Los beneficios que obtendrá Colombia tras la firma de un acuerdo de paz serán inmensos en materia ambiental, dijo el director del Departamento Nacional de Planeación (DNP), Simón Gaviria.

“Por cada año de paz, Colombia ahorraría 7,1 billones de pesos en degradación ambiental”, explicó el funcionario.

Gaviria aseguró que este estudio del DNP utilizó una metodología muy rigurosa para presentar los dividendos, explicados como los “costos evitados”. Se analizaron bases de datos e información georreferenciada de información oficial de deforestación del IDEAM, cultivos ilícitos y extracción ilícita de minerales de la Policía Nacional y el SIMCI, derrames de petróleo de la ANLA y Ecopetrol, y estudios sobre el impacto en salud por uso de mercurio del Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Planeación indicó que la sumatoria de los 7,1 billones de pesos se descompone en 4,2 billones de pesos por costos evitados en recuperación de hectáreas deforestada. Cerca de 936.000 millones de pesos por emisiones de CO2. Al menos 343.000 millones de pesos por pérdida evitada de bosque.

Indica el informe que 636.000 millones de pesos por costos evitados de limpieza, pérdida de petróleo y servicios ecosistémicos si cesan los derrames de barriles.

Cerca de 931.000 millones de pesos por costos evitados en salud debido al uso de mercurio.

“En municipios de conflicto se deforesta 6,5 hectáreas por cada 1.000 hectáreas de bosque, mientras que en los demás municipios es 2,6. Es decir, se deforesta casi tres veces más en municipios de conflicto”, explicó Gaviria.

En la apertura, el presidente Santos comentó que el conflicto armado no solo ha traído pobreza, dolor y sufrimiento, también la destrucción de nuestros bosques, ríos y suelos. Comentó que el conflicto armado ha afectado a todos y ha sido un conflicto contra los recursos naturales del país, dice el informe de prensa.

El Espectador

Con cultivos de café se construye la ‘paz silenciosa’

Como muchos campesinos colombianos, Omar Jiménez dejó los cultivos de coca en el noroeste del país para volver a sus orígenes y sembrar café, un producto con el que ayudan a construir lo que llama una ‘paz silenciosa’.

También como muchos campesinos de esta región del departamento de Antioquia, Jiménez cultivó coca a finales de los 90 y comienzos de este siglo, los años de mayor bonanza, pero se cansó de la vida en la ilegalidad y de los riesgos que entrañaba esa actividad y decidió regresar a lo suyo.

Hoy vive en su pequeña propiedad cerca de la aldea de Las Auras, que hace parte del municipio de Briceño, en el departamento de Antioquia, una región donde los modos de vida son definidos por las agrestes montañas de la cordillera de los Andes que dominan el paisaje y donde las mulas siguen siendo el principal medio de transporte de los productos del campo.

“Se erradicó la coca y se sembró el cultivo de café (…) y a eso es a lo que estamos apostándole, a una reconversión, o sea a unos cultivos que al menos nos den un sustento más digno y no sean ilícitos. Esto es lo que se llama una paz silenciosa, le estamos apostando a lo bueno y no a lo malo”, dijo Jiménez mientras mostraba orgulloso su plantación.

UNA ZONA COMPLICADA

Por su difícil orografía y ubicación estratégica para el paso de drogas hacia el golfo de Urabá, en el Caribe, la zona de Briceño ha sido escenario del conflicto armado entre el Ejército y la guerrilla, paramilitares y más recientemente las bandas criminales, que ha dejado cerca de 600 minas antipersonas en su territorio.

“Yo trabajé también con la coca y son cosas que no lo llevan a uno a ningún destino sino que siempre generan más violencia, y me dio por cambiar a los cultivos buenos”, agrega Jiménez sobre el cafetal donde trabaja a diario con su mujer, Luz Dary Tapias.

El trabajo es duro porque los Jiménez Tapias trabajan con las uñas, sin la maquinaria adecuada, para producir un grano de calidad superior que venden en una cooperativa de la Asociación para el Desarrollo Productivo, Económico, Social y Ecológico de Briceño (Asdesebri).

Esta cooperativa, que beneficia a 332 familias de 20 zonas rurales de Briceño, funciona gracias al apoyo del programa Colombia Responde, financiado por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), que también invierte en otras iniciativas y en la pavimentación de calles en los caseríos. De las cerca de 10.000 plantas que tiene la finca de Jiménez salieron parte de las 25 toneladas de café que Adesebri exportó en enero pasado a Bélgica, su primer negocio con el exterior, con el apoyo de Colombia Responde y de la empresa Laumayer.

“Aquí en Briceño siempre había bastantico cultivo ilícito, pero (…) en mucha parte muchos caficultores terminaron con la coca y siguieron con el café”, dice José Vicente Patiño, representante legal de Asdesebri.

“Hay mucho beneficio con el café, al menos uno está tranquilo, no está escondiendo nada, no necesita uno alimentar grupos al margen de la ley sino que esto es un beneficio para el campesino”, subraya por su parte Jiménez.

AYUDA DEL GOBIERNO

Los campesinos trabajan con entusiasmo en los cafetales, pero piden que se les ayude con vías de comunicación para poder sacar sus productos porque la sinuosa carretera que conduce a Briceño está sin asfaltar, y a las zonas rurales se llega por caminos de herradura que han sido ampliados en los últimos años.

“La necesidad que tenemos en este momento es la vía que nos conduce desde la cabecera municipal hasta San Fermín, donde se conecta con la carretera asfaltada que lleva al vecino municipio de Yarumal y a Medellín, la capital regional”, explica el concejal y productor de café Oderi Monsalve.

Portafolio