En un momento en que las economías de América Latina y el Caribe están teniendo dificultades para adaptarse a la desaceleración de China y al efecto continuo de la crisis financiera en la Unión Europea y los Estados Unidos, el estado de ánimo en República Dominicana, por el contrario, es de tranquila confianza en el futuro.

“El gobernador del Banco Central de México me dijo hace poco que estamos riendo mientras que nuestros vecinos están llorando”, dice el gobernador del Banco Central,Héctor Valdez Albizu, y agregó: “El gran riesgo para la región proviene de la caída de los precios de las materias primas: América Latina ahora se enfrenta a las condiciones que reducirán el crecimiento.”

Valdez Albizu ha trabajado en el Banco Central durante la mayor parte de su carrera profesional, ascendiendo de cargo después de su ingreso en 1970, para convertirse en Gobernador en 1994, cargo que ha ocupado continuamente desde entonces, aparte de un descanso de cuatro años entre 2000 y 2004. Siendo una persona enterada y veterano de políticas, es uno de los principales arquitectos de las reformas económicas de República Dominicana de las dos últimas décadas y ofrece una visión única de la exitosa historia de su país y lo que la diferencia de sus vecinos de la región.

“En términos generales, hay dos tipos de economías en América Latina y el Caribe: las que se centran en la exportación de materias primas y productos primarios y las que, como la nuestra, que aunque son pequeñas, son abiertas, flexibles y diversificadas”, explica el funcionario en entrevista con la revista FIRST.

Después de crecer en un promedio de 4.3% entre 2004 y 2011, las economías de América Latina lograron apenas un 2.6% en 2015. “Brasil ha tenido que aumentar las tasas de interés drásticamente para contener la inflación y es poco probable que supere el crecimiento registrado en 2013 de 2.3 por ciento. Aunque menos impulsada por las materias primas que Sudamérica, es poco probable que México tenga mejor desempeño. Los datos sugieren que Chile está creciendo al ritmo más lento de los últimos cuatro años. Incluso Perú, que junto con Panamá ha sido la economía estrella de la región durante la pasada década, está sintiendo los efectos,” dice Valdez.

“El año pasado, Brasil entró en recesión, mientras nosotros disfrutamos de un crecimiento de 7%; el año anterior fue de 7.3%. El crecimiento de nuestra economía no se ha visto afectada por la crisis financiera en los EE.UU. o la desaceleración de China”, continúa, señalando que en 2015, el turismo, el sector más grande de la economía, generó US$6.5 mil millones en ingresos en divisas, al tiempo que las remesas de los dominicanos que residen en el extranjero ascendieron a US$4.5 mil millones. En total, los ingresos en divisas de la República Dominicana derivados del turismo, las remesas, la inversión extranjera y las exportaciones de bienes y servicios para el año pasado superaron los US$23 mil millones o el 35 por ciento del total del PIB, dice Valdez. La economía del país tiene un valor aproximado de US$61 mil millones. La inflación se mantiene en el 2.3 por ciento, que es por debajo del objetivo del 4 por ciento fijado por la Junta Monetaria.

Valdez dice que tampoco está excesivamente preocupado por las secuelas de la situación en Venezuela, a pesar de que su economía fuertemente dependiente del petróleo ha sido puesta en picada por el colapso de los precios del crudo, privando al país de dinero en efectivo para pagar los subsidios a la energía interna y los bienes importados. Ya que le quedan pocas reservas en divisas, la economía se está contrayendo, la inflación se ha disparado y el gobierno ha recurrido a racionar los comestibles y otros productos básicos de consumo.

Durante el gobierno del fenecido presidente Hugo Chávez, Venezuela puso en marcha el llamado acuerdo de Petrocaribe, en 2005, buscando de ese modo convertirse en un proveedor de energía de bajo costo y ganar el favor político entre las pequeñas economías insulares que dependen en gran medida de las importaciones de petróleo. Desde entonces, la política se ha reducido drásticamente.

“Afortunadamente, República Dominicana tiene fuentes más diversas para las importaciones de petróleo y no se verá tan afectada por la pérdida del petróleo venezolano barato”, observa Valdez. Además, dice, gran parte de la fuga de capitales de Venezuela se ha colocado en los sectores comerciales y financieros dominicanos.

Mirando hacia el futuro, él cree que se encontrará una solución para el atolladero de Venezuela: “Habrá algún tipo de gobierno de transición que abrirá el camino hacia elecciones libres e irrestrictas”.

Aprendiendo de las lecciones de la historia
República Dominicana aprendió las lecciones de la excesiva dependencia de las materias primas durante el gobierno militar de principios de la década de los años 60. Cuando emergió de la dictadura en 1965, los sucesivos gobiernos introdujeron leyes para crear una base industrial y diversificar la economía.

Para mediados de la década del 90, después de haber sentado los fundamentos para una base económica razonablemente diversificada, los sucesivos gobiernos comenzaron a establecer zonas económicas especiales que proporcionaban las condiciones ideales para la inversión de capital, permitiendo, efectivamente, que las empresas dentro de las zonas operaran al margen de la economía interna normal.

Lo que la RD también hizo fue abrazar la globalización. Si bien desde entonces muchos otros países han hecho lo mismo, la experiencia de la República Dominicana ha penetrado más profundamente, dice Valdez.

