Manantiales de Silala: otro diferendo entre Bolivia y Chile. Por Carmen Esquivel Sarría

Desde hace más de 100 años Chile se abastece de los manantiales bolivianos de Silala, sin compensación alguna al país de origen, un antiguo diferendo revivido aquí esta semana durante las celebraciones por el Día del Mar.

Ese reservorio hídrico, conformado por 94 ojos de agua, nace en el departamento de Potosí, fronterizo con Chile, y el curso de sus aguas fue conducido al territorio vecino a través de un sistema de acueductos artificiales.

El 23 de marzo último, durante el discurso por el aniversario 137 de la pérdida de Bolivia de su salida al mar por una invasión chilena, el presidente Evo Morales anunció la decisión de asumir la defensa del Silala.

“Cada día Chile se aprovecha ilegal y arteramente de ese recurso natural sin compensar ni un centavo. Este acto abusivo y arbitrario que vulnera nuestro patrimonio no puede continuar”, dijo.

Diversos estudios estiman que por la frontera pasan 180 litros de agua cada segundo hacia el territorio chileno.

El mandatario instruyó a la Dirección Estratégica de Reivindicación Marítima estudiar las alternativas jurídicas para llevar el tema ante las instancias internacionales.

De manera casi inmediata, el canciller chileno, Heraldo Muñoz, calificó las declaraciones de una amenaza y advirtió que su país podría presentar una contrademanda por lo que consideró es “un río internacional de aguas continuas y profundas”.

Al ejercer su derecho a réplica, el ministro boliviano de Relaciones Exteriores, David Choquehuanca, afirmó que emprender acciones jurídicas no es una amenaza, sino un derecho.

“Nosotros no solamente estamos en un proceso de recuperación de nuestra identidad y dignidad, sino que tenemos que recuperar nuestros recursos naturales, reclamar nuestros derechos y ejercer nuestra soberanía”, dijo Choquehuanca.

El conflicto por el Silala data de más de un siglo. En 1908 la empresa inglesa The Antofagasta-Bolivia Railway Company Limited solicitó a la prefectura de Potosí permiso para el uso de las aguas, a fin de abastecer las locomotoras del ferrocarril en el tramo Antofagasta-Oruro.

Con el paso de los años, Chile comenzó a construir canales y desvió la utilización del vital líquido a otras actividades, entre ellas la minería.

Cuando en 1997 Bolivia revocó la concesión firmada en 1908 por considerar que los recursos no eran utilizados para los fines que fueron otorgados, se incrementó el conflicto sobre ese reservorio hídrico.

En abril de 2009 ambos gobiernos llegaron a un preacuerdo, en virtud del cual Chile se comprometió a pagar por el uso del 50 por ciento de las aguas de esa vertiente, mientras se realizara un estudio hidrológico profundo.

Pero el convenio nunca se cumplió y finalmente fue descartado cuando en 2010 el país vecino decidió interrumpir las negociaciones de una agenda de 13 puntos sobre problemas pendientes, en los cuales se incluían los recursos hídricos compartidos.

Ese es el motivo que llevó al Presidente a analizar la posibilidad de recurrir a tribunales de justicia internacionales para resolver el diferendo.

Esta sería la segunda demanda contra Chile después de la presentada en 2013 en la Corte de Justicia de La Haya para lograr una salida soberana al mar, tema en el que el tribunal internacional se declaró competente para atender la reivindicación.

Bolivia perdió su salida marítima en 1879, cuando en la Guerra del Pacífico Chile le arrebató 400 kilómetros de litoral y 120 mil kilómetros cuadrados de territorios ricos en minerales.

Además del conflicto por la salida al mar y el de los manantiales, existen otros diferendos sin solución, entre ellos el suscitado por el desvío del río Lauca, que provocó la ruptura de relaciones bilaterales en la década de 1960.

El canciller boliviano invitó a las autoridades chilenas a un diálogo para analizar todos los asuntos pendientes, entre ellos el conflicto por la utilización arbitraria de las aguas del Silala.

Choquehuanca propuso también a las autoridades del vecino país y a organismos internacionales realizar una visita al sudoeste andino, donde nacen los manantiales, que arrojaría más luz sobre el centenario diferendo.

Prensa Latina

Morales muestra sistema artificial de acueductos que llevan a Chile agua del Silala sin pago hace 108 años

El gobierno de Bolivia mostrará el martes a la prensa internacional el sistema artificial de acueductos que conducen sin contraprestación alguna hace casi 110 años el agua de los manantiales del Silala, en el sudoeste boliviano, a varias poblaciones de Chile, inclusive el emporio de Chuquicamata, la mima de cobre a tajo abierto más grande del mundo.

