Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Panamá, ¿paraíso fiscal? Por José Antonio Ardila Acuña

Muchos se preguntan cómo es posible que este país sea un paraíso, si los indicadores económicos y sociales de sectores de las capas medias y los de menor ingreso reflejan una realidad más del infierno que del jardín del Edén. Tampoco comprenden cómo puede ser un paraíso fiscal, si tienen que pagar impuestos sobre sus salarios, sueldos o ingresos, y por cualquier transacción que realicen.

No obstante, en el mundo de las finanzas hay países y regiones que, con el objetivo de atraer el capital de las grandes transnacionales, les brindan condiciones favorables y privilegios dizque para promover el desarrollo económico y social de los primeros. Les ofrecen una reducción considerable (si no exención) de los impuestos sobre las ganancias, la exportación de los dividendos, intereses y otras clases de ingresos sobre la transferencia de derechos de propiedad; secreto de información sobre los propietarios de tales empresas y ausencia de limitaciones de divisas (moneda extranjera). Les facilitan bajas tarifas y sencillez en el procedimiento del registro; se les permite utilizar un sistema simplificado de contabilidad y auditoría y no se les obliga a un control anual de auditoría. Además, se les admite que infrinjan la legislación fiscal y aduanera.

En el argot financiero a estos países se les llama paraíso fiscal u offshore (literalmente del inglés “fuera de la costa”). Por lo general, las transnacionales utilizan países pequeños para evadir el pago de impuestos. Actualmente hay cerca de 100 zonas offshore que pueden ser tanto Estados independientes (Andorra, Austria, Irlanda, Luxemburgo, Malta, Singapur) o territorios dependientes (Gibraltar, bajo Gran Bretaña, o las islas de las Antillas bajo autoridad holandesa); así como parte de Estados (provincia de New Brunswick, en Canadá; los estados de Washington y Delaware; el cantón suizo de Zug, o la república rusa de Ingushetia), por decir algunos.

Los paraísos fiscales también se especializan en actividades concretas: para realizar grandes operaciones de exportación-importación; apertura de compañías holding y financieras; para transacciones de negocios; para registrar compañías de inversiones y de seguros.

Hay algunos que consideran a Panamá, después de Hong Kong, como el segundo centro de negocios offshore más grande del mundo, con más de 500 mil empresas y fundaciones que tienen su domicilio en este infierno. Los dueños de barcos registran sus compañías generalmente en Panamá y Liberia, aunque también pueden registrarlas en Gibraltar, Chipre, islas Bahamas y Malta. Las transnacionales aprovechan las transacciones y ningún negocio internacional puede prescindir de utilizar los offshore.

La meta principal de estas corporaciones es obtener ganancia de una mercancía exportada a un paraíso fiscal con el menor pago de impuestos. Para eso, la compañía registrada en uno de estos paraísos (y que forma parte de una transnacional) adquiere los productos al precio más bajo que se pueda fijar, sin despertar sospechas, para luego revenderlos a otra filial que esté en el país de origen o en otro, pero al precio internacional, quedándose con la diferencia, libre de impuestos y del control de las autoridades locales.

En la importación se realiza un proceso contrario: la compañía registrada compra al principio, para sí, la mercancía y luego la vende a su socio mayor en el país de origen a un precio que proporcionará mayor efecto antifiscal. Los precios de transferencia que utiliza casi toda transnacional se establecen fundamentalmente para optimizar la carga impositiva. A menudo se usan las ventajas de los paraísos fiscales al valerse de las firmas registradas como intermediarias comerciales en las estructuras de las transnacionales.

La compañía registrada en el paraíso fiscal puede intervenir como contratista para cumplir servicios jurídicos de marketing, información y otros que reducen la ganancia sometida a impuesto en el país de origen. Es obvio que el negocio offshore es beneficioso para las transnacionales y para los que registran las filiales de estas corporaciones en los “paraísos”, pero influye negativamente en la economía tanto de los países receptores como en los de origen, que pierden una parte de sus ingresos fiscales

La Prensa 


‘Panama Papers’, la OCDE y el colonialismo del siglo XXI. Por Adolfo E. Linares Franco*

Los ministros de Fianzas de Alemania y Francia, cual escualos que olfatean la sangre de su presa herida de muerte, ni siquiera esperaron a que la canciller panameña hubiera terminado de leer el comunicado aceptando los ‘Common Reporting Standars ‘ de la OCDE, cuando ya estaban anunciando que esto no era suficiente, pues había al menos 10 requerimientos adicionales que teníamos que cumplir ‘ipso facto ‘.

