Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.Por Bruno Giometti*

En los últimos años hemos asistido a un cambio de la tendencia en los países cuyas economías tienen un mayor vínculo con la de nuestro país. En el año 2015 la economía brasileña, principal socio de la región, tiene una fuerte caída de 3,8% del PBI respecto al año anterior. A esto se suma la continuidad de la desaceleración económica de China, principal destino de las exportaciones uruguaya

Este nuevo escenario, distinto al que tuvimos durante los primeros diez años de gobierno del Frente Amplio, ya muestra consecuencias sobre la economía uruguaya. En este artículo analizaremos los principales impactos en las variables del mercado de trabajo, para luego discutir las posibles alternativas a seguir, centrándonos en el plano de la política salarial y de empleo.

Salarios y empleo en 2015 e inicios de 2016

Los datos de 2015 dan muestra de un deterioro en el mercado de trabajo, tras una década de mejoras ininterrumpidas en todos los indicadores. Más allá de esta caracterización general, es conveniente analizar lo sucedido con cada indicador para comprender la realidad con la mayor rigurosidad posible.

La tasa de empleo promedio de 2015 tuvo una caída de un punto porcentual y cuatro décimas con respecto al año anterior. Este indicador había alcanzado tasas históricamente altas entre 2011 y 2014 (oscilando entre 59% y 61%) llegando en 2015 al “piso” de esa franja. No se trata entonces de una situación de desplome, aunque supone nada menos que 28.000 puestos de trabajo destruidos en un año. En el primer cuatrimestre del corriente año la tasa de empleo ha mostrado una leve tendencia a la baja, dando continuidad a la tendencia de los meses anteriores.

Según el Instituto Cuesta-Duarte, en 2015 “el sector de la industria manufacturera es el más afectado por la caída del número de ocupados con unos 11.600 puestos de trabajo menos. Luego se ubican el servicio doméstico y el sector primario con caídas de unos 7.000 ocupados en cada caso”. Agregan que estos tres sectores explican un 93% de esta caída en la cantidad de ocupados.

La tasa de desempleo marca un ascenso en 2015, aunque de menor intensidad que la caída del empleo, dado que la búsqueda de empleo también se redujo, compensando parte del efecto generado por la destrucción de puestos de trabajo. La tasa de desempleo crece nueve décimas de punto porcentual en 2015 (de 6,6% a 7,5%), lo que de acuerdo a lo calculado por el Instituto Cuesta-Duarte supone unos 15.500 desocupados más que en el año anterior . Esta tendencia se afirma en los primeros meses del año 2016, donde entre febrero y abril dicho guarismo muestra una consolidación en el 8% según la estimación puntual del INE.

Respecto a los salarios, podemos decir que tras una década en que el crecimiento del salario real estuvo en torno al 4,25% anual (y en ningún año por debajo del 3% anual respecto al año previo), en 2015 este ritmo se desacelera en forma muy significativa. El salario real promedio en 2015 aumenta 1,56% con respecto al año anterior, con una clara tendencia a la desaceleración que se mantiene en los meses siguientes. En abril de 2016, el aumento interanual del salario real promedio llega a 0,85% y cumple su doceavo mes de desaceleración.

Al cierre de 2015 y en los primeros meses de 2016 se verifican caídas interanuales del salario real en varios sectores de la actividad privada, fundamentalmente en ramas de la industria manufacturera (textil, vestimenta, metalurgia, automotriz) y también en otros como el comercio y la salud privada.

La caída en el número de asalariados en 2015 fue 2,2% respecto al año previo (mayor a la reducción del número de ocupados), con lo cual la masa salarial global tiene una caída por primera vez desde que gobierna el Frente Amplio (el aumento promedio del salario real es a una tasa menor que la caída del número de asalariados). Sumado a una variación positiva del Producto Bruto Interno (aunque leve), esto implica una caída de la participación de la masa salarial en el ingreso nacional, es decir, un empeoramiento en la distribución funcional o factorial de los ingresos, desde la perspectiva de los trabajadores asalariados.

Caminos a seguir

Entendemos que existen alternativas de política económica que permitirían proteger el salario real, tender a incrementar su peso en el ingreso nacional y generar empleos de calidad. Estas políticas tienen límites, que marca en última instancia la ganancia del capital: en una economía capitalista, si no hay una perspectiva de ganancia adecuada, se detiene la acumulación y el crecimiento económico. Creemos que aun hay margen para erosionar la ganancia del capital sin que esto implique huida de inversiones, así como posibilidades de realizar políticas expansivas desde el Estado, si se financian mediante instrumentos fiscales de elevada progresividad y no recesivos.

Modificar los lineamientos de la política salarial

Una de las razones que ha llevado a una desaceleración de la evolución del salario real promedio son los nuevos lineamientos para la negociación colectiva en el sector privado, establecidos por el Poder Ejecutivo a mediados del año pasado. Estos lineamientos orientan a que se acuerden ajustes de periodicidad semestral en lugar de anual, es decir los dividen en dos partes; difieren en el tiempo los correctivos por inflación para salvaguardar el poder adquisitivo; finalmente, el esquema de porcentajes de ajuste planteado resulta compatibles con un crecimiento del salario real solamente bajo el supuesto de una inflación descendente, algo que en los meses posteriores al establecimiento de estos lineamientos ha estado muy lejos de cumplirse.

