Para el ex ministro de Hacienda, la Nueva Mayoría ya tuvo su período y no funcionó, por lo que plantea volver a la Concertación, pero renovada. Señala que la actual administración quiso irse a la equidad pura, olvidándose del crecimiento, pero “ni siquiera la supo construir”. Para 2016-2017 no ve recesión, pero sí un resultado muy mediocre y acusa que “al ministro Valdés lo tienen como membrillo de colegial”.

Con su segunda novela ya terminada y próxima a pasar a la etapa de edición para ser publicada a fin de año nos recibe el ex ministro de Hacienda Eduardo Aninat. La primera, Economía de desamparados, vendió 500 ejemplares y recibió críticas que él acogió y que busca enmendar en esta nueva entrega. Cuenta que el tema central es el amor y que se estructura en tres historias paralelas de personajes vinculados entre sí y ambientadas en distintas ciudades de Europa, las que tienen como factor común el Mediterráneo.

Pero no es que Aninat se haya cambiado de caballo: la novela es una entretención y la forma de dar salida a su lado más humanista y artístico. La economía y, como él mismo precisa, “la política desde hace unos cinco años”, siguen siendo el core de su quehacer actual, dividido entre tres universidades, dos fundaciones, un directorio de empresa -Scotiabank- y el multi family office Portfolio Capital, además de una intensa actividad en su partido, la DC.

Desde esa tribuna, su análisis de lo que enfrenta el país es uno solo: el gobierno se sobregiró en promesas y estresó la economía; el ministro Valdés hace lo que puede, pero está muy solo; y la administración que venga -que a su juicio se definirá entre Lagos y Piñera- tendrá que ordenar y priorizar, apuntando a un plan de desarrollo de largo plazo si quiere volver a crecer sobre 3%, lo que debiera ser su principal objetivo. De lo contrario, advierte, el riesgo es quedarnos en la mediocridad actual.

Usted ha dicho que este gobierno se olvidó del crecimiento. ¿Por qué pasó eso: desconocimiento, exceso de confianza, soberbia?

Creo que hubo una excesiva confianza de que el sistema económico chileno podía soportar cualquier cosa. Tal vez la Presidenta y su equipo íntimo pensaron: este sistema ya está asentado para siempre, metámosle más cosas en lo social y político. Y segundo, ese afán, que se lo cuelgo a sus asesores, pero también a la Presidenta, de querer hacer de todo en todos los campos. Hay una vieja lección en economía política de que eso no funciona. Se olvidaron de priorizar.

¿Y esas falencias ya no se corrigieron? 

Veo a los ministros Valdés, Pacheco y Céspedes diciéndole a la Mandataria que el crecimiento es importante y hay que cuidarlo. Ellos tratan de hacer lo posible, pero están muy huérfanos. Yo estuve en tres gobiernos y no había visto esta cosa actual en que al ministro de Hacienda y a algunos ministros sectoriales los tienen en el centro de la política del día a día todos los días. Me impresiona ver al ministro Valdés todos los días en el Parlamento defendiendo a ministros sectoriales que parecen estar más apocados y sin apoyo fuerte del equipo político de La Moneda. Tengo una crítica medular en relación a eso. En el gobierno de Frei yo siempre me sentí seguro, con una gran confianza del Presidente y un buen manejo del equipo político de la época: Carlos Figueroa, José Joaquín Brunner y Juan Villarzú. Todos apoyaban y conducían, yo no tenía que estar solo en todas las batallas. En cambio, veo a este equipo económico-técnico solitario, y no hay nada peor que los llaneros solitarios.

En ese sentido, ¿cómo ve al ministro Valdés?

Aguantando lo posible y tal vez pensando: que esto termine pronto. No quiero interpretarlo, pero me pongo en sus pies y sufro yo de sólo mirarlo. Es muy buena persona.

Siempre pareciera estar tratando de atajar goles.

