Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Sergio Soloaga*

Hasta hace dos meses la inflación parecía ser, al menos para un gran número economistas, un fenómeno estrictamente monetario estimulado por la creciente emisión de billetes por parte del Banco Central, destinados a sostener el derroche y la demagogia del gobierno populista K.

Pasaron dos meses de la nueva gestión macrista. Pese a que las políticas aplicadas se encuentran en consonancia con la posición ortodoxa del ajuste monetario, poco han avanzado en su objetivo (al menos el expresado durante la campaña), de revertir el aumento de precios domésticos y, por el contrario, lo han exacerbado. Las políticas inflacionarias tomadas por la nueva administración redujeron en unos pocos días más de la mitad del salario real de los trabajadores. Lo anterior, sumado a un deliberado programa de ajuste en el sector público, en donde se despidieron  miles de empleados públicos de un plumazo, ha generado un combo nocivo para el consumo interno. Por tanto, algunas actividades comenzaron a verificar una importante merma en contraposición con el incipiente repunte que se estaba desarrollando en los meses previos a la asunción de Macri.

Si bien todavía no se cuenta con estadísticas oficiales sobre la inflación y el nivel de actividad interna a nivel nacional, los primeros datos privados sobre algunos sectores y proyecciones de organismos internacionales de crédito, indicarían que se está llegando al escenario menos buscado en términos macroeconómicos: la estanflación, que no es otra cosa que la concurrencia entre una inflación creciente y un escenario de estancamiento económico.

Este escenario no es casualidad, es causalidad. El gobierno de Macri comenzó por implementar por una brusca devaluación del tipo de cambio cercana al 40% con un fuerte traslado de recursos desde los sectores populares hacia el complejo agroexportador y el capital financiero. Después de una primera ronda devaluatoria, la moneda flotó erráticamente por alrededor de un mes, y después retomó la senda alcista. Actualmente, la devaluación acumulada supera el 50%. En materia de hacienda, se quitaron las retenciones al maíz, al trigo, a la carne, y se redujeron las de la soja. Se prosiguió por el aumento de las tarifas de la luz, quedando pendientes aún, las subas del gas y del agua para el mes de marzo. Por último se avanzó en una entreguista eliminación de las retenciones mineras, funcional en términos de brindar a las multinacionales extractivas las condiciones óptimas para que incrementen sus ganancias a costa de un aumento de los pasivos ambientales de nuestro territorio nacional.

En el ámbito del trabajo llevaron adelante despidos a mansalva, bajo la misma esfera del Estado, e indirectamente en el sector privado mediante la convalidación del propio gobierno. Es esperable que si el propio gobierno promueve la expulsión de miles de empleados en el sector público los empresarios lo verán como un guiño para hacer lo propio en el sector privado.

De este modo se le apuntó directamente a lo que había sido el caballo de batalla del kirchnerismo y que ha sido una de las bases del crecimiento económico con inclusión social de los últimos 12 años, el consumo doméstico, y en especial, el consumo de los sectores populares.

Los primeros síntomas del ajuste se dejaron ver a las pocas semanas de haber asumido Macri, cuando la incertidumbre política y económica originada por las acciones del nuevo gobierno que decidió girar completamente el rumbo, llegaron a las costas argentinas, en donde los centros turísticos más concurridos experimentaron la peor temporada de la última década. La devaluación se había trasladado a los alquileres cercanos a la ribera, a los restaurantes, a los supermercados, a los comercios minoristas, generando una considerable retracción en la cantidad de veraneantes y una disminución de la ocupación hotelera del 30% con respecto al verano del año previo.

Otro rubro en el cual impactaron de lleno las nuevas medidas es el sector automotriz. La merma en la actividad de este sector resulta particularmente preocupante por ser un rubro intensivo en trabajo y cuyas externalidades, ya sean positivas o negativas, se tienden a generalizar con un fuerte grado intensidad y rapidez al resto de la economía. En este caso vale aclarar que la situación ya venía en un contexto un tanto sensible debido a la retracción de la economía brasilera, principal destino de nuestras exportaciones. No obstante, junto el achicamiento de los mercados de exportación, se produjo una disminución del tamaño del mercado interno provocada, una vez más, como  consecuencias políticas de redistribución de ingresos altamente regresivas. Según las cámaras de fabricantes y de concesionarias del sector (Adefa y Acara) el mes de enero del corriente año fue el peor enero de los últimos 7 años en términos de producción (con una caída interanual del 30%) y con cifras de patentamientos que son las más exiguas para este mes en la última década (con tan solo 56.000 patentamientos).

El caso más paradigmático quizás sea, por la cantidad de veces que fue mencionado en campaña por el equipo de Cambiemos, el de las economías regionales. Las economías regionales se encuentran atravesando en general una delicada situación. Con la devaluación y la quita de retenciones se mejoran los precios de exportación de muchos productos regionales pero los beneficios se tienden a concentrar en etapas de procesamiento y comercialización de los productos, dejando solo migajas para la etapa primaria: productores y trabajadores. Por otro lado, los mayores costos de producción a provocados por la aceleración la inflación y el decrecimiento de la demanda interna perjudican notablemente las ventas de estas economías, y en especial las de los productores menos capitalizados. El caso quizás más conocido por su resonancia en los medios haya sido el del sector frutihortícola en el Alto Valle donde los productores tiraron, como símbolo de la crisis, toneladas de frutas en las calles.

