva nuestra riqueza. Pero no hay milagros. Hablemos con la verdad, es hora de defender la Patria”, lanzó el presidente De la Rúa, en la mañana del 9 de julio de 2001 al finalizar un acto por conmemoración del 185º aniversario de la Independencia. Ese día NML inició uno de sus primeros proceso de compras de bonos.

Sin embargo más del 90 por ciento de las transacciones declaradas a lo largo de la disputa legal por los abogados de NML Capital se hicieron luego del default. Los datos reconstruidos por Guzmán revelan que en esas operaciones el fondo buitre desembolsó un precio promedio de 28 centavos por cada dólar de valor nominal. Las compras informadas a la justicia se extienden hasta julio de 2010 cuando el 92,4 por ciento de los pasivos en cesación de pagos ya habían sido reestructurados. Durante todo ese proceso de adquisiciones rapaces, Singer desembolsó aproximadamente 177 millones de dólares para hacerse de su paquete de bonos argentinos en default.

A partir de ahí la historia es conocida. Con esas apuestas recurrió a las cortes de Nueva York para accionar contra la Argentina. Hallaron un sistema judicial permeable que acompañó todos sus reclamos ante la oposición del anterior gobierno para validar sus exorbitantes pretensiones. Como parte de su estrategia para lograr la reinserción plena del país en la lógica del sistema financiero internacional, el nuevo equipo económico encabezado por Alfonso Prat-Gay buscó apresurado alcanzar un acuerdo. NML Capital dio su visto bueno a fines de febrero. El anteúltimo paso tuvo lugar el martes pasado cuando para financiar ese convenio el Ministerio de Hacienda y Finanzas realizó la emisión de deuda externa por 16.500 millones de dólares. Fue la colocación más grande de los últimos quince años para un país emergente.

El ciclo se cerró anteayer cuando la cuenta bancaria de NML Capital, subsidiaria del hedge fund Elliott Management, recibió la transferencia por 2426,6 millones de dólares, casi trece veces el monto comprometido en la inversión original. Singer recibió así cuatro de cada diez dólares abonados el viernes y la cuarta parte del desembolso total que se completará en la semana entre el resto de los buitres que accedieron a la propuesta oficial.

Y ahora, ¿quién podrá reestructurar?

Guzmán considera que Argentina debía encontrar una solución a la prolongada disputa. Con los resultados de sus estimaciones, el investigador considera que los retornos obtenidos por el fondo buitre liderado por Singer, magnate neoyorquino y generoso contribuyente del Partido Republicano, “son exorbitantes”. El economista que trabaja con el ganador del premio Nobel, Joseph Stiglitz, enfatiza los riesgos asociados al inicio de un nuevo ciclo de endeudamiento indiscriminado en el país pero su principal preocupación es el impacto que tendrá el acuerdo sobre el mercado financiero internacional. Junto con Stiglitz advierten que el acuerdo promovido por el gobierno de Mauricio Macri y respaldado por las autoridades estadounidenses incentivará el “comportamiento buitre”.

“Esta solución es un peligroso precedente para el sistema financiero internacional ya que fomenta que otros fondos se resistan a negociar y así logren que las reestructuraciones de la deuda sean prácticamente imposibles. ¿Por qué aceptar menos si pueden esperar y obtener rendimientos exorbitantes por una pequeña inversión?”, señalaron los economistas en un artículo reciente publicado por el diario The New York Times.

Por eso, reclaman que se retome el debate en Naciones Unidas crear un marco legal equivalente a las leyes de quiebra a las que pueden acceder las empresas para los Estados soberanos. La iniciativa fue impulsada por Argentina a través del G-77 más China y el año pasado se aprobaron los nueve principios básicos para guiar los procesos de reestructuraciones de deudas soberanas. Hasta el momento el ministro PratGay no dio indicios sobre la posición del nuevo gobierno en esa discusión multilateral que cosechó el respaldo de 135 países, 42 abstenciones y solo 6 votos negativos en septiembre de 2015.

tlukin@pagina12.com.ar

Página12


Paul Singer en Time: “Macri es el campeón de las reformas económicas”

El líder del fondo buitre Elliot Management, Paul Singer, elogió al presidente Mauricio Macri, a quien definió como “campeón de las reformas económicas”.

“Macri eliminó las restricciones cambiarias, lo que permite mayor libertad para el comercio. Se comprometió a integrar a la Argentina en la economía mundial para buscar inversión privada en el extranjero”, sostuvo el fundador del fondo buitre.

Agrega que “tomó medidas para terminar con el exilio económico al que fue sometido el país en los últimos 15 años, desde la crisis de 2001” y que “Macri todavía tiene desafíos importantes por delante. Uno de ellos es controlar la inflación. Pero si honra sus promesas, la Argentina finalmente volverá a ser lo que era”.