Diecinueve años después de revocada la concesión, en mayo de 1997, y 7 más tarde que Chile proclama su decisión de avenirse a un pago de 5 millones de dólares anuales por el aprovechamiento, por privados, de un flujo de 180 litros/segundo, el presidente Evo Morales y el canciller David Choquehuanca se plantará a primera hora del martes en los manantiales, a unos 1.500 km de La Paz, para mostrar al mundo que se trata de ojos de agua nacidos en territorio de Bolivia y no de un río de curso sucesivo, tal como defiende Chile.

Cuatro años más tarde que Chile consumara la adición a su jurisdicción de todo el litoral boliviano, 400 km lineales, y 120.000 km2 de territorios que desembocan en el mar, mediante el Tratado de 1904, la concesión, otorgada por la entonces prefectura del departamento boliviano de Potosí, fue entregada en 1908 a una empresa privada chilena, la entonces Antofagasta (Chile) and Bolivian Railway.

En principio y hasta la década de los años 40 del siglo pasado, las aguas manantiales eran utilizadas para el funcionamiento de los ferrocarriles chilenos, mas el apagón de la energía a vapor y su sustitución por el fuel oíl como nuevo combustible, dieron por traste el objeto del contrato de derecho internacional privado que suscribieron la Bolivian Railway y la Prefectura de Potosí.

El gobierno del expresidente ultraliberal de Bolivia, Gonzalo Sánchez de Lozada anuló en mayo de 1997 el contrato y su sucesor, Hugo Banzer (1997-2001), entregó a un privado boliviano la explotación comercial de los recursos acuífero.

El gobierno chileno del presidente Ricardo Lagos acuñó en 1998 la tesis de que se trataba de un río internacional e ignoró por completo al privado boliviano y la decisión del gobierno de Banzer.

Las aguas del Silala, que Morales mostrará al mundo temprano este martes, abastecen varias poblaciones del norte de Chile, pero en especial la mina de Chuquicamata, en la zona de Calama, de donde se extrae el mineral que sustenta el 50% del erario público de Chile.

Morales anunció que llevará a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya el pleito para que Chile se avenga a pagar, incluso con efecto retroactivo, por un recurso de en los hechos importa sin retribución de ninguna especie, bajo el argumento que se trata de un curso sucesivo de agua que comparten ambos países, hace 108 años.

El anuncio de un nuevo juicio ante la CIJ, paralelo al que Bolivia radicó en 2013 a Chile para que sus autoridades se avengan a una negociación con efecto vinculante y plazo perentorio que termine con la condición mediterránea de 137 años del país andino amazónico, pareció encrespar a las autoridades de La Moneda.

La presidente Michelle Bachelet dijo este lunes que su país va a contrademandar para reguardar sus intereses si Bolivia consolida la demanda por los derechos del Silala ante la CIJ.

“Chile va a contrademandar para resguardar nuestros intereses”, dijo Bachelet después de reunirse con el canciller Heraldo Muñoz, 2 días después que Morales anunciara que Bolivia decidió acudir a la CIJ para demandar a Chile por el aprovechamiento ilegal de las aguas del Silala.

Tras una reunión con Muñoz, la Presidente chilena argumentó que “durante más de 100 años Bolivia reconoció la calidad de río internacional del Silala”.

“El pueblo de Chile rechaza este nuevo acto poco amistoso, el Gobierno de Bolivia reclama ser dueño de recursos hídricos que son compartidos, las aguas del Silala fluyen hacia el territorio por la ley de gravedad, durante más de 100 años Bolivia reconoció la calidad de río internacional del Silala”, remarcó.

Tanto el anuncio de Morales como la reacción de Bachelet y Muñoz que el domingo expuso un mapa local de 1904 de la frontera chileno boliviano en que se dibuja al Silala como un río, volvieron a tensar la relación entre La Paz y Santiago, venida a menos desde 2011 cuando el Palacio Quemado anunció el juicio marítimo a Chile en la CIJ.

Servicio Nacional de Geología y Técnico de Minas mostró en las últimas horas fotos satelitales que revelan que Chile realizó perforaciones para obtener aguas subterráneas a menos de 300 metros de la frontera con Bolivia, acción que no está permitida por normas internacionales.

Morales deploró que las aguas del Silala boliviano redunden en beneficio que empresarios privados que la comercian en la población chilena.

Bolivia y Chile son los únicos países de Latinoamérica que carecen de relaciones diplomáticas entre sí.

Cambio

El presidente de la Cámara de Senadores, José Alberto Gonzales, basado en el libro “Crónica de un Despojo” de Cástulo Martínez y un estudio del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología de Bolivia, estimó que Chile adeuda a Bolivia entre 1908 a 2016 por el uso de las aguas manantiales del Silala, algo más de $us 1.000 mil millones de dólares americanos.

