Más allá de las implicaciones políticas y judiciales del ingreso del ex presidente Lula da Silva como Jefe de Gabinete de Dilma Rousseff, la movida tendrá implicaciones en la economía, según admiten miembros del círculo más cercano al ex mandatario.

Los colaboradores de Lula -que entra al gobierno con poderes amplios, incluso con la posibilidad de cambiar ministros- niegan que la intención sea dar un “viraje a la izquierda”, pero sí tomar medidas de estímulo al empleo, ampliación de recursos para programas sociales como Bolsa Familia y Mi Casa, Mi Vida, más facilidades crediticias para los gobiernos estaduales y, en suma, un ajuste fiscal más gradual del que adelanta en este momento el gobierno.

La economía brasileña se contrajo  3,8 por ciento en 2015, y para este año las previsiones son -como mínimo- similares.

El ingreso del ex presidente Lula da Silva como jefe de gabinete del gobierno de Dilma Rousseff implicaría -además de factores políticos y sociales- algunos cambios en la política económico de Brasil, país que está sumido en una recesión profunda desde el año pasado.

Integrantes del círculo más cercano del ex mandatario confirmaron que exigió poderes ampliados como Jefe de Gabinete, contar con un equipo propio (se menciona al ex presidente del Banco Central Henrique Meirelles y al ex canciller Celso Amorim) y poder para dar un viraje que estimule la economía.

El ex presidente quiere aumentar la distribución de subsidios a la población de menores recursos, a través de los programa Bolsa Familia y Mi Casa, Mi Vida, que construye viviendas de interés social. Lula quiere que el Bolsa Familia lgue a 40 millones de personas, unas 14 millones de familias.

Otro de los objetivos del flamante jefe de gabinete será destrabar a concesión de créditos, una de las políticas expansivas que puso en práctica durante su gobierno (2003-2010) y que fue responsable por el crecimiento del consumo interno en aquellos años.

Finalmente, Lula quiere que el gobierno federal ayude a los estados, que en su mayoría tienen problemas financieros por la caída de la actividad económica y por ende de la recaudación.

Las fuentes aseguran que la intención de Lula no implica dejar de lado las políticas de recorte del gasto en curso, pero sí hacerlas menos severas.

En el equipo de Lula estiman que a pesar de llegar al gobierno en calidad de investigado, tiene un mejor tránsito político con el PMDB, segundo mayor partido de la coalición que apoyó la elección de Dilma Rousseff y también de su antecesor. Renuentes a “hundirse” con la impopularidad de Dilma, los jerarcas del PMDB serían más proclives a negociar con Lula, calculan en el entorno del ex mandatario.

De la buena relación del Ejecutivo con el Congreso depende, por caso, que se apruebe o rechace el pedido de impeachment de la presidenta Rousseff, que debería definirse en breve.

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Ex mandatario propone a banquero Meirelles para el Banco Central

La presidente Dilma Rousseff anunciará en cualquier momento el ingreso del ex mandatario Luiz Inácio Lula da Silva a su gobierno, en el que asumiría o la Secretaría de Gobierno o la Casa Civil (Jefatura de Gabinete), con la misión de coordinar un plan para “reinyectar un ánimo nacional, con una rápida recuperación del empleo.

Un “giro a la izquierda” del gobierno, que en el último año y medio ha avanzado en un plan de ajuste fiscal, estaría descartado para no comprometer las directrices fiscales presentadas en febrero por el ministro de Hacienda, Nelson Barbosa. Sin embargo, sería excluida la propuesta de reforma en el sistema de Seguridad Social.

Lula prevé destinar más recursos al programa Mi Casa, Mi Vida, de vivienda popular, y al Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC). También estudia ampliar el crédito para la construcción civil.

El ex presidente podría también atraer al banquero Henrique Meirelles para el comando del Banco Central, en lugar de Alexandre Tombini.

Meirelles fue jefe de la autoridad monetaria de Brasil en los ocho años en que Lula gobernó.

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