De atajar goles y de poner la cara. El equipo de La Moneda lo que tiene es que no le gusta poner la cara. La ponen cuando cortan la cinta. En los gobiernos de Aylwin y Frei el equipo político ponía la cara. Se les ve un poco ausentes.

¿Y eso alcanza a la Presidenta también? 

Por supuesto, en el último tiempo a mí me ha impresionado. En agosto y septiembre la he visto como ausente, y estar ausente es complejo en política. La política es como el fútbol. En el fútbol, un buen equipo que tiene estrategia siempre está ocupando el mediocampo, no lo deja vacío para que se lo tome el equipo contrario. Aquí, el mediocampo está muchas veces sin nadie en la cancha.

¿Cómo ve la marcha de la economía para lo que queda del año y 2017? 

Sin sorpresas. Este país va a cerrar el año con un crecimiento de 1,6% o 1,7%, súper mediocre, pero era lo esperado, y por lo menos no es 0% o negativo. Y el próximo año podemos aspirar a un 2%, porque va a haber más gasto público y porque hay un rebote en sectores que están muy castigados. Este va a ser el gobierno del casi 2%, muy inferior al 4%, 5% o 6% que se creció en la Concertación, pero no preveo recesión.

¿Hasta cuánto puede elevarse el desempleo, hoy en 7,1%? 

Va a seguir creciendo, pero poco. Puede llegar al 8%, pero no al 10%.

¿Ese peak lo ve este año o puede trasladarse al próximo? 

Creo que será a principios del próximo año: marzo, abril, mayo, en torno a 8%. Pero no más, debido a los empleos asociados al sector público.

Se ha mencionado también la posibilidad de que caigamos en una recesión técnica. ¿Lo comparte? 

No. Estamos malón, pero no en crisis.

¿De qué depende que esta economía pueda recuperarse y cuándo? 

Esencialmente de la buena política, de la priorización adecuada, de la prevención de lo que pase en el exterior. Que tengamos unos políticos que vayan a una especie de guardería, pasen un fin de semana de la pelea y el combo, y salgan ordenados y digan ya, concordamos en estos puntos y a esto se va a dedicar el país.

Y si eso no ocurre, ¿qué implica seguir creciendo al 2% y al 3%? 

Algunos amigos míos de Cieplan dicen que implica caer en la trampa de ingresos medios. Pero con todo respeto, eso es demasiado técnico. A nivel de la calle nos condenamos a quedarnos en una mediocridad.

¿El ministro Valdés va a lograr cumplir con un Presupuesto 2017 austero, pese a las presiones políticas en año de elecciones? 

Con ayuda plena de La Moneda sí, y además porque el sector político más vociferante diga: cuidado, no podemos hacer más locuras, porque quedan los últimos metros, y si nos sacamos una foto muy mala, se acabó. Entonces, va a haber autocautela del propio gobierno.

Dado lo que prevé para el Presupuesto, ¿cree que el ministro Valdés acompañará al gobierno hasta el final? 

Estoy seguro que va a seguir hasta el fin del gobierno. Hoy lo veo más empoderado.

¿Y esa es una prenda de garantía? 

No suficiente, porque al ministro Valdés lo tienen como membrillo de colegial. Lo mandan a pelear por la reforma laboral, a lo mejor lo voy a ver en la discusión del aborto… ¿Dónde está La Moneda ahí?

¿Dónde se fueron los estrategas, los técnicos y los buenos políticos de la centroizquierda? 

Creo que este gobierno no les dio mucha cabida. ¿Por qué dos ex senadores extraordinarios como Camilo Escalona y Antonio Viera- Gallo no están aquí en primera fila? ¿Por qué la gente de Cieplan desapareció?

¿Qué explicación tiene usted para eso? 

La única posible es un poco el sectarismo y el triunfalismo.

¿La retroexcavadora también se quiso pasar sobre esos sectores de la Concertación? 

Sí, sobre aquellos intelectuales que venían de atrás y que tuvieron mucho compromiso con Lagos y Frei. A ellos había que rezagarlos para darles la oportunidad a otros que estaban más iluminaditos, pero resulta que no estaban tan iluminados, porque los resultados han sido mediocres.

