Axel Kicillof no duda. “Si hace diez meses estábamos en condiciones de pagar anticipadamente el vencimiento del Boden 2015 sin problemas, ni qué hablar ahora, con un nivel de reservas más elevado, con el conflicto de los fondos buitre en una situación mucho más favorable, con un horizonte económico más despejado.” El ministro de Economía declara que el Gobierno pagará los 5900 millones de dólares de deuda que vencen mañana, entre capital e intereses, “sin desesperación por ver qué hacen los bonistas con la plata”. Si una parte decide mantener sus activos financieros en títulos públicos, el martes tendrá una oferta de un nuevo bono en dólares a cinco años. Si cobra todos los dólares y los retira, “habremos pagado el compromiso en tiempo y forma, al contado y en divisas, dando certidumbre y habiendo dado un nuevo paso en la política de desendeudamiento”. A estos y otros aspectos, locales e internacionales, que rodean a este vencimiento de deuda, “el más importante que haya pagado el Gobierno, como mínimo, en los últimos veinte años”, se refirió Kicillof en esta entrevista exclusiva con Página/12.

–¿Hay algún riesgo para las reservas por el cumplimiento del pago del Boden 2015 este lunes?

–Es un vencimiento de 5700 millones de dólares por el capital, más el pago del cupón de intereses por cerca de 200 millones, que es el vencimiento más importante que haya cancelado un gobierno en, por lo menos, los últimos veinte años. Otras emisiones con vencimientos mayores, como las del megacanje de 2001, terminaron en default. Y como es un pago de magnitud considerable, desde hace por lo menos un año que hay sectores de opinión, en los medios y entre quienes se presentan como expertos en economía, que trataron de sembrar dudas sobre la solvencia del Estado para afrontarlo. A fines de 2014, hay que recordarlo, se lanzó una intensa campaña sobre la supuesta desconfianza del mercado a que se cumpliera con ese pago. Lo que ofrecimos entonces, en diciembre de 2014, fue pagar por adelantado el bono. Y lo hicimos con un nivel de reservas menor al que tenemos ahora. Es decir, un pago voluntario diez meses antes del vencimiento y en dólares, tal como se había pactado. Les dijimos a los tenedores de bonos: quienes quieran llevarse los dólares ya, lo pueden hacer. Y la respuesta fue que no se anotó casi nadie. Las supuestas dudas, esa inquietud por las eventuales dificultades de pago sobre la que habían hecho una campaña muy fuerte, quedaron en nada. Los tenedores de bonos no tuvieron dudas y decidieron esperar el vencimiento, para seguir cobrando los intereses y recibir el capital a pleno al vencimiento previsto.

Si eso pasó hace diez meses, ni qué hablar ahora, con el conflicto con los fondos buitre en un estadio mucho más favorable, cuando hace un año se decía que íbamos a quedar acorralados por el default técnico que quiso dictarnos el juez Griesa desde Nueva York. Con mayor nivel de reservas (3500 millones más que a principios de diciembre de 2014), y con un horizonte económico mucho más despejado. Esto no quiere decir que no va a haber campañas en contra ahora, sino que se va a pagar como estaba comprometido sin ninguna dificultad.

–¿Cuál era la situación financiera al emitirse el Boden 2015? Porque recordemos que es una emisión hecha por este mismo gobierno.

–El Boden 2015 fue emitido originalmente en 2005, antes del primer canje, antes de la reestructuración de la deuda en default. Hay que recordar que la deuda en default de diciembre de 2001 fue la que tenía el país con acreedores privados. La deuda con organismos internacionales, el FMI, el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo, se siguió pagando. Pero Argentina necesitaba financiamiento y no tenía acceso al mercado internacional, por eso se lanzó esa emisión a diez años. Ahora, cumplido el plazo, se está pagando tal cual fue comprometido. Al contado y en efectivo, tanto el capital como los intereses.

–¿Y cómo definiría la situación actual, la del momento del vencimiento del mismo bono?