“Argentina es rica en recursos naturales y capital humano, pero su progreso económico ha sido obstaculizado por la ineptitud y la corrupción de sus líderes políticos”, escribió en una reseña publicada en la revista estadounidense Time, luego de que Macri fuese considerado por la publicación entre los 100 líderes más influyentes a nivel mundial.

Ámbito financiero 


Cómo sigue el conflicto con los buitres

Producción: Javier Lewkowicz

Frentes abiertos

Por Francisco Cantamutto * y Martín Schorr **

La semana pasada se cerró el acuerdo con una parte de los fondos buitres, tras la aprobación en el Congreso de los términos propuestos por el gobierno argentino. La propuesta implica ganancias exorbitantes sobre el capital invertido y fue aceptada por la mayor parte de los litigantes. Persisten holdouts no representados en el tribunal de Griesa, por lo que se desconoce si procederán a nuevos juicios. De hecho, el fondo Greylock, que había ingresado en la reapertura de 2010, ya presentó un reclamo por el trato desigual recibido. El arreglo no garantiza per se el cierre de la conflictividad por los bonos del default de 2001 y sus arreglos sucesivos.

El canje de 2005 y sus reaperturas implicaron una mejora en la gestión de la deuda, al prometer pagos atados al crecimiento de la economía. Pero dieron continuidad a la cesión de soberanía al reconocer tribunales externos como ámbito de resolución de diferendos. Más aún, la negativa a auditar la deuda permitió la renovación de un ilícito, viciado en origen y en cada reestructuración. Así, los casi 200 mil millones de dólares pagados durante los gobiernos kirchneristas no impidieron un nuevo episodio de presión.

El gobierno de Cambiemos, que incluye varios funcionarios provenientes de la banca acreedora, tomó una actitud de negociación complaciente y aceptó los reclamos de la minoría litigante. Como se dijo, la posibilidad de nuevos juicios no está cancelada. El monto autorizado por el Congreso alcanza los 15 mil millones de dólares, que en la licitación de la semana pasada tuvo ofertas por 67 mil millones con un interés promedio superior al 7 por ciento. La abundancia de prestamistas y el “desendeudamiento” heredado abren las puertas a un nuevo ciclo de endeudamiento.

La importancia de la deuda es central para el programa económico en curso, como el propio gobierno aceptó (“no hay plan B”). La quita de retenciones y otras reducciones de impuestos implican una caída en la recaudación real. Por el lado de los gastos, el supuesto ahorro a través de los despidos masivos, la cancelación de programas sociales y la quita de subsidios a los servicios públicos deberán competir con el aumento de la carga de intereses. A esta tensión fiscal debe agregarse el aumento del déficit cuasifiscal, debido a la colocación de letras del Banco Central a tasas que orillan el 40 por ciento y han resultado un negocio formidable, al margen de que no han tenido utilidad alguna en materia de contención inflacionaria (mostrando, una vez más, las falacias de las tesis monetaristas).

Además de cubrir ese creciente descalce, la toma de deuda, articulada con otras medidas, otorgan un lugar central al capital financiero, que se erige como una de las fracciones más favorecidas. Pero los beneficios no se restringen a esta fracción del gran capital.

Para el conjunto de la cúpula empresaria el nuevo ciclo de endeudamiento abre una oportunidad ostensible. Porque se ha beneficiado fuertemente con la devaluación sin mayores impactos negativos sobre su patrimonio. Y por la existencia de “dólares fáciles” para alimentar, por caso, la remisión de utilidades y la fuga de capitales, ahora reactivadas ante la supresión de los controles cambiarios.

Además de utilizar la deuda como elemento articulador de intereses entre las distintas fracciones del poder económico (capital financiero, empresas extranjeras y grupos económicos locales), el gobierno tiene posibilidades de lograr la anuencia de sectores medios y así ampliar su base de sustento social. Estos sectores, normalmente asociados a empleos formales, pueden participar de los beneficios del nuevo esquema de políticas. En caso de que la inflación se logre reducir, la mejora real de sus ingresos puede impulsar un nuevo ciclo de consumo. A su vez, resultarían beneficiados por la apertura comercial, al tiempo que podrían acceder a dólares con motivo de ahorro, sin controles o regulaciones. La probabilidad de galvanizar el apoyo o la indiferencia de los sectores medios al gobierno se incrementa en caso de reanudar el crédito. Así, la urgencia del gobierno por restablecer los mecanismos de endeudamiento no tiene por único fin satisfacer las demandas del capital concentrado, sino que potencialmente puede ofrecerle un mecanismo de legitimación más allá de esta clase social.