Por supuesto que la violación del derecho a la privacidad de las personas, el debido proceso y presunción de inocencia de los panameños y extranjeros residentes o usuarios de nuestra plataforma de servicios ni los hizo pestañear y no es de extrañar.

Si para ellos, que todavía se creen imperios, nosotros no somos más que un puñado de criollos ignorantes y salvajes. Esto lo dejaron muy claro al ordenar públicamente a Panamá a someterse ‘… tan rápido como sea posible ‘ a estas exigencias; de lo contrario, solicitarán al G-20, como en efecto ya lo hicieron, la aplicación de medidas contra Panamá e impulsarían una campaña de desprestigio a nivel global para ‘… promover que ciertas actividades financieras que se llevan a cabo en Panamá sean despreciadas internacionalmente ‘, cosa que también están haciendo.

¿Y la violación al principio de la libre determinación y voluntad de las partes reconocido por el Derecho Internacional Público? Ni los hizo bostezar. Esto no es más que una agresión abierta y frontal hacia Panamá, en violación de la carta constitutiva de las Naciones Unidas, de la Convención de Viena sobre los tratados internacionales de 1969 y los principios más elementales del Derecho Internacional Público, como la soberanía, la igualdad jurídica de los Estados y no intervención en los asuntos internos de otro Estado. Es el nuevo Colonialismo del Siglo XXI que viene a reemplazar, con iguales o mayores tendencias totalitarias e imperialistas, a la política del ‘Gran Garrote ‘ de otrora, pero contaminada ideológicamente por la izquierda europea de la OCDE que promueve Gobiernos paternalistas, ineficientes e impuestos confiscatorios, fortaleciendo el poder del Estado en la misma proporción que debilitan el del ciudadano.

Espero que hayamos aprendido la lección. Cuando impera el interés nacional francés, o de cualquier país OCDE, no cabe el agradecimiento, consecuencia o piedad con aquellos países que como Panamá le ha demostrado solidaridad en momentos difíciles, poniendo incluso en riesgo la seguridad del país, su población y el Canal. La solidaridad demostrada por nosotros ante los ataques terroristas a Paris en nada impidió que el ministro Sapin nos insultara de la forma en que lo hizo y sigue haciendo.

No entiendo cómo todavía seguimos siendo parte de la coalición militar contra ISIS. En la diplomacia la regla número 1, 2 y 3 es siempre velar por el interés nacional, pues los países más grandes solo hacen eso. Y preparemos pues esto no se ha acabado. Falta todavía la otra convención multilateral de la OCDE sobre Base Erosion and Profit Shifting (BEPS) que, si nos la imponen, igual acabará con el régimen de empresas SEM, Panamá Pacífico, call centers y la Zona Libre, entre otros polos de desarrollo de nuestro sector servicios, así que todo parece indicar que estaremos condenados a sembrar bananas.

Panamá no se merece un trato así. El Pueblo panameño no merece ser irrespetado de esta forma. Y, si en efecto el mundo ha cambiado, como dicen algunos por ahí con mentalidad de país bananero, y el estándar internacional de ahora en adelante es no respetar el Derecho Internacional, pues, si de mí dependiera, que obviamente no es así, procedería a desconocer el Tratado de Neutralidad del Canal de Panamá y le diría a todos los barcos OCDE que van a tener que dar la vuelta por el Cabo de Hornos… y se acabó.

*ABOGADO

La estrella de Panamá 


EE.UU., el paraíso fiscal por excelencia. Por Marco A. Gandásegui, Hijo*

Los medios de comunicación más poderosos del mundo no saben cuánto dinero sucio está escondido en los paraísos fiscales (incluyendo las jurisdicciones norteamericanas y británicas). Según The Economist , puede superar los 25 millones de millones de dólares.