“Este es un estudio que ha hecho el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología de Bolivia sobre el consumo ilegal de las aguas del Silala por Chile, el cálculo más actualizado, son 4.888.080 m3 (metros cúbicos) consumidos por año, en 92 años de 1908 al año 2000, el consumo asciende a 449.703.306 m3, que al precio de 2 dólares por metro cúbico, asciende un importe aproximadamente a 899.000.000 de dólares, casi 900.000.000 de dólares, calculados, reitero al año 2000. Si le agregamos estos 16 años más, estamos hablando de una cifra que supera ampliamente los 1.000.000.000 de dólares americanos, ese es el monto que Bolivia nunca percibió por el uso de las aguas del Silala”, manifestó.

Gonzáles precisó que el estudio sobre el consumo ilegal de las aguas del Silala por Chile, refleja que entre 1908 y 2000, la deuda de ese país llegaría a $us 889 millones. Hasta el momento el monto superaría los $us 1.000 millones.

Gonzales explicó que ese cálculo estima que el vecino país consume cada año del Silala 4.888.080 m3 y la cifra asciende en 92 años (de 1908 a 2000) a 449.703.306 m3, que al precio de dos dólares el metro cúbico, el monto de la deuda se aproxima a 899 millones de dólares y sumados los 16 años restantes, esa deuda hasta el momento superaría los $us 1.000 millones.

El tema Silala fue incorporado en la Agenda de 13 Puntos que La Paz y Santiago negociaron entre 2006 y 2010, que incluye también la demanda marítima boliviana.

Senado de Bolivia

Morales ordena elaborar un registro de recursos hídricos de Bolivia y reflota conflicto con Chile por el Lauca

En el marco de su visita al río Silala, el Presidente de Bolivia, Evo Morales, anunció la elaboración de un catastro de recursos hídricos de su país, días después de anunciar que están estudiando interponer una nueva demanda contra Chile, esta vez por el uso de las aguas de este afluente.

“Estoy pidiendo a nuestras autoridades competentes, especialmente al Ministerio del Medio Ambiente y del Agua, acompañado por expertos internacionales, cómo hacer un registro o un inventario de todos los recursos hídricos que tiene Bolivia, especialmente de aguas subterráneas”, dijo el Mandatario en una conferencia de prensa ofrecida tras recorrer el Silala junto a medios de comunicación locales y extranjeros.

Morales dijo que asumía esta responsabilidad luego de que sus antecesores no tuvieron la iniciativa de realizar este catastro “porque no había estabilidad política ni social” en Bolivia.

Pero el jefe de Estado no se quedó ahí, ya que recordó otro conflicto que tiene su país con Chile: el del río Lauca, el que nace en el altiplano chileno y cruza a territorio boliviano, pero que La Paz ha acusado un desvío y una disminución del caudal que llega. Incluso, este tema provocó la ruptura de las relaciones diplomáticas entre ambos gobiernos en 1962.

Al respecto, el Presidente altiplánico dijo que “Chile ha desviado el río Lauca. Eso de desviar el río Lauca es un atentado a la vida, y cuando digo a la vida no sólo estoy diciendo un atentado al ser humano, sino que a nuestro ganado, a nuestros arbustos, a nuestras plantaciones, a nuestros bofedales”. Es por eso que, aseguró Morales, “tenemos muchos temas pendientes con las autoridades de Chile”.

Emol

Chile-Bolivia, un conflicto ad eternum

Esto, porque en el mes de marzo, la sociedad boliviana conmemora la pérdida de su cualidad marítima, tras la invasión de su territorio por tropas chilenas el 14 de febrero del año 1879, dando inicio así a la que historiográficamente se denomina como Guerra del Pacífico o Guerra del Salitre.

El territorio boliviano al que hago mención, refiere a la región conocida en esa época en Bolivia, como el Departamento del Litoral. Invadido sin previa declaración de guerra, tras la decisión de las autoridades bolivianas de aumentar en 10 centavos cada quintal de salitre exportado por las compañías de capitales anglo-chilenas, que operaban en ese Departamento. Medida rechazada por el Gobierno chileno – por presión de las compañías instaladas en suelo boliviano – que sin expresión formal de inicio de las hostilidades irrumpió en la ciudad de Antofagasta un 14 de febrero del año 1879, ocupando el territorio y expulsando las tropas y autoridades bolivianas acantonadas allí. Esto determinó que el gobierno del país altiplánico pusiera en acción el Tratado de Alianza Defensivo con el Perú, firmado el año 1873 para ser activado en caso de agresión de un tercero.

La zona conquistada por las tropas chilenas fue creada el año 1829 – pocos años después de la declaración de independencia boliviana – como Provincia del Litoral, constituyéndose en Departamento el año 1867, con una superficie de 120 mil kilómetros cuadrados y 400 kilómetros lineales de costa. Delimitando al norte con el Río Loa, que formalizaba su frontera con la República del Perú y al sur por el Río Salado, constituyendo la frontera con Chile. Dicho Departamento tenía en su jurisdicción los puertos de Cobija, Antofagasta, Tocopilla y Mejillones, además de los pueblos del interior del Desierto: San Pedro de Atacama y el pueblo minero de Calama.