En tanto la nueva deuda no se destine a cambios en la estructura productiva, es esperable que los pagos de capital e intereses generen complicaciones en la balanza de pagos, al tiempo que el costoso arreglo presionará sobre las cuentas fiscales. Ambos motivos permiten suponer la renovación de la deuda con nueva deuda, en una lógica con elevado riesgo de acabar en una nueva crisis.

* Doctor Flacso-México.

** Investigador Idaes.


Ingresarán más dólares

Por Nicolás Hernán Zeolla *

Con la ratificación del “stay” por la cámara de Nueva York y el pago a los fondos buitres la semana pasada, la Argentina puso fin a una problema judicial (y no financiero) que le impedía desde hacía un año y medio pagar al 93 por ciento de los acreedores reestructurados y, principalmente, emitir nueva deuda. La arbitrariedad del juez, la existencia de los buitres en futuras reestructuraciones y las megaganancias que se embolsó Paul Singer quedarán para otro capítulo. Ahora, se abre un nuevo panorama y la cuestión es saber cómo se sigue desde acá.

Desde la óptica del gobierno, y al igual que como sostiene la teoría económica convencional, la participación de la Argentina en los mercados financieros internacionales generaría una mayor disponibilidad de recursos que destrabaría el sobrecosto de financiamiento de la inversión, dinamizando la actividad económica y el crecimiento. Sin embargo, aunque esto fuese así, todavía el costo es alto. Y en el caso que baje, nada dice que los empresarios invertirán más solo por el hecho de que les resulta más barato fondearse. Si la economía no crece, no tiene sentido aumentar la capacidad productiva porque no hay a quien venderle la mayor producción.

Por lo tanto, lejos de perderse en la neblina del optimismo de los anuncios la cuestión central parece ser otra. La economía necesita dólares, muchos y rápido, y el Gobierno lo sabe. No es novedad que la escasez de dólares para financiar el crecimiento es un fantasma que recorre la economía argentina desde hace ya varios años. Sin embargo, lo que sucede ahora y que no pasaba antes es el volumen y la rapidez con la que se los necesita.

Y esta es una de las claves: el hecho de poder contar con financiamiento externo es el pilar fundamental se basa la legitimidad del plan económico actual. Los dólares son un instrumento de ordenamiento político y el acceso a los mercados internacionales garantiza los dólares para hacer funcionar el circuito local de dolarización del excedente y fuga de capitales. En este sentido, la solución del problema legal para colocar nueva deuda fue el primer paso, pero todavía falta el recorrido. Algunos cálculos indican la necesidad de contar con 40.000 millones de dólares adicionales a los que aportaría la cosecha para todo 2016 y así cumplir con los objetivos de cerrar el rojo fiscal, pagar deuda pública, con importadores y remisión de utilidades pendientes. La cuestión que aparece ahora es quien va aportar los dólares que hacen falta. En este sentido, tener capacidad para acceder a los mercados financieros es un instrumento muy valioso, con el que no se contó en el pasado. Aunque también muy delicado.

Durante el anuncio, el gobierno se comprometió a que era la última emisión de deuda externa del año. Veremos si cumple. En el caso de que cumpla, igual existen otras posibilidades. La primera de ellas es que se emita deuda en divisas en el mercado local. La segunda es que el ingreso de divisas provenga del sector privado. Por un lado, podría ser mandando a las empresas locales a endeudarse en el exterior o, alternativamente, podrían mantener tasas altas en dólares el que incentive el ingreso de capitales para la valorización financiera.

Cualquiera sea la salida, el resultado en términos de incrementar la oferta de divisas seguiría equivalente. Sin embargo, los problemas en el futuro podrían variar. En el caso de que se opte por la ventanilla de dólares públicos, es la historia conocida: la aplicación de financiamiento externo a gastos corrientes es el prólogo a una futura crisis fiscal y de deuda externa. Si se va por la ventanilla de los privados, al montar un esquema de oferta de divisas sobre fondos líquidos de corta permanencia, el riesgo de una salida repentina de fondos daría lugar a una crisis externa. Por ello, en el fondo, la cuestión central sigue siendo la misma.

La clave de la sostenibilidad del endeudamiento externo es que el destino de estos fondos como inversiones productivas generen mayor cantidad de divisas que lo que costará pagarlos. Ya sea el Estado o las empresas, la garantía el nuevo endeudamiento debe destinarse a generar recursos legítimos que aumenten la base exportadora de la estructura productiva nacional.

* Idaes/Conicet y C. C. de la Cooperación/ Dto. Economía Política.

Página12