Por otro lado, todas y cada una de las medidas mencionadas, impactaron directamente sobre los precios domésticos llevando a la inflación a los niveles más altos de los últimos años. Como el apagón de la estadística pública impide tener una referencia certera sobre el desborde de precios, en los últimos tres meses solo queda recurrir a algunos indicadores privados e índices oficiales provinciales, como el de San Luis que tiene una continuidad metodológica de más de 10 años. Según este índice de precios, la inflación de diciembre de 2015 se ubicó en los 6,5%, superando en más de dos puntos porcentuales, tanto al IPC CABA como el IPC Congreso. El mismo índice para el mes de enero estimó una inflación mensual de 4,2%, lo que representa una desaceleración, pero en niveles elevados.

El IPC CABA por su parte publicó un nivel de inflación mucho menor para el mes de diciembre, mostrando además una aceleración para enero de un par de décimas (3,9% y 4,1%, respectivamente). Quizás el índice más polémico ha sido el publicado por el Congreso, índice que pretende ser un reflejo opositor de la inflación genuina, pero publica una inflación incluso menor al de la Ciudad de Buenos Aires, gobernada por el oficialismo. Incluso para el IPC Congreso la inflación de enero fue de 3,6%, inflación elevada, pero 5 décimas por debajo del índice de CABA y casi tres puntos porcentuales inferior al de San Luis.

Como resultado, el nivel de actividad económica y de actividad industrial cayeron después de ocho meses, según el indicador de la consultora privada de Orlando Ferreres, una de las únicas que sigue estas variables después del apagón estadístico del Indec. Así, estos índices marcan una caída interanual del 1,9% para la actividad económica general y una merma del 2,3% para el sector fabril.

Algunas proyecciones

Todas estas políticas económicas que empezó a implementar Mauricio Macri, sumado a los pronósticos de los resultados del ajuste fiscal, determinan una proyección a la baja para la economía argentina en el corriente año, según las estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). De hecho, en el mes de octubre el FMI proyectaba una baja del 0,8% y tres meses después, luego del ajuste macrista, se recortaron las expectativas a una caída del 1%. Esto tira por la borda dos falacias del macrismo. Por un lado, que las políticas de “austeridad” configuran el mejor escenario para que nuestro país vuelva a la senda del crecimiento. Por otro lado, se pone en jaque el argumento de que seguir las políticas propiciadas por los organismos multilaterales de crédito se obtengan los mejores resultados. Paradójicamente, el FMI después de empeorar la previsión de resultados para nuestra economía para 2016, remarcó que “en Argentina, el nuevo gobierno ha iniciado una importante transición para corregir desequilibrios macroeconómicos y distorsiones microeconómicas”, pero a su vez “este nuevo enfoque ha mejorado las perspectivas de crecimiento para el mediano plazo, pero es probable que el ajuste genere una leve recesión en 2016”.

En cuanto a la inflación las estimaciones que se conocen, de consultoras privadas, y algunos índices provinciales y de la capital federal, describen un escenario en el corto y mediano plazo con precios en ascenso y en vías de aceleración. Las estimaciones en general se ubican por encima de los 30 puntos, y en algunos casos bordean los 40.

El estudio Ferreres y Asociados por ejemplo estima una inflación anual del 38,1%, teniendo en cuenta en proyección los impactos que se tendrán cuando se terminen de reacomodar las tarifas públicas y los precios de los bienes exportables. Por su parte,    la consultora LLG, de Martín Lousteau, actual funcionario de Cambiemos, estima una inflación superior a los 36 puntos. La consultora Analytica proyecta un 35%, Fiel 33,6%, el Estudio Bein 34,4% Econométrica 33% y Elypsis 30%. Algunos bancos privados, tanto de origen nacional y transnacional, coinciden con esta tendencia por encima de los 30 puntos porcentuales: Deutsche Bank 35,4%, Citigroup y HSBC 35%, Itaú BBA 34%, Merrill Lynch 33,1%, Goldman Sachs 31%, y Santander 30%.

La aceleración de la inflación de las últimas semanas fue pura y exclusivamente responsabilidad del gabinete económico de Macri que, además de implementar una serie de políticas que tendieron a estimular la escalada en los precios domésticos, eliminó algunos programas clave dentro de la Secretaría de Comercio y recortó el alcance de otros, en consonancia con la postura de un gobierno de neto corte neoliberal. Asimismo la merma de la actividad económica actual se trata se relaciona estrechamente con las medidas del nuevo gobierno que llevaron reducir considerablemente el salario real de los trabajadores y resintieron consecuentemente el consumo doméstico, pilar del crecimiento económico experimentado durante el gobierno kirchnerista.

*Licenciado en Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), maestrando en Economía (UBA). Miembro del Geenap (Grupo de Estudios de la Economía Nacional y Popular). Publicado también en Economía Política para la Argentina