Pero hoy la Nueva Mayoría (NM) es crítica de la política de los acuerdos que defienden ustedes. 

El lema del gobierno, tanto de Aylwin como de Frei, era crecimiento con equidad. Este gobierno quiso irse a la equidad pura y ni siquiera la supo construir.

¿No será también que dichos gobiernos quedaron al debe en la equidad y eso gestó esta revancha? 

Mi interpretación es que el equipo que todavía manda en La Moneda y que todavía es central en varios partidos no se dio cuenta de que en vez de denostar el pasado, nosotros estábamos sembrando una base de más estabilidad, de inflación baja, de desempleo muy contenido y, sobre todo, de crecimiento bueno para que ellos ahora profundizaran los esfuerzos de equidad que ya se estaban haciendo. Pero la poca sabiduría de los iluminados de ahora, el señor Atria, Güell, Nico Eyzaguirre también, es decir borrón y cuenta nueva, nosotros podemos solitos y se han costaleado.

Hay gente que advierte del riesgo de farrearse el país. ¿Advierte ese temor?  

Hay bastantes temores con la gente que yo hablo. La gente que está más preocupada es la clase media trabajadora, que mira a los políticos con cierto escepticismo, que va a votar, pero que básicamente revela que estamos confundidos. Antes, como que había un gran plan nacional, una dirección gruesa que estaba ahí, y hoy día todo está en cuestión. Eso desorienta, porque saben que al final pagan la cuenta y mire cómo la pagan. Mi preocupación principal hoy día es la clase media trabajadora, porque ellos no tienen ni un subsidio del Estado y dependen mucho de la calidad de la infraestructura del Estado. Si hoy fuera asesor de algún candidato presidencial, le diría mira la clase media, ahí hay un piso social.

Usted trabaja hoy en la UDD con Cristián Larroulet, ex ministro Segpres de Piñera y emblemático economista de la derecha. ¿Puede lograr más puntos de acuerdo cruzando la vereda política que con los sectores más radicales de la NM? 

Tengo la esperanza de que sí, pero también soy muy realista. Creamos esta instancia que se llama “Cómo volver a crecer” y tenemos una articulación de alrededor de 30 personas, de las cuales la mitad son pensadores académicos, y la otra mitad del sector empresarial o laboral. ¿Cuál es el requisito para participar? Esto no es lobby. Para lobby vaya a la Sofofa, a la CPC o a la CUT. Aquí venimos a pensar el país en más largo plazo. Es la base de lo que armó Edgardo Boeninger; si hablar con el contrincante no es pecado. Lo que hay que hacer es decantar: decir, de estas 10 cosas, en cinco estamos de acuerdo y partamos por ahí. Es la vieja idea de la democracia dialogada.

¿Se pueden revalidar ante la ciudadanía las políticas de acuerdo de los 90-2000? 

se media, que es la más numerosa en Chile, que es la más desesperanzada y buscando líderes, lo va a exigir, porque no quiere más kindergarten de pelea y el kindergarten de La Moneda actual ya lo pasaron y no les fue bien. Entonces, se quiere una cosa mucho más operativa, constructiva y con todos.

¿Cómo se hace para que no sean catalogadas como arreglos entre cuatro paredes o concesiones excesivas  ante el otro? 

Bueno, transmitiéndolas públicamente. En eso, el rol de la prensa es fundamental. Hay que decirle al país esto es lo que estamos pensando, este es el borrador y estos son quienes lo hicieron. Abiertamente. Esas comidas de cuatro paredes no le hacen bien al país, porque no hay nada que ocultar.

¿Usted se reconoce como un economista de la Nueva Mayoría? 

No, me reconozco como un político de la vieja Concertación y, para ser franco, a pesar de que vivo de la economía, me he puesto más político en los últimos cinco años, porque he aprendido el valor de lo institucional y social, que tal vez la economía no lo da tanto.