Lo único que la revista londinense afirma como seguro es que la porción de EE.UU. tiende a crecer. En la actualidad es el imán más poderoso para atraer dinero de otras partes del mundo. Por un lado, porque ofrece las garantías que solo la potencia mundial puede dar. Por el otro, porque ha desatado una campaña global contra todos los centros financieros que esconden dineros de procedencia dudosa. Hay un flujo de dinero hacia EE.UU. procedente de cuentas antes bien guardadas en Europa (Suiza) y el Caribe.

El periódico alemán Die Ziet , que compite con la Gaceta del Sur de Alemania, que reveló los archivos de que Mossack-Fonseca, asegura que EE.UU. se ha convertido en el nuevo paraíso fiscal que reemplazó a Suiza. Firmas como Mossack son pequeñas comparadas a los gigantes Rothchild y Trident Trust que compiten en EE.UU. por prestarle asesoría a quienes quieren esconder su dinero en ese país. ‘Negocios se hacen a través de sus subsidiarias que operan en estados como Dakota del Sur y Nevada que tienen leyes que respetan los secretos de las empresas y cuyos gerentes no hacen preguntas ‘, según The Economist .

Los paraísos fiscales en EE.UU. son muy apetecidos por quienes están evadiendo el pago de impuestos. Según la revista británica, a los estados norteamericanos que se especializan en recibir dinero de procedencia dudosa no les interesa cooperar con las leyes de otros países. Incluso, los paraísos fiscales norteamericanos no consideran que la evasión de impuestos por parte de ciudadanos de otros países constituye una infracción. Se creen libres de cualquier insinuación de que sus operaciones de lavado de dinero son ilegales.

Los bancos europeos —igual que Mossack-Fonseca— que pierden sus clientes buscan socios en EE.UU. para abrir cuentas que beneficie a los dos operadores. Por ejemplo, los operadores suizos le recomiendan a sus clientes que cierren sus cuentas en el país alpino y abran otra en un banco norteamericano. El cliente transfiere su dinero de dudosa procedencia a EE.UU. y, al mismo tiempo, nombra al operador suizo como su asesor financiero. Para todos los efectos, la cuenta es considerada por las autoridades de EE.UU. como norteamericana.

EE.UU. creó en 2010 una ley que requiere a los bancos en otros países a declarar los nombres y cuentas de sus clientes norteamericanos (FATCA). Washington somete a esas personas a declarar sus impuestos en EE.UU., aunque su dinero está en el extranjero o haya sido generado en negocios fuera de su jurisdicción. A pesar de tener este poderoso instrumento que desconoce fronteras e identifica a los norteamericanos, no importa dónde estén, Washington no es recíproco.

EE.UU. no quiere reconocer el mecanismo que la OECD ha creado (CRS) que pretende crear cierta ‘transparencia ‘ en las operaciones financieras de sus países miembros. De paso, la OECD le impone sus reglas de ‘transparencia ‘ a los demás países del mundo, incluyendo a Panamá y Suiza. EE.UU. le ha informado oficialmente a la OECD que quiere suscribir el mecanismo de transparencia que presenta la CRS.

Sin embargo, Washington alega que es muy complicado y difícil sentar a los 50 estados miembros de la ‘Unión ‘ para redactar un reglamento común para todos. Obviamente, es una excusa muy débil para continuar con la política de atraer los millones de millones de dólares escondidos en paraísos fiscales fuera de EE.UU. A diferencia de Panamá e incluso Suiza, el poderío económico y militar de EE.UU. puede doblarle el brazo a los miembros de la OECD. Las cuentas de dudosa procedencia del mundo entero, especialmente de los países más ricos, buscan refugio en EE.UU., donde las reglas de la CRS no se aplican.

Panamá pretendió también ignorar a la OECD y su mecanismo de control (CRS). Sin embargo, después del ‘affaire ‘ Mossack el Gobierno del presidente Juan Carlos Varela lo está reconsiderando. Las firmas panameñas que prestan servicios a los cuentahabientes de todo el mundo están mirando hacia EE.UU. para ver cómo pueden emular a los suizos para no perder su clientela. La guerra financiera la está ganando, por ahora, EE.UU. El premio no es más ni menos que los millones de millones de dólares que están escondidos en paraísos fiscales en todo el mundo.

*PROFESOR DE SOCIOLOGÍA DE LA UP E INVESTIGADOR ASOCIADO DEL CELA.