Precisamente en este último lugar, el día 23 de marzo del año 1879, las tropas chilenas, en pleno desarrollo de la contienda, se trabaron en combate contra tropas bolivianas y defensores civiles de Calama, encabezados por Ladislao Cabrera y Eduardo Abaroa – considerado el principal héroe civil boliviano – que murió en la defensa del Puente Topater. Desde esa batalla, Bolivia ya no volvería al Pacífico, sumando así 137 años de enclaustramiento en su condición de mediterraneidad.

¿Un manantial o un río? ¡Esa es la cuestión!

En un artículo de marzo del año 2012 – que escribí tras el discurso por el Día del Mar dado por el presidente Morales, consigné como el mandatario boliviano calificó a Chile como un “mal vecino, que no puede seguir siéndolo en pleno Siglo XXI” Igualmente registré la opinión del analista paceño Jorge Zambrana Jiménez, quien señaló que “la ocupación chilena del litoral boliviano nos cercenó un pedazo de territorio, que constituía la verdadera válvula de nuestra vida, pues hemos quedado completamente aislados del mar y con un carácter tributario de las naciones limítrofes…la invasión chilena fue una acción filibustera que agredió, ocupó, degradó y comenzó a dominar nuestro litoral por la fuerza militar y la violencia usurpadora… Lo que ha hecho Chile con Bolivia no tiene antecedentes en la historia mundial. Ningún Estado ha condenado a la asfixia perpetua a otro, como en el presente caso, cercenándole sus únicos vitales pulmones habilitados”.

Opinión la de Zambrana que considero es transversal a la sociedad boliviana, incluyendo a sus partidos políticos. Para Zambrana “Chile tiene la obligación moral, política y ética de restituir a Bolivia su acceso propio y soberano al mar, terminando con el funesto tutelaje que ha imperado hasta hoy…. El Gobierno transandino debe aceptar que persiste el problema y que no tenemos una “aspiración” a conseguir algo que es suyo, sino un derecho a recuperar nuestro mar, el litoral y los puertos soberanos que nos fueron arrebatados” … tras la batalla de Calama el día 23 de Marzo del año 1879”.

Desde ese momento, desde ese día de un mes que es considerado tan funesto para nuestros vecinos, deviene en el hito histórico por excelencia de Bolivia, denominándolo el Día del Mar. Se constituye así, año a año, en el momento propicio para dar a conocer su demanda centenaria: volver soberanamente al Océano Pacífico. Por ello, no resulta extraño y no debe sorprender a las autoridades chilenas, que Evo Morales Ayma, el presidente boliviano, haya elegido ese día de este año 2016, para señalar que su país acudirá a instancias internacionales para reivindicar, nuevamente la necesidad de un retorno soberano al Océano Pacífico pero, agregando un elemento que ya ha sido mencionado en otras oportunidades, pero que da cuenta de los afanes reivindicativos del vecino país: discutir sobre la soberanía y la utilización de las aguas del Silala, consideradas por Bolivia como un manantial y por Chile como un Río. Parafraseando la centenaria obra del Dramaturgo Inglés William Shakespeare en su obra Hamlet y su soliloquio en el acto tercero, escena primera podemos sostener “Manantial o Río, esa es la cuestión” tras las palabras del mandatario boliviano.

En el Día del Mar 2016, en el Departamento de Cochabamba el presidente Evo Morales reseño lo que pretende su gobierno “hemos decidido no sólo hacer demanda por la salida al mar con soberanía, hemos decidido ahora, como no nos quiere resolver Chile sobre las aguas del Silala en el departamento de Potosí, como el país pacifista que somos vamos a acudir a La Haya para que Chile respete nuestra soberanía en las aguas del Silala”. Morales afirma que dicha presentación está acorde con el Derecho Internacional, a pesar que el Gobierno chileno asegura que está haciendo uso de aguas de curso internacional. Morales invitó públicamente al gobierno chileno a que acuda al Cantón Quetena y confirme que las aguas del Silala son un manantial, aguas de bofedales y no aguas internacionales.

Ni agua dulce ni agua salada

Chile, por su parte, un día antes del discurso del presidente boliviano presentó un video que según el gobierno de Santiago demuestra que Bolivia tiene acceso pleno al Pacífico a través de puertos chilenos, con declaraciones de ciudadanos bolivianos que viven en Chile y un trabajo audiovisual que deja más dudas que certezas ¿Por qué? En un sentido estricto dicho video muestra más la dependencia de los puertos chilenos y la economía del norte del país sudamericano al comercio que se tiene con la vecina nación, que un tema de soberanía. Ducho video hace alentar pocas esperanzas de solución a esta negativa chilena de conversar sobre soberanía, ya sea sobre el agua dulce del Silala o el agua salobre del Pacífico.

