En febrero el gobierno costarricense debió revisar su bolsillo y sacar de sus cuentas cerca de un millón de dólares para comprar parte de la cosecha de frijol a productores de la zona sur.

De entrada, el Consejo Nacional de Producción (CNP) comprará 2,500 quintales a 48 mil 450 colones cada uno (89.3 dólares), 67 por ciento más al valor que algunas empresas industriales distribuidoras ofrecían a los agricultores.

Con ello, el gobierno le puso punto y seguido a una discusión que llevaba semanas entre productores y la industria. Es punto y seguido porque los problemas de colocación de cosecha para familias ticas, dedicadas a esta actividad, no son de ahora y con seguridad van a continuar.

Cada año la discusión es la misma: los industriales se niegan a comprar el grano nacional o lo hacen a regañadientes, alegando su alto costo comparado al importado de Nicaragua, Argentina o China.

Ni siquiera una ley que les premia con importar libre de aranceles volúmenes proporcionales a la compra de la cosecha nacional, ha terminado con el problema.

Solo desde el gigante asiático llegan más de diez mil toneladas métricas anuales libres de impuestos, amparadas en un acuerdo comercial que se aplica cuando hay peligro de desabasto en Costa Rica.

Costa Rica apenas cosecha un 20 por ciento de las aproximadamente 48 mil toneladas métricas anuales que consume. Para que el gobierno esta vez interviniera, los productores de la zona sur debieron hacer protestas públicas porque, aseguran, nadie les quería comprar 26 mil quintales de su cosecha.

“Lo que produce Costa Rica no sería un problema colocarlo si su precio no fuera más elevado que el frijol de otros orígenes como el de Nicaragua. La industria socialmente responsable como la nuestra tiene interés de comprarle la cosecha al productor nacional, porque hay tema de responsabilidad social con familias pobres que se dedican a la producción”, afirma Alejandro Monge, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Industriales de Frijol (Anifri).

“Lo que siempre le pedimos a los gobiernos de turno, es que haga esfuerzos que ayude al productor nacional a ser más competitivo para ahorrar costos de producción, que promueva el uso de semillas certificadas, un programa de banca de desarrollos para que el acceso a créditos sea más blando, que los costos de insumos agrícolas sean más baratos, incluso titulación de tierra para disminuir la brecha del precio entre el frijol nacional y el importado”, añade.

En el caso de los productores de la zona sur, el gobierno debió llamar a un diálogo entre las partes y decidir comprar una parte de la cosecha. Según Monge, este año hubo dificultad de compra de más frijol costarricense porque la industria quedó con problemas de caja, al pagar un millón de dólares en impuestos por frijol que debió llegar libre de arancel desde China.

Pero representantes de los agricultores alegaron que la industria ofrecía 29 mil colones por quintal (53.4 dólares) y ellos pedían un 13 por ciento adicional a esta oferta.

Esto porque el gobierno redujo de 6 a 3 meses la ventana para hacerlo bajo esta modalidad, ante el riesgo de desabasto. Para este reportaje, se intentó conversar con el viceministro de Agricultura, José Joaquín Salazar, pero no respondió a las solicitudes.

No obstante, Keneth Serrano, presidente del Consorcio de Granos Básicos Agrocoop Zona Norte, reconoce que los costos de producir este alimento en Costa Rica son altos, pero aclara que el problema real de la comercialización es de precio.

“Por ejemplo, si tengo una bodega de 20 quintales y digo que vale 33 mil colones el quintal (60.8 dólares) de aquí no sale un grano, pero si digo que vale 20 mil colones (36.8 dólares) mañana no tengo nada. El problema no es comprar, es el precio justo, se premia a los industriales y deja el gobierno que importen sin arancel con base a la compra de acá pero la ley debería decir que compren a precio justo”, explica el agricultor.

Agrocoop Zona Norte fue creada en 2010 a raíz de los constantes problemas como los expuestos en este reportaje. Integra a nueve grupos de productores de La Cruz, Upala y Guatuzo de Los Chiles, comunidades fronterizas con Nicaragua.

En estas zonas el frijol se cosecha una vez al año. El ciclo inicia en diciembre y termina en febrero. Unas tres mil familias cosechan 200 mil quintales.

Serrano cataloga como cortinas de humo las explicaciones que dan las empresas industriales sobre esta discusión.

“El problema en sí es sobre el precio. Dirán que Costa Rica no será competitiva con Nicaragua o China. Pero ¿usted cree que en Nicaragua los mismos industriales estén pagando un precio justo por el frijol? le aseguro que no. Esa es la cortina de humo que ellos siempre dicen para decir que acá no somos competitivos. El mismo discurso de acá es el que ellos mismos dan en Nicaragua, lo digo porque he estado allá en Nicaragua y la industria de aquí es la misma que llega allá con el mismo discurso”, cuestiona.

NICARAGUA COMPITE

Sin querer, Nicaragua es parte de este conflicto. El costo de vida más bajo y su cercanía hacen que las importaciones ticas sean más baratas. Su llegada temprana al país, en promedio un mes después de su producción, hace que el grano esté más fresco y por lo tanto, sus niveles de cocción sean en menor tiempo, lo cual le permite conservar sus valores nutritivos.

Con esas ventajas, las empresas ticas prefieren importarlo de Nicaragua, salvo cuando se abre la ventana anual de importar libre de aranceles de terceros mercados.

Según Serrano, el precio del quintal del frijol nicaragüense puesto en Costa Rica es de 22 mil colones, un precio mucho más bajo que el nacional. Pero a su juicio ese no es el problema, dado que la industria vende ese grano casi en 60 mil colones (110.6 dólares).

“Se están ganando el doble con solo colocarlo en el mercado. De ahí que el problema es falta de voluntad política del gobierno y falta de voluntad de parte de la industria. El gobierno debería premiar a la industria por comprar frijol nacional y no lo hace”, lamenta Serrano.

PRODUCTORES TICOS ENTRE LA ESPADA Y LA PARED

Otro problema de la producción nacional, según Monge, es el contrabando que se da en las fronteras, principalmente desde Nicaragua. Allá lo compran barato y algunos inescrupulosos le ponen el sello como nacional y lo venden al precio del costarricense.

“Ese no es problema grande para nadie”, responde Serrano. “Son cortinas de humo para no querer comprarnos. De nada nos serviría tener mejoramiento genético de semillas si no nos van a pagar el precio justo”, añadió.

Es probable que en pocas semanas la discusión que se vivió entre productores de la zona sur, se presente con los de la norte.

Falta un tercer mercado

Según el Consejo Nacional de Producción, el año pasado Costa Rica importó 32 mil 84 toneladas métricas de frijol rojo y negro, principalmente desde China, Nicaragua y Argentina. De Nicaragua en 2015 llegaron 554 toneladas métricas de frijol negro y 9 mil 426 del rojo.

Ante tanta importación, Keneth Serrano, presidente del Consorcio de Granos Básicos Agrocoop Zona Norte, cuestiona la ley que las regula, dado que premia la importación libre de aranceles en proporción de la compra del nacional, no obstante, no establece el precio justo.

“Otro problema grande es que no tenemos un tercer mercado, el único mercado es la industria nacional y entre ellos se ponen de acuerdo para no pagar más de lo que el productor pide por quintal. Si hubiera otro mercado podemos competir pero ahora nosotros o le vendemos a ellos o le vendemos a ellos. No tenemos otra opción”, añadió Serrano.

En cifras

22,280 toneladas métricas de frijol negro importó Costa Rica en 2015, según datos oficiales.

9,804 toneladas métricas del frijol rojo fue la compra a otros países en el mismo año.

La Prensa