El gobierno de Mauricio Macri consumó las aspiraciones de las élites agroexportadoras. La economista Fernanda Vallejos explicó a Contexto cuáles son los riesgos y las consecuencias de volcarse hacia un modelo para el cual cientos de argentinos están de sobra.

La escena transcurría en la Bolsa de Comercio de Rosario, donde magnates del agro y funcionarios del gobierno se reunían para festejar el remate del primer lote de soja de la temporada 2015-2016. Allí, el gobernador Miguel Lisfchitz recibía al secretario de agricultura Ricardo Negri, quien ofició como portavoz de Mauricio Macri. “El Presidente siempre nos dice que la Argentina tiene que ser el supermercado del mundo. Y si la Argentina es el supermercado del mundo, la agroindustria es el motor del desarrollo”, soltó el funcionario nacional. La fiesta que celebraba el comienzo de la liquidación de la soja, era un acto de reconciliación entre Macri y el sector agroexportador, que retuvo sus cosechas para presionar sobre el nuevo gobierno. Solucionadas las rispideces, el agro comenzó a vender el stock acumulado durante más de un año: una cantidad de producción estimada por el propio sector en 60 millones de toneladas. Era, también, la celebración del regreso al modelo de país que tanto extrañaban: un modelo en el que la gente sobra.

“Pensar un país agroexportador que deja de lado a la industria implica excluir a más de la mitad de los ciudadanos del modelo productivo, y de acuerdo a todos los estudios, el desarrollo a base del modelo agroexportador solo ofrece posibilidades de inserción a un tercio o incluso un cuarto de la población”, explicó la economista Fernanda Vallejos, quien analizó para Contexto las implicancias del retorno al modelo conservador.

Para la especialista no se trata de un discurso secreto que comience a desnudarse en público, sino que es la base misma de la ideología del PRO. “Mauricio Macri lo ha expresado desde el principio de su carrera política. A partir del conflicto por la 125, su discurso siempre estuvo anclado en que el campo es el motor productivo de la Argentina”, detalló.

Vallejos explicó que ese discurso está plagado de falsas dicotomías que es necesario disolver, como en el caso de la oposición campo industria. “Nuestro país cuenta con unas condiciones materiales que lo colocan muy alto en el mercado mundial de alimentos gracias al clima y a los suelos, y nadie puede negar que el campo tiene el lugar más importante en nuestro desarrollo productivo, especialmente porque el mundo demanda los productos que el agro argentino produce, y seríamos necios si no atendiéramos esa demanda”, dijo. Y agregó: “Pero si alguien cree que solo con el campo (que es el proveedor de divisas por excelencia dentro de lo que es nuestra estructura productiva) se puede aspirar a desarrollar esta nación; indudablemente está cometiendo un error muy severo”.

Para la economista la pregunta clave es ¿qué se hace con los que sobran, con los que se quedan sin trabajo en el marco de ese modelo productivo, planteado de esa forma? “La verdad -reflexionó-, es que ese modelo no puede llamarse modelo de desarrollo, sino que en todo caso si se quiere se lo puede pensar como un modelo de crecimiento económico”. Para Vallejos, una de las claves está en que todo el macrismo, el núcleo duro de la alianza Cambiemos, se caracteriza por su detracción hacia el Estado en su función social y redistribuidora. “Nadie puede discutir que desde que asumieron se han entregado a la tarea de recortar las políticas y las funciones del Estado relacionadas a la inclusión, no solo los programas sociales, que por cierto lo han hecho, sino también aquellas otros roles del Estado relacionados con el desarrollo productivo: como sucede con la parálisis en la obra pública sin el plan Procrear, que le está costando al sector de la construcción un mínimo de 55,000 nuevos desocupados (casi el 12% sobre el total de los que el sector empleaba)”, graficó.

