El Banco Mundial publicó ‘La pobreza y la prosperidad compartida 2016’, la primera edición de un informe anual que hará un seguimiento a las políticas implementadas por los países del mundo para mejorar el bienestar de los segmentos más pobres de su población.

En esta ocasión, la institución multilateral presentó los resultados de las acciones implementadas para distribuir los beneficios del crecimiento económico y cerrar las brechas sociales, especialmente durante el período comprendido entre 2009 y 2014. Usando los datos comparables disponibles hasta 2013, el informe detectó que el 50,7% de los pobres del mundo vive en África Subsahariana y el 33,4% en América Latina.

En esta región, durante ese período, las mayores tasas de crecimiento anual del ingreso del 40% de los hogares con menos recursos ocurrieron en Paraguay (8,0%), Ecuador (7,3%), Bolivia (6,3%) y Brasil (6,3%). (Ver infografía)

En un conversatorio entre expertos, organizado por el Banco Mundial en Washington DC a propósito de la publicación, José Rosero, director ejecutivo del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), expresó su beneplácito por “el regreso del tema de la desigualdad” a la agenda del desarrollo impulsada por la comunidad internacional.

“Para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible hasta 2030, además de impulsar un crecimiento que permita mantener niveles bajos de pobreza, se requiere disminuir la desigualdad”, dijo.

Por otra parte, al referirse a políticas implementadas en América Latina y que destacan por sus resultados, el informe del Banco Mundial señaló que “en Ecuador, como resultado del bono de desarrollo humano, se ha observado un mejoramiento significativo de las habilidades cognitivas de los niños de los hogares más pobres”.

Entre las conclusiones relacionadas con la erradicación de la pobreza hasta 2030, el informe propone establecer y mejorar políticas públicas dirigidas hacia el desarrollo y nutrición en la primera infancia; la universalización de la cobertura en salud; el acceso universal a educación de calidad; el otorgamiento de un ingreso monetario básico para las familias pobres; la construcción de infraestructura rural en caminos y electrificación; y el establecimiento de sistemas de tributación progresiva.

El Telégrafo