¿Dicho bloque sobrevivirá para el próximo período presidencial? 

Eso es lo que está en juego y en el centro del tema. No estoy en ninguna posición de liderazgo para darle una visión contundente, pero mi sensación es que tendría que hacer radicales cambios y profunda cirugía para que siguiera funcionando.

¿Por qué? 

Primero, porque el programa del señor Arenas fue escrito apurete y lamentablemente los técnicos de los partidos que participaron no nos contaron lo que venía. No se discutió mucho, fue un programa sin detalles, con puras frases. Eso no puede repetirse jamás. Primera condición de la cirugía: ya no hay más operadores ganando frases rápidas para afirmar un programa para que el candidato salga a la calle. Esta cuestión tiene que ser muy bien pensada. Por eso la DC, con el liderazgo de Carolina Goic, juntó 500 profesionales en una jornada, en varias comisiones, y ahí están las primeras bases. Hay que trabajar mucho más, pero creo que en marzo va a haber un programa. Cada partido tiene que hacer eso.

¿Y la presencia del PC en la NM? 

Discutir si va a estar el PC o no me da un poco lo mismo, porque por qué se le podrían negar cuatro embajadas en Asia, dos en Centroamérica y alguna representación, y por qué podría uno negarles que tuvieran varios concejales si en algunas alcaldías lo hacen bien. Entonces, no es central. El PC no tiene más de 5% de los votos y lo que hay que darle es la proporción correspondiente a eso. Pero en este gobierno se han equivocado con el PC, porque los toman como si fueran más del 50% de los votos. Hay un problema de proporcionalidad.

¿Pero eso quiere decir que sacaría al PC del gabinete en un eventual nuevo gobierno? 

No me corresponde a mí responder eso, porque no soy candidato a nada, pero usando la imaginación buscaría jefaturas de servicios y una que otra subsecretaría. Hasta ahí llegaría.

Eso significa… 

Que quiero volver a la vieja Concertación, sí, pero renovada. ¿Por qué? Porque soy empirista. El que fundó la ciencia moderna es Bacon, el empirista inglés en el siglo XVII. En el fondo, la NM ya tuvo su período y no funcionó. En cambio, la otra funcionó y tuvo cuatro grandes gobiernos. Entonces, ¿por qué hipotecarla?

Sin embargo, la NM acusa a esos gobiernos de haber quedado muy al debe. ¿No fue así? 

Le vamos a responder la pregunta en marzo de 2018, para ver cómo quedó al debe esta NM. Veremos cuál quedó más al debe. Además, la crítica es sólo de algunos, porque si uno va a las bases del PS o del PPD, ellos no reclaman contra la vieja Concertación. Al revés, sienten que se movilizaron y tuvieron oportunidades con ella. Son algunas cúpulas de arriba, los operadores, los que reclaman, pero cada día menos, ya están cerrando la boca. Habría que decirles cuando la señora Bachelet entregue el mando, el 11 de marzo de 2018, cuál es el balance. Comparémoslo uno a uno con el de Aylwin, con el de Frei y Lagos, a ver qué pasa. Estoy seguro de que con los datos de hoy lo más probable es que el de ella sea el menos efectivo.

Hay quienes lo califican como el peor gobierno desde la vuelta a la democracia. 

Yo no diría eso, pero sí que este gobierno será el que quedará más al debe respecto de las promesas que hizo. Si nos prometió todo.

¿Cuál va a ser el principal desafío del nuevo gobierno? 

Proponer un plan de desarrollo a largo plazo al país, fundamentalmente -pero no exclusivamente- guiado por la iniciativa privada, que contenga incentivos adecuados y que dé una plataforma de libertad. Junto a eso, tener un diagnóstico mucho más acabado y darle un sentido más profesional al sistema de empresas y agencias públicas. Debemos ir a un capitalismo 2.0, mejorado. Ese es el perímetro y adentro el rol del Estado debe ser lo social: educación, vivienda, salud, seguridad.

La Tercera