Más que un tema de soberanía, lo que se percibe es que sin el comercio con Bolivia, ciudades como Arica e Iquique no tendrían una vida económica como la que poseen. Los 3o0 camiones que día a día circulan desde Bolivia a Arica son prueba de la vitalidad de un comercio que requiere, no sólo una mirada económica y de intercambio, sino también política, colaborativa, solidaria, de buena vecindad. Pues ¿qué pasaría si esos camiones no llegan a suelo chileno y se privilegia una salida por Perú? ¿Podría contestarse a ello con la simpleza ¡¡¡¡ qué lo hagan ¡!!! ? Como suele hacerse cuando la idiotez rebasa la racionalidad. Si esto sucediera ¿A qué niveles se alzarían las tasas de desempleo de un norte de por si deprimido?

El comercio exterior de Bolivia depende fuertemente de Brasil y Argentina, mientras que Chile es el octavo principal país de origen de las importaciones bolivianas, con un 4% del total de éstas. Al mes de marzo de 2015, de las 800.000 toneladas que se han movilizado por el puerto de Arica, 81% corresponde a carga boliviana. El viceministro boliviano de Comercio Exterior, Clarems Endara, afirmó en diciembre del año 2015, que el 80% de las exportaciones e importaciones de su país en 2015 se movió por puertos chilenos y ello implica un movimiento que esos puertos deben cuidar, defender, pues implica empleo en sus respectivas ciudades. Pero, ello suele perderse en declaraciones altisonantes donde el chauvinismo impera, como aquellas de Dirigentes del Partido Demócrata Independiente – UDI – el Senador Ultraderechista Juan Antonio Coloma, quien señalado la necesidad urgente de salirse del pacto de Bogotá.

El canciller chileno, Heraldo Muñoz, en una fuerte declaración tras las palabras de Morales respecto a llevar a Chile a Tribunales Internacionales señaló que “No importa cuántas demandas interponga Bolivia en tribunales internacionales, Chile no cederá territorio soberano. No cederá soberanía. Que se entienda bien. Vamos a defender nuestros intereses nacionales con todo”, recalcó Muñoz añadiendo que “si se materializa una demanda respecto al uso de las aguas del río Silala, en cualquier momento Chile va a contrademandar a Bolivia”. Igualmente, el Canciller chileno presentó un mapa que se adjunta al Tratado firmado en Chile y Bolivia el año 1904, para demostrar el supuesto carácter internacional de las aguas del Silala. Dicho mapa fue criticado por Morales apelando a una petición anterior del gobierno chileno donde solicitaron permiso a la Prefectura de Potosí, departamento donde se ubican las aguas, para hacer uso de ellas. No cabe duda que esta defensa a ultranza de la “soberanía chilena” elevará los índices de aprobación del canciller de un gobierno con escasa adhesión ciudadana.

La conceptualización respecto a qué se habla cuando nos referimos al Silala no es una nimiedad. Dependiendo de cómo se le considere: un manantial, agua de bofedales o un Río de curso internacional, se signará la valoración distinta que se tiene de ese curso de agua, con implicancias históricas, jurídicas, con derechos y obligaciones amparadas por las leyes internacionales, si se trata de un manantial o un curso de agua de tránsito continuo entre países fronterizos.

Para Bolivia, las aguas del Silala son una manantial, agua de bofedales conformado por 94 ojos de agua, que nace y está en territorio boliviano. Las aguas del Silala están situadas en el cantón Quetena, entre los puntos de límite del Tratado de Paz firmado entre Bolivia y Chile a 5 kilómetros de la frontera con Chile. A la altura de las localidades del país trasandino de Caspana, Caspana, Chiu Chiu. Consiste en un afloramiento de aguas subterráneas, que forman vertientes con un caudal promedio de 7 litros de agua por segundo y que tiene un sistema de canalización construido hace más de un siglo por la compañía Inglesa The Antofagasta and Bolivian Railway Company. Destinado en principio para uso económico y que a lo largo de errados olvidos y hasta irresponsables conductas políticas y económicas bolivianas, intereses económicos y apropiaciones chilenas, se ha ido postergando su solución. Consta que el gobierno de Evo Morales ha tomado, desde el inicio de su mandato, la recuperación de esas aguas, como se manifiesta en su inclusión en la Agenda de los Trece Puntos en su acápite 7.

