En una economía pequeña como la uruguaya, las importaciones son un termómetro que cuenta una buena parte de lo que está sucediendo en la economía. En este caso, la reducción del 18% en el total importado en dólares es una mezcla del menor nivel de actividad con la baja de los precios en dólares de los bienes que compra el país al resto del mundo. En definitiva, hay un shock positivo por el lado de los precios que es de gran ayuda en el contexto recesivo del país y la región.

La economía del mundo está en un momento en el que los precios no tienen fuerza para subir. De acuerdo con el Fondo Monetario, la variación proyectada de los precios al consumidor para este año en las economías avanzadas es de tan solo 0,8% pero cuando se miran otros indicadores de precios como los precios al productor en actores claves en el comercio mundial como China, Japón y Estados Unidos, se comprueba un contexto general deflacionario que se transmite a todo el mundo. El mismo volumen de comercio de bienes global presenta tasas de crecimiento cada vez más pequeñas en una señal más de la presión que existe a la baja en los precios.

Para el cambio de signo hay que esperar a mejores condiciones de demanda y consumo. Es por eso que el monitoreo se debe realizar sobre los indicadores de producción en los principales productores de manufacturas en el mundo.

Volviendo a nuestro país, en los doce meses que terminan en octubre de 2016, el total importado fue US$ 8.038 millones. Para comparar el estado actual de las importaciones en dólares a lo largo del tiempo es conveniente depurar la cifra de las compras de petróleo y derivados (en los casos que corresponda también de energía eléctrica). En el gráfico de la parte superior del cuadro adjunto se observa esta evolución en los últimos cinco años. El nivel máximo se alcanzó en junio del 2014 (US$ 9.932 millones), la contracción es leve hasta marzo del 2015 y desde ese entonces se precipita hasta alcanzar los US$ 7.353 millones de octubre del 2016.

Las importaciones sin petróleo y derivados registran en el último año una contracción del 16%. En todas las categorías de uso de las importaciones hay variaciones negativas pero hay diferencias de comportamiento.

El 31% de las importaciones en el último año terminado en octubre correspondieron a bienes de consumo y la tasa negativa fue del -9% en comparación con el mismo período un año atrás. En los bienes de consumo se tiene el caso de los alimentos y bebidas con una tasa de -11%, los automotores con -17%, los bienes duraderos con -7% y los restantes bienes con -6%. Es probable que en estas categorías se produzcan dos efectos: el impacto global de menores precios en los bienes manufacturados y un cambio en la mezcla de lo que se importa con un traslado hacia productos de menor precio en el contexto de menor ingreso en dólares en los hogares. El 19% del total comprado al resto del mundo fueron bienes de capital.

En este caso la caída es más profunda con una tasa de -20%. Esta reducción se produce en el sector privado (-31%) ya que las compras de parte del sector público suben en comparación con el año anterior. Esta variable va de la mano con la inversión de la economía ya que se trata de maquinarias y equipos junto a material de transporte y terminados los grandes proyectos y con una política impositiva más agresiva contra la inversión de capital, se nota un freno.

El grueso de las importaciones son bienes intermedios que se utilizan como insumos en la producción nacional. Esto es importante pues cuando se habla de apertura de la economía se está hablando directamente de la competitividad que se logra al poder tener los mejores insumos del mundo a precios de los mercados globales. El 41% del total importado en el último año corresponde a esta categoría siempre que no se cuente el petróleo crudo, los combustibles y la electricidad por separado. La tasa de variación del promedio del último año contra el mismo período en el anterior fue del -19%.

Por su parte el rubro petróleo y derivados sigue una evolución muy asociada con el precio internacional del crudo. En el gráfico del medio en el cuadro que acompaña esta nota se presentan los dólares gastados en la importación de estos insumos energéticos para períodos de doce meses terminados en cada mes.

Es una serie de datos que hay una reducción sostenida que ya lleva más de dos años y medio. En el año terminado en marzo de 2014 estas importaciones alcanzaron US$ 2.300 millones y los doce meses a octubre del 2016 se encuentran US$ 789 millones, casi la tercera parte.

Ciertamente, la cuenta que surge de las compras de combustible al exterior se redujo sustancialmente. Por lo general, no hay una caída importante en los litros comprados aunque el contexto de menor nivel de actividad también está operando sobre el volumen físico de importaciones de estos insumos energéticos.

Es posible, a través de los datos que publica el BCU, separar cuánto de la caída se corresponde a menores precios y cuánto a una reducción en el volumen físico comprado. En los dos gráficos de la parte baja del cuadro se presentan por separado los variaciones de precios y cantidades en los últimos cinco años. Dada la evolución particular del petróleo se deja de lado la evolución de este insumo y se consideran tres agregados: consumo, capital e insumos intermedio sin energéticos.

En el caso de los precios la reducción de precios es sostenida en los últimos cinco años y muy intensa en los dos últimos. Ocurre para todas las categorías de bienes tal como se ilustra en el gráfico de la izquierda.

Del lado del volumen físico la caída no es tan pronunciada y comienza un poco más tarde. Esto coincide con la percepción de que la economía uruguaya ingresó en una fase distinta a mediados del 2014, por lo tanto con impacto en los dos años siguientes. Los bienes de consumo son los que menor impacto sienten en las cantidades pero los de capital e intermedios registran una caída de poco más del 10% cuando se comparan los doce meses a octubre del 2016 con el mismo período en el año anterior.

La historia que cuentan las importaciones son las de un nivel de actividad económica que pierde fuerza en comparación con los últimos años pero que persiste el efecto riqueza que genera una reducción bastante generalizada de los precios de los bienes que se compran al resto del mundo.

Si esos bienes reducen su precio, se podrá comprar la misma o mayor cantidad e igual quedará un sobrante de ingresos disponibles para aplicarlo a otros consumos.

El País