Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Ignacio Vila*

En los últimos meses se ha profundizado un debate conceptual sobre la economía popular y la economía solidaria. El Ministerio de la Economía Popular que, Daniel Scioli sugirió como uno de los posibles nuevos espacios, despertó la discusión. Con respecto a ambas definiciones existen algunos consensos. En este sentido, podemos definir, a grandes rasgos,  a la economía popular como aquella que se desarrolla por fuera de lo formal, o en proceso de formalización, y con características autogestivas. Por otro lado, la economía solidaria se refiere a las prácticas de las organizaciones cooperativas y mutuales, con algunas entidades centenarias, que también se identifican con la autogestión pero dentro de las fronteras de la economía formal.  Es decir, los trabajadores de estas instituciones suelen tener mejores condiciones laborales que los de la economía popular.

Sin embargo, en el medio de ambas definiciones teóricas existen innumerables actividades que tienen “una pata en cada economía”. Es necesario y urgente salir de este debate “por arriba”, esto es, escapando a la lógica de poner ambas economías enfrentadas. Desde el estado será clave que se pueda caracterizar y diferenciar a ambos actores para poder tomar medidas que se adapten a las condiciones y a las necesidades particulares de cada uno. Entre los mismos protagonistas será necesario la profundización de las relaciones para generar la sinergia necesaria que permite ir avanzando en bloque. Con un estado que garantice los derechos de los trabajadores y con organizaciones económicas que tienen como objeto principal satisfacer las necesidades de sus asociados, la alianza no tiene techo.

Estructura económica y límites nacionales

Bajo la estructura económica actual, la Argentina ha encontrado serias limitaciones para reducir la precariedad laboral más allá de un 30%. El capitalismo nacional parece no dar tregua y la barrera del 30% parece infranqueable. En este marco, es importante resaltar el esfuerzo del estado para fomentar el “blanqueo”. No por una cuestión proselitista sino más bien para ser conscientes que ante un gobierno con otra postura el nivel de precariedad sería, sin lugar a dudas, mayor.

Para poder saltar esta barrera actual es necesario hacer eje en fomentar, apoyar y desarrollar experiencias colectivas de producción de bienes y servicios que tiendan a satisfacer necesidades populares. Actualmente, el grueso de la producción de los productos y servicios de consumo popular está  dominada por grandes empresas con una total o importante influencia de empresas trasnacionales.

En este contexto, es necesario que los actores de la economía popular y  de la economía solidaria trabajen cada vez más de manera conjunta, potenciando las ventajas de cada uno y fijando estrategias para saltear los principales obstáculos. Las cooperativas y las mutuales han sido históricamente organizaciones autogestionadas creadas para satisfacer las necesidades de sus asociados. Muchas de estas organizaciones necesitan engrosar su masa de asociados para poder ser viables económicamente. Por otro lado, millones de argentinos no acceden a servicios básicos que las cooperativas y las mutuales prestan. La alianza entre ambos actores junto a un estado presente, que permita potenciar las diversas actividades, es sin duda, el desafío para los próximos años.

Además, los egresos que realiza el estado buscando llegar a los sectores con menores ingresos, dejarían de volcarse hacia los grandes grupos económicos y pasarían a las mismas organizaciones del sector. Los alimentos de consumo masivo, por ejemplo, dejarían de comprarse en las grandes cadenas de supermercados que especulan con los precios y pasarían a consumirse en organizaciones pensadas para que los trabajadores puedan acceder a productos cooperativos y de la agricultura familiar a precios normales, como las cooperativas de consumo.

El desafío está planteado. El debate no puede ser economía popular vs. economía solidaria. El debate debe ser cómo garantizamos los derechos de los compatriotas que aún no acceden a condiciones de trabajo y de vida dignos, pero con desarrollos económicos realizados por las organizaciones de la economía solidaria.

* Miembro del CEPA y del IPES -Instituto de Promoción de la Economía Solidaria-

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