Para los primeros años del nuevo milenio, la economía dominicana estaba más fuerte que nunca: había gozado del mayor crecimiento económico en América Latina desde la década del 70, con un promedio de 3.2 por ciento anual hasta 2003. Sin embargo, en ese mismo año se embarcó en el rescate del Banco Intercontinental (conocido como Baninter), el segundo banco privado del país, lo que provocó una crisis que duplicó la deuda del gobierno y destruyó el valor de la moneda.

“Se necesitaba una revisión drástica para restaurar la estabilidad macroeconómica y la confianza en el sector financiero, así como para controlar la espiral de las tasas de interés y de inflación”, explica Valdez.

En los años posteriores una serie de reformas financieras contundentes, junto con una estrecha coordinación entre las políticas monetarias y fiscales, marcaron el comienzo de un nuevo período de crecimiento económico y de revitalización en todos los sectores.

Desde entonces, el país ha seguido atrayendo la IED, que ha aumentado en un 245.5%durante la última década. “Los principales factores que han influido en este aumento son la estabilidad macroeconómica del país, la baja inflación y la estabilidad relativa del tipo de cambio, así como un sistema financiero sólido, líquido, solvente y bien capitalizado”, dice Valdez.

“La creación de las condiciones que los inversionistas necesitan no es una ciencia complicada”, señala, destacando el efecto de la legislación continuada para mejorar el clima de negocios, tal como la Ley de IED, que otorga a los inversionistas extranjeros las mismas facilidades y garantías que utilizan los dominicanos, basándose en normas y regulaciones claras con incentivos para los inversionistas en distintos sectores.

“La diversificación ha contribuido al aumento de los flujos de inversión”, dice Valdez. “En 2000, cuatro sectores: la electricidad, las telecomunicaciones, el comercio y el turismo, representaron el 82% de la IED. Hoy en día, el espectro de sectores se ha expandido para incluir bienes raíces, construcción y finanzas. Estamos seguros de que ahora podemos atraer una mayor inversión para desarrollar la minería y la agricultura”.

“Además, nuestro país está caracterizado por una democracia de larga data, que ha brindado estabilidad política y social”, añade.

El país también se beneficia de su ubicación a lo largo de las rutas marítimas del Caribe y Centroamérica, y está a sólo dos horas de vuelo de la costa atlántica de los EE.UU. El país cuenta con una infraestructura de transporte del primer mundo, con ocho aeropuertos internacionales y un sistema de telecomunicaciones de clase mundial.

En los últimos cuatro años, República Dominicana también ha seguido una política de mayor integración regional.

La participación del país en los principales acuerdos comerciales como el DR-Cafta, Caricom, el Acuerdo de Asociación Económica (AAE) con la UE y otros aumenta su atractivo como destino de inversión. En enero, la República Dominicana se hizo cargo de la presidencia rotativa de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC).

Reforma del sector bancario
Luego de la crisis de 2003-2004, el sector financiero ha experimentado un desarrollo considerable mediante la aplicación de políticas sólidas que han enfrentado debilidades fundamentales y mejorado en gran medida el rendimiento.

Se han aplicado nuevas regulaciones, como la ampliación de los requisitos de capital, dice Valdez. Un paso clave ha sido una mayor transparencia a los ojos del público en general, apoyada a través de las instituciones reguladoras independientes y la introducción de requisitos bancarios pertinentes, explica.

“También se adoptaron los principios de los Acuerdos de Basilea, con el fin de mejorar la situación del sector financiero de República Dominicana en el sistema internacional: ahora, el riesgo de mercado está altamente regulado mediante la garantía de igualdad de trato a todas las entidades, independientemente del origen del capital”, dice Valdez. También se aplica la revisión periódica de los planes de contingencia con el fin de hacer frente a la escasez de fondos de los intermediarios financieros.

Medidas tales como la publicación de los estados financieros mensuales y anuales, así como información detallada sobre las carteras de préstamos de diversos intermediarios financieros, han mejorado la transparencia en el sector y contribuído a su solidez: “Nos hemos trasladado a un modelo de supervisión basada en riesgo, que se basa en altos niveles de liquidez y solvencia, así como en una mayor apertura internacional”.

Es poco probable que las elecciones afecten el crecimiento o la inversión
Valdez confía en que las elecciones presidenciales de mayo, en las que se espera que el actual titular, Danilo Medina, sea el ganador, tendrán poco impacto sobre la economía en general: “Proyectamos que este año RD continuará su rendimiento económico sólido, creciendo a su nivel potencial de 5.5 por ciento a 6 por ciento, y que la inflación convergerá hacia el límite inferior del rango meta de 4% ± 1% para finales del año, con un déficit en cuenta corriente de alrededor del 2 por ciento del PIB”. Valdez estima que el desempeño macroeconómico será impulsado por un entorno internacional que será favorable para el país y que se caracteriza por la mejora de los términos de intercambio (en particular, los precios reducidos del petróleo y precios más altos del oro) y por la recuperación de los Estados Unidos, el principal socio comercial del país.

“La persistencia de altos niveles de exportaciones de las zonas francas industriales, junto con el turismo, las remesas y la inversión extranjera directa, continuará. Además, se espera que los préstamos al sector privado crezcan alrededor del 10 por ciento, similar a la tasa de expansión del PIB nominal, lo que contribuye a mantener el crecimiento de la producción privada”.

Dinero