La mencionada empresa se adjudicó el uso y aprovechamiento de las aguas el año 1908, principalmente para abastecimiento de poblaciones del sector, para suministrar agua a las locomotoras de vapor, riego como también las faenas mineras. Esas aguas en la actualidad son recolectadas en un estanque ubicado a 20 metros de la frontera en territorio chileno donde es concentrada y tratada. 8 kilómetros más abajo existe una represa donde se almacenan las aguas y llevada mediante cañerías para surtir del preciado elemento a las ciudades y pueblos chilenos de Calama, Chuquicamata, Antofagasta, Mejillones y Tocopilla.

La posición chilena difiere sustancialmente de la boliviana, pues señala que las aguas del Silala provienen de un Rio Internacional – que aparece mencionado en el Tratado de 1904 – y que un curso natural de agua, que baña a dos países no puede ser dispuesto en forma unilateral y su contencioso debe ser tratado por un Tribunal Internacional. Recordemos en esto que el año 1997 la Prfectura de Potosí dispuso la revocatoria y anulación de la concesión de aguas hecha el año 1908, esto bajo el Gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada. El año 1999 mediante el decreto Supremo 25.500 dispuso la licitación pública para el uso de las aguas del Silala, que Chile desconoció en abril del año 2000

El gobierno boliviano ha decidió plantear nuevamente en instancias jurídicas internacionales su demanda sobre este contencioso, que lo enfrenta a Chile y eso, mirado del punto de vista de las relaciones internacionales hay que percibirlo positivamente pues implica amparar las reivindicaciones y aspiraciones por los caminos del diálogo y la paz, más allá de los deseos de los gobiernos chilenos, sin excepción, que han pretendido, históricamente, resolver sus contencioso en lo que se ha denominado la política del bilateralismo.

Bolivia y ha así ha sido declarado, está dispuesto a tomar otras medidas como es bombear el agua hacia territorio boliviano exclusivamente y hacer perforaciones, después de estudios de hidráulica, geológicos y geográficos necesarios, que le permitan cambiar el curso de las aguas. Llegada esa posibilidad ¿cuál será la reacción chilena?¿Pagará Chile los us$ 1.600 millones que dice el gobierno boliviano le deuda Chile por el uso de las aguas del Silala?

Suelo sostener cuando escribo o hablo sobre el centenario conflicto, que nos enfrenta con Bolivia, que si bien es cierto la política internacional suele tener un dinamismo que desborda a muchas cancillerías anquilosadas, entre ellas la chilena, con requerimientos de permanentes ajustes, el gobierno boliviano presidido por Evo Morales ha logrado dar en el clavo a la hora de enfrentar la política exterior chilena: mostrar su contradicción tanto en el plano interno como en su verbalización. Bolivia y principalmente bajo las administraciones de Evo Morales ha entendido, que el bilateralismo aislado no tiene sentido en un mundo como el que vivimos en este tercer lustro del Siglo XXI.

Mantener un conflicto sin posibilidades de catalizar su discusión y la posibilidad de llegar a un entendimiento es una necesidad, política, económica, diplomática pero también con la exigencia de vislumbrar las relaciones internacionales con un enfoque distinto y no seguir eternamente en una disputa que tanto daño le hace a ambos pueblos.

La guerrilla verbal entre Chile y Bolivia ha llevado más agua al molino de la discordia, incrementado por la decisión de responder con vehemencia a lo que tradicionalmente es la reivindicación marítima boliviana en la conmemoración del Día del Mar, cada 23 de marzo.

Conducta que refleja las fuertes presiones que sufre el gobierno chileno, con una política interna en enormes problemas y que le permite tener una válvula de escape por esta vía.

¿No es así como suele entender la diplomacia y la política chilena los argumentos de Bolivia cuando se refiere a sus contenciosos con nuestro país? Suena extraño pero tiene enorme coherencia y racionalidad el achacar a los problemas internos los discursos y acciones que involucren a actores internacionales. En lo específico, la pretensión boliviana de acceder soberanamente al Océano Pacífico, tras ser vencido en la Guerra que enfrentó a ambos países entre los años 1879 y 1881, une la puesta en marcha de una operación diplomática destinada a poner en el tapete de la discusión jurídica internacional, el tema del uso y disfrute de las aguas del Silala, consideradas por Bolivia como un manantial y por Chile como un río de curso internacional.

Problemas internos, salida externa

El discurso del Presidente Boliviano Evo Morales en la conmemoración del Día del Mar el pasado 23 de marzo, reiteró la reivindicación centenaria de volver al Océano Pacífico soberanamente, uniéndose a otra reclamación, también de larga data: las aguas del Silala. El gobierno chileno reaccionó a través del canciller Heraldo Muñoz afirmando que “no importa cuántas demandas presente Bolivia, Chile no cederá soberanía…Bolivia se va a estrellar con un Chile unido con una política de Estado”.