Según explicó la economista, con un Estado que se corre de la inversión pública, está claro que no hay proyecto alternativo para aquellos argentinos que se quedan por fuera del mercado de trabajo en el modelo agroexportador. “Ese es el principal problema que nos plantean las políticas del gobierno Supermercado del Mundo -sostuvo-, se deja a muchísima gente afuera, y no hay mecanismos para reparar esa situación”. Vallejos no descartó que el macrismo tuviera plena conciencia de lo que generan sus decisiones. “O bien consideran que son costos que están dispuestos a asumir -comentó-, o quizás creen que es una condición necesaria para alcanzar sus objetivos. Ideológicamente, ellos creen que la obtención de ganancias se logra con la reducción de los salarios, y lo llaman reducción de costos. Y, además, hay que entender que se trata de sectores que prácticamente no se vinculan con el mercado interno, no se relacionan ni dimensionan la realidad de la gente; quizás por eso no les afecta lo que le están haciendo a los grandes generadores de empleo, como la industria o la construcción”.

Élites intolerantes y un Estado que se retira

Las élites agroexportadoras obtuvieron enormes ganancias durante los gobiernos kirchneristas. Sin embargo, operaron en bloque para regresar al modelo de exclusión conocido como granero del mundo. “Estos pequeños grupos de personas que acumulan la mayor cantidad de poder económico del país, han encontrado en el gobierno de Macri la satisfacción de sus antiguas aspiraciones, principalmente porque se revirtió la evolución distributiva que había logrado el kirchnerismo. En la última década, el 20% más rico de la sociedad argentina pasó a participar con 12 puntos menos en la distribución del ingreso total, que fue a parar hacia la clase media. Para los ricos, esa situación era intolerable; y es natural que ahora ellos estén contentos, porque desde el regreso de la democracia a este país, nadie había producido una transferencia de recursos tan regresiva en tan poco tiempo, y con una magnitud tan descomunal”.

Para la economista, hubo otra cosa que las élites no toleraban del kirchnerismo, y era la administracón del mercado cambiario. “Ellos estaban acostumbrados a dolarizar sus ganancias, fijar los precios y trasladar sus exigencias de rentabilidad sobre el precio final de los productos. Pero principalmente lo que no podían tolerar era que les impidieran fugar esas ganancias al exterior”, explicó Vallejos. Y redondeó: “Ahora que quien gobierna no tiene preocupaciones por lo que le pueda pasar a la industria, al desarrollo tecnológico o a las pymes, nuevamente se pueden fugar esas ganancias”.

Son medidas económicas súbitas, explicó la economista, acompañadas por un proceso de reconfiguración de la participación social en el ingreso; se levantaron las retenciones a los granos, para trasladar toda la ganancia a los grandes jugadores del agro. “Una quisiera pensar que, incluso en ese desquicio, Macri no está pensando seriamente en levantar las retenciones a la soja, que es la vieja aspiración de la sociedad rural argentina”, reflexionó Fernanda Vallejos. “El Estado ya tiene, con la eliminación de las retenciones a la minería, la industria y al resto de los productos agropecuarios y la reducción de 5 puntos a la soja, un agujero fiscal imposible de sortear para el Estado; y no se sabe cuál es el plan del gobierno para compensar esta situación”.

Para la economista, la reducción de los puestos de trabajo y la transferencia de recursos desde los trabajadores hacia los millonarios, son dos tendencias que ya se observan en la economía argentina. “Hoy tenemos más de 0,5 puntos de desocupación de los que teníamos en noviembre -comentó-, y el agravante es que se han quebrado las tendencias de descenso para la pobreza, descenso para la desocupación, ascenso de los salarios, crecimiento del sector de trabajadores pasivos (jubilados, pensionados); todo acompañado de un fuerte aumento tarifario, y en medio de un recrudecimiento de la inflación, producto de la devaluación”. Según consideró la economista, ex asesora del equipo de Axel Kicillof, el daño que se le está generando a la economía ya comienza a producir la ruptura en la tasa de actividad. “El 2015 -rematótó Vallejos-, la actividad cerró con un crecimiento del 2,1% según el propio Todesca, y ahora incluso las consultoras afines al gobierno miden una caída del 1,6%. De la mano viene el aumento de la pobreza, y ahí estaban los números de la UCA hablando de 1,4 millones de nuevos pobres y 500 mil indigentes. Hay muchas más cifras, que lo que nos muestran es la gravedad de lo que se estuvo haciendo en los últimos 120 días, y cómo el Estado le retira su mano a los que más lo están necesitando”.

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