–En este momento estamos ante un sacudón mundial en el mercado financiero, es más que una turbulencia. Un fenómeno que tiene que ver con una crisis internacional que no se ha resuelto, como explicó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Estamos ante un proceso de salida de capitales de los países emergentes, que está afectando a los países vecinos, a todo el resto de la región, pero en menor medida a la Argentina. Todos los indicadores están demostrando que el fenómeno aquí está mucho más atenuado. Esto tiene que ver con las políticas de regulación a la salida, y también a la entrada, de los capitales financieros que venimos aplicando. Y ahora se ven sus resultados. En ese marco, este lunes vamos a hacer el pago del Boden 2015, unos 5900 millones de dólares en total, en una parte dentro del país y otra parte, cerca de la mitad, afuera. Después cada bonista o inversor que reciba esos fondos verá qué hace con los mismos. Nosotros no estamos desesperados por ver qué hacen. Argentina va a pagar en tiempo y forma, con lo cual va a seguir dando señales de certidumbre y de seguir aportando a una política de desendeudamiento. El lunes, el monto de la deuda total del país será de 5900 millones de dólares menos que hoy.

–También serán 5900 millones de dólares menos en manos del Estado. ¿Con el lanzamiento del nuevo bono, el Bonar 2020, qué se busca? Algunos ya lo señalaron como “un intento desesperado” del Gobierno para no perder reservas.

–Es siempre la misma campaña. Y la verdad es que el Bonar 2020 es una alternativa, una oportunidad que se ofrece a los bonistas que salen del Boden 2015. Hubo algunos inversores institucionales que nos transmitieron su intención de seguir posicionados en bonos soberanos argentinos. No podemos dimensionar cuál es el volumen de capital que representa esta opinión, pero podría pasar que hubiera una presión muy importante sobre los otros bonos en dólares, como el Bonar 2017 o el 2024, si ese volumen fuese importante. Ante esta situación, decidimos convocar para el martes a una subasta de bonos de deuda con vencimiento en 2020, en dólares, con una tasa de interés del 8 por ciento. Es un punto más de lo que pagó el Boden 2015 (7 por ciento), pero está por debajo de la que paga el Bonar 2024 (8,75). Se hace un día después del pago del Boden 2015, por lo cual no es un canje. Y además, la modalidad de subasta nos permite conocer cuál es la oferta que hagan los inversores institucionales, fondos de inversión locales y del exterior, y emitiremos oferta si nos convence.

–¿Por qué se fijó en 500 millones de dólares la emisión?

–El viernes, cuando presenté la información, hablé de una emisión probable de aproximadamente 500 millones. No se trata de una estimación precisa. Estamos ante un mercado financiero internacional muy convulsionado y es difícil decir cuál será la reacción de los inversores ante esta posibilidad que se le abre. Son fondos de inversión, como los fondos de pensión y otros, deciden sus colocaciones entre países emergentes, o en países centrales, según las condiciones del momento. Algunos países tienen muy amenazada su balanza comercial por la caída del precio de las materias primas. No es el caso nuestro. Estos inversores no son fondos buitres, esos jamás traen sus dólares, salvo la plata que ponen para armar campañas. No sabemos cuál será el resultado de la subasta, pero vamos a ver cuáles son las ofertas, en volumen y precio, y decidiremos por lo que nos convenga.

–Si las condiciones actuales son más holgadas a las de hace un año y Argentina llega a este vencimiento con plenas garantías de cumplimiento, ¿a qué atribuiría este nuevo ataque?

–Responde indudablemente a una intencionalidad política, que viene fracasando sistemáticamente. Se repite desde hace doce años, pero adquirió mayor intensidad el año pasado. Ahora el argumento es la supuesta vulnerabilidad de la economía y de las reservas, la pesada herencia que dejamos, el cuadro de crisis terminal. Y la realidad muestra que la economía está creciendo, el desempleo se mantiene bajo pese a la situación externa. El impacto de la crisis internacional, con la baja en el comercio, la convulsión financiera y la caída de los precios de las materias primas, los commodities en general, es mucho más suave en Argentina que en otros países. Pero se insiste sobre esa imagen de que estamos al borde del precipicio por una cuestión de alto contenido político. Es una forma, además, de intentar justificar la necesidad de políticas de otro signo, la política de ajuste, que dicen que sobrevendrán cualquiera sea el gobierno que venga, por la situación que le va a dejar el actual. Se equivocaron cada vez que formularon esos pronósticos catastróficos y vuelven a equivocarse ahora. Y esta semana lo volveremos a demostrar, cumpliendo con los compromisos de pago y avanzando un paso más en la política de desendeudamiento.

Página12