Por Agustín Lewit

En su primera semana, el flamante Gobierno argentino dispuso una serie de medidas tendientes a liberalizar la economía. A la eliminación de las retenciones a la producción agropecuaria e industrial, se le sumó el anuncio del fin del control estatal sobre el mercado de divisas. NODAL Economía entrevistó a Enrique Martínez, coordinador del Instituto para la Producción Popular y ex presidente del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) para conocer el impacto de los anuncios.

¿Cuáles cree que serán los principales efectos de la eliminación de las retenciones agropecuarias, dispuesta recientemente por el gobierno de Mauricio Macri?

Se produce una transferencia de ingresos a un eslabón de la cadena – los exportadores – que es luego responsable de trasladarlos al resto de los actores. Eso sucede de manera asimétrica, siendo enteramente previsible que aquellos de menor peso queden relegados, como lo confirma toda experiencia histórica. Asimismo, los granos que son materia prima industrial – el trigo y especialmente el maíz – aumentarán los costos de una serie de productores – leche, pollos, carne vacuna, azúcar de maíz, bioetanol – que deberán ser asumidos por los consumidores o en algunos casos – el bioetanol – derivarán en pedidos de subsidios que finalmente pagará la ciudadanía.

Tal como lo admitió el propio gobierno, dicha medida supone la pérdida de importantes ingresos por parte del Estado. ¿De qué forma cree que subsanará esa caída de ingresos?

La disminución máxima de recaudación será de 26000 MM$ por año, que será ampliamente compensada por la reducción de subsidios a la energía eléctrica que está en proceso de aplicarse. La baja de retenciones agropecuarias la pagarán los consumidores, al pagar la tarifa de energía y al comprar sus pollos.

El gobierno acaba de eliminar los controles sobre el mercado de divisas, lo cual produjo una devaluación de nuestra moneda. ¿Quiénes ganan y quiénes pierden con esa jugada?

Esta devaluación no tiene un fin comercial, de estimular las exportaciones y favorecer la sustitución de importaciones, como sucede en el mundo central. Una economía tan primarizada no expandirá sus exportaciones de manera importante y solo reducirá sus importaciones por caída de la actividad económica y no por sustitución. El fin primero de la devaluación es favorecer al sector financiero, como lo demuestra que se han establecido todos los escenarios conocidos que favorecen el ingreso de flujos financieros de corto plazo, sin restricciones, su colocación con tasas de interés en pesos muy altas y la transformación posterior en dólares, con tasas reales en divisas, que serán superiores largamente a la media mundial. Esta operación, conocida como bicicleta financiera, generará el espejismo del ingreso de divisas y durará mientras se mantenga el diferencial de inflación respecto de las tasas en pesos, para perjuicio de la comunidad en su conjunto.

Según lo dio a conocer el propio gobierno, hay una fuerte estrategia en marcha para conseguir préstamos extranjeros. ¿Qué riesgos supone eso?

El país tiene un muy bajo endeudamiento externo en divisas y por lo tanto, una política controlada por el sector financiero tendrá un alto margen para volver a endeudar la Nación. El resultado – como buena parte de los efectos de las medidas adoptadas – es enteramente previsible: el reemplazo de inversiones públicas por el pago de intereses de la deuda.

El gobierno pasado tuvo una firme política contra los fondos buitre. La gestión actual ya dio algunos indicios de negociación. ¿Qué consecuencias podría tener ello?

Se sumará la capitalización de la deuda al pasivo global, con una posible variante, que de acceso a algunos de los fondos buitres a la compra de patrimonio nacional que se habrá de abaratar en dólares, luego de la devaluación. Una fiesta financiera.