En los lineamientos se visualiza la idea de que con una moderación de los ajustes salariales, se va a lograr una trayectoria descendente de la inflación. La realidad de los siguientes meses ha mostrado que los salarios no serían el factor fundamental para explicar los aumentos de precios al consumo en nuestro país, dado que la evolución de los salarios se ha moderado mucho y los precios se han acelerado.

Entendemos que se deben revisar los lineamientos de la negociación colectiva. Los correctivos de inflación deben ser anuales, para asegurar el poder de compra del salario de los trabajadores. Por su parte, los porcentajes de ajuste deben estar orientados no a contribuir a la baja de la inflación por el lado de los costos, sino a asegurar que, como mínimo, el peso de la masa salarial sobre el PBI no caiga.

De no modificarse los lineamientos salariales y si la inflación se mantiene en los niveles actuales, es esperable que el salario real tenga en 2016 un estancamiento (en el mejor de los casos) o una caída, lo cual sumado a un nuevo descenso en el número de asalariados y un PBI que crece (aunque sea levemente), implica un nuevo descenso de la participación de la masa salarial en el PBI, por segundo año consecutivo, algo inadmisible desde una perspectiva de izquierda.

Nada indica que la participación de la masa salarial en el PBI global no se pueda incrementar sin perjudicar los niveles de inversión y empleo. El peso de la masa salarial en el PBI es hoy mayor al que era hace 10 años (lo que demuestra que una economía puede crecer con una tasa de plusvalía en descenso), pero inferior al que se registraba en 1998, en el tramo final del ciclo expansivo de la década neoliberal.

Generación de empleo de calidad 

Existen múltiples mecanismos para impulsar el empleo, compensando la destrucción de puestos de trabajo que se viene dando en la actividad privada.

Una muy importante tiene que ver con el impulso de la inversión pública, fundamentalmente en aquellos rubros de mayor potencial generador de empleo, como ser la infraestructura y la vivienda. Vemos con preocupación algunas de las orientaciones planteadas en la propuesta de rendición de cuentas que pudieran afectar el empleo en el sector público así como la incertidumbre respecto a la concreción de las inversiones anunciadas el año pasado.

Otra línea de acción debe ser la continuidad de la apuesta por el desarrollo del sector autogestionario y cooperativo, que en el marco de la economía capitalista necesita de un impulso inicial por parte del Estado, a través de créditos más favorables, priorización en las compras del Estado, asesoramiento, etc. Además de la posibilidad de generar empleo, esta línea va en el sentido de potenciar una nueva lógica de producción y distribución (no capitalista) lo cual es muy relevante desde el punto de vista político.

Este impulso al empleo de parte del sector público que planteamos, evidentemente genera gastos, lo cual entra en contradicción con la orientación planteada desde el Poder Ejecutivo de reducir el déficit fiscal. No decimos que el déficit fiscal no sea importante, todo lo contrario. Por un lado, creemos que reducir el déficit fiscal mediante políticas contractivas sobre el salario y el gasto público, puede conducir no a solucionar sino a recrudecer el problema, si la caída del nivel de actividad genera menor recaudación y se ingresa en un círculo vicioso recesivo. Por otro, entendemos que el sector público podría conseguir ingresos mediante instrumentos que no tengan consecuencias recesivas, como por ejemplo incrementando la presión fiscal sobre la riqueza acumulada o eliminando exoneraciones fiscales que no se justifiquen.

Conclusiones

El bloque de los cambios se encuentra en un cruce de caminos. Ante un empeoramiento de las condiciones externas, las alternativas son la aplicación de un ajuste convencional maquillado (con perjuicio sobre los salarios y el empleo, lo que implica consecuencias políticas de mucho costo para dicho bloque de los cambios) o generar las condiciones para que la mayor parte del ajuste recaiga sobre el capital y la gran propiedad.

Esta segunda opción implica instrumentar medidas en diversos planos (política salarial, de empleo, de precios, fiscal) para avanzar en la monumental tarea de disciplinar al capital, con perspectiva anti-capitalista si pretendemos (en un plazo más largo) superar los límites estructurales de estas políticas. v

Bibliografía y fuentes

– Empleo y salarios 2015-2016. Algunas reflexiones y números. Instituto Cuesta-Duarte. Febrero 2016.
– Sobre los lineamientos del Poder Ejecutivo para la sexta Ronda de Consejos de Salarios. Instituto Cuesta-Duarte. Julio 2015.
– Los Consejos de Salarios en un punto de inflexión. Artículo en Suplemento “Valor” (semanario El Popular). Junio 2016.
– Instituto Nacional de Estadística (INE). Datos.
– Proyecto de ley de Rendición de Cuentas. Junio 2016.

*Economista. Docente de la Facultad de Economía y Administración de la Universidad de la República Oriental de Uruguay. Integra el equipo de economistas del Instituto Cuesta Duarte de la central unitaria de trabajadores PIT-CNT. Publicación del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico y de surversion.uy