Por su parte, la mandataria chilena, tras reunirse el día lunes 28 de marzo con el canciller Muñoz señaló que “el gobierno de Bolivia alega ahora ser dueño de recursos hídricos que son compartidos, las aguas del Silala fluyen naturalmente hacia el territorio por un efecto de una ley tan clara como es la ley de gravedad”. Para la presidenta chilena, en caso que el gobierno boliviano concrete su demanda en instancias internacionales, Chile va a contrademandar para resguardar sus derechos “El gobierno de Bolivia habla de diálogo, pero los hechos demuestran que no está dispuesto a ningún diálogo y que prefiere instrumentalizar a los tribunales internacionales”.

Para el canciller chileno, la demanda de Bolivia es parte de una “política hostil hacia Chile, probablemente por la desesperanza, que sienten respecto a la demanda marítima, porque saben que no van a conseguir el resultado buscado, es decir la soberanía…esta nueva demanda buscar distraer la atención sobre sus problemas internos pero también de lo que puede ser el desenlace de la demanda actual. La comunidad internacional se va a dar cuenta muy claramente que aquí ya no es el mar, no son los ríos sino que cualquier excusa para tener un planteamiento hostil con nuestro país y eso va a debilitar la posición internacional de Bolivia, pues eso demuestra debilidad”

Ese muro de corte transversal al que hacía referencia Muñoz tuvo su primer ladrillo en la voz del Presidente del Partido Ultraderechista Chileno Unión Demócrata independiente – UDI – el Senador Hernán Larraín, quien lamentó que las declaraciones de Evo Morales “hayan tomado el camino de la agresión judicial a Chile, renunciando al dialogo y al proceso de integración. Lo único que va a lograr el presidente boliviano es judicializar la relación entre ambos países …Si el presidente boliviano cree que es más importante seguir ese camino con tal de mejorar su débil posición política interna, que lo haga, pero realmente las agresiones judiciales a Chile, no van a conducir a ninguna parte, ni va a lograr un centímetro de nuestro territorio jamás”. Larraín advirtió que Chile no puede prestarse para los gustos de Bolivia y en ese marco es evidente que Chile debería retirarse del Pacto de Bogotá “ argumentando que “el hostigamiento del gobierno de Evo Morales es una razón para analizar esta alternativa”.

En general, las autoridades chilenas han señalado, sin distinción, que Bolivia suele efectuar estos reclamos, como una manera de ocultar sus problemas internos – en un argumento crónico y que da para todo – Pero, el análisis histórico de la conducta del país altiplánico muestra que ha sido bastante clara y consecuente respecto a su demanda marítima, como también frente a otros asuntos como fue el tema del Río Lauca en su momento, el tema del uso de las facilidades portuarias o la utilización de las Aguas del Silala.

Nada nuevo bajo el sol, a pesar de las dificultades internas a las que suele hacer referencia el gobierno y los políticos chilenos, derivadas de acusaciones de tráfico de influencia con una ex pareja y una empresa ligada a inversiones Chinas – CAMC Engineering, que mantiene contratos con el Estado, unido al tema de su paternidad con esta mujer – Gabriela Zapata Montaño – las investigaciones por corrupción contra ex Ministros, parlamentarios y dirigentes del MAS ligados al Fondo Indigena por cerca de 7 millones de dólares. O adicionemos la derrota en el referéndum constitucional, para permitir una nueva reelección a partir del año 2019. Como también la creciente oposición proveniente, sobre todo de organizaciones de izquierda y sindicatos campesinos. Nada que pueda ser considerado tan grave como la crisis interna que vive el mundo político chileno.

Efectivamente, empleando el mismo predicamento que suele utilizar la política chilena frente a las demandas bolivianas, es posible pensar entonces que la reacción gubernamental chilena, sus políticos y aquellos que suelen vociferar su rabia en foros, medios de comunicación u opiniones antibolivianas, se deba precisamente a los enormes problemas internos que presenta, no sólo el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet – con los índices de aprobación más bajos de la historia – sino también la clase política en general y los poderes del Estado como el legislativo, sumido en una profunda crisis de credibilidad unido a una sociedad chilena que suele mirar desde arriba de sus narices a sus vecinos del norte.

El uso irregular de fondos privados para la actividad política, contubernio delictivo con empresas privadas, ha cruzado los marcos éticos y judiciales y marca la agenda pública. Sobre todo cuando una de las referencias de este cruce de intereses, refiere a la Sociedad Química de Chile – SOQUIMICH – ex empresa estatal apropiada por el ex yerno del Dictador Augusto Pinochet, el empresario Julio Ponce Leroú, que lo mismo financiaba a Parlamentarios de la derecha que del Centro y la Socialdemocracia chilena representada por la Democracia Cristiana, El Partido Por la Democracia y el Partido Socialista. Incluso parlamentarios y candidatos presidenciales muy ligados, en su condición de víctimas o cercanos a familiares que sufrieron violaciones a los derechos humanos por parte de la dictadura pinochetista. Ese hecho muestra también la crisis moral de una clase política que trata, por todos los medios de resguardar sus privilegios y que se niega a cambiar estructuralmente las bases del país.

Sumamos el escándalo por tráfico de influencias, que afecta al hijo de la Presidenta y su nuera, por la compra de unos terrenos cerca de la capital, como también la conducta empresarial inmoral en la colusión por el papel higiénico, la venta de medicamentos, el cartel de los pollos, dificultades con los supermercados, entre otros, que tiene sumido al país en una crisis transversal y donde cualquier elemento que sirva para distraer la atención puede ser utilizado por una clase política y empresarial, que sabe y suele actuar unida. Ese marco hace pensar entonces, que la mejor salida para los partidos chilenos con representación parlamentaria y un gobierno desprestigiado, sea a través de ofrecer un frente común a las pretensiones de Bolivia de poner el ojo en situaciones externas ¿Por qué no? Si el argumento ha servido para Bolivia, ¿Por qué no para Chile? Resulta lógico pensar que en materia de política interna y externa no puede existir una teoría de cuerdas separadas, son parte de una misma conducta como país.

Lo bilateral ya no rinde frutos

La estrategia chilena de llevar permanentemente a Bolivia al escenario de lo bilateral se ha repetido de manera incansable y eso Bolivia, ha declarado hace varios años a la fecha que ya no lo acepta exclusivamente. Esto preocupa a una Cancillería chilena, que durante décadas usufructo de esa postura y de la crónica debilidad política interna y externa boliviana, que sin duda, antes de la toma de posesión de Evo Morales como jefe de Gobierno el año 2006 era un análisis bastante cercano a la realidad.

Pero, una década de gobierno masista, con una línea estratégica exterior definida como una Política de Estado irrenunciable, permite advertir una Bolivia muy distinta en sus planteamientos, su estrategia política, diplomática y comunicacional. Y sobre todo en el avance den temas de inclusión social, , estabilidad social y política, trabajo en el área de los medios d ecomunicación y libertad de expresión, un crecimiento económico que ha hecho hablar del “milagro boliviano”, nacionalización de riquezas naturales, una agenda ambiental y obras de infraestructura que le están cambiando el rostro al país. La errada percepción de la cancillería chilena, la clase política, repetida a coro por la mayoría de los medios de comunicación, es una constante errada y contumaz que nos condena a no llegar una solución que frena el desarrollo del norte chileno, el sur peruano y el occidente boliviano. Estrechamente ligados en su historia, sus potencialidades y beneficios para sus poblaciones.

Bolivia no es la misma y sobre todo en el aspecto de su política exterior, que se distancia de la vetusta visión chilena, que en el plano externo parece ir de tumbo en tumbo, sobre todo en su relación con los gobiernos sudamericanos, forzándolo a buscar alternativas de estrechamiento de lazos con los gobiernos de Colombia y México. Nuestro país, en el marco regional, vive una especie de marginalidad política, no así en lo económico, donde las empresas chilenas dan muestra de una mayor flexibilidad y dinamismo, invirtiendo allí donde haya gobiernos indígenas, de izquierda o autodefinidos nacionalistas en el Perú y que en su momento también denunció a Chile en los organismos internacionales. Esa marginalidad tiene cierta válvula de salida con el triunfo de Mauricio Macri en Argentina, con objetivos similares al chileno: mirar más al norte que a sus compañeros regionales. Ambos gobiernos buscarán estrechar lazos a través de la Alianza del Pacífico y la aspiración estadounidense de encontrar aliados en el cono sur latinoamericano.

La orientación externa de lo que hay que sostener frente las demandas bolivianas, según documentos de uso interno de la Cancillería chilena – elaborados algunos como cuestionarios frente a interrogantes que se planteen a las autoridades – mencionan, por ejemplo, la posibilidad que Chile se retire del Pacto de Bogotá. Exigencia que ha ido adquiriendo más vuelo, sobre todo en aquellos políticos del ala más belicosa de la política exterior chilena, ligados preferentemente a la derecha chilena – como los senadores Francisco Chahuan, Hernán Larraín, Juan Antonio Coloma y el Diputado José Manuel Edwards – pero también de partidos de gobierno, como es el caso del Senador DC, Ignacio Walker y el Diputado Jorge Tarud el PPD. En ese plano, la decisión de salir del Pacto de Bogotá para Chile no sería coherente “con nuestra posición como país serio, respetuoso del derecho internacional y firme defensor de los medios pacíficos de solución de controversias. La comunidad internacional podría verlo como un retroceso del compromiso de Chile con las reglas del juego internacional y tendría un enorme impacto en la imagen de Chile”. ¿Si se considera que es grave y contraproducente, según el documento mencionado, por qué se está avanzado por esta vía?

TeleSur