Jamaica se sumó a algunos del Caribe que apostaron por un cambio de gobierno y en las recientes elecciones dio a la oposición la oportunidad de regir sus destinos a la espera de mejoras socioeconómicas.

El 25 de febrero pasado, los habitantes de la isla terminaron con el mandato del Partido Nacional Popular (PNP) de la ahora exprimera ministra Portia Simpson-Miller y colocaron al Laborista (JLP, por sus siglas en inglés) al frente del Ejecutivo.

Esa fuerza desbancó al oficialismo al ganar por ajustado margen 33 de los 63 escaños de la Cámara de Representantes y su líder, Andrew Holness, asumió como el nuevo gobernante del país.

Algunas encuestas pronosticaron el triunfo del político, principalmente en los distritos marginales y entre la juventud, aunque la mayoría de los sondeos favorecían a la exmandataria.

Los analistas atribuyen la derrota de Simpson-Miller, única mujer que llega al poder en Jamaica, a las críticas contra su gabinete por corrupción y negligencia en el manejo de diversos asuntos.

Ahora el PNP -de tendencia socialista- ocupa la banca opositora con solo 30 puestos, o sea, 12 menos que los obtenidos en 2011.

Holness nació el 21 de julio de 1972 y es graduado de la Universidad de las Indias Occidentales en la especialidad de gestión.

Fue elegido en 1997 diputado de la Cámara baja y dos años después encabezó el comité opositor de Tierras y Desarrollo de ese órgano.

Durante su trayectoria fungió como titular de Educación y en octubre de 2011 asumió las riendas del JLP y se convirtió en el primer ministro más joven del país, tras la dimisión de Bruce Golding, quien renunció en medio del escándalo por la extradición del gánster Christopher “Dudus” Coke.

Pero no pudo revertir el bajo apoyo a su partido y perdió las elecciones de ese año frente al PNP de Simpson-Miller, la política más veterana de la isla.

En la reciente votación, Holness aseguró el triunfo del conservador JLP con una campaña de 10 puntos sustentada, especialmente, en iniciativas económicas que prometen impulsar el crecimiento y aumentar las inversiones extranjeras.

Con ese fin, se propone reformar el Gobierno, multiplicar las alianzas público-privadas, crear empleos, bajar los impuestos, adoptar un sistema tributario favorable para las empresas y promover la financiación de pequeños y medianos negocios.

Entre otros planes, también plantea la revitalización de los centros urbanos, la modernización de la infraestructura hidráulica, la digitalización de los archivos estatales, dar mayor facilidad a los trámites empresariales por internet y convertir a Jamaica en el Silicon Valley del Caribe.

Pero a Holness no le será fácil llevar a cabalidad su agenda de prosperidad, pues el país tiene una deuda externa del 113 por ciento con respecto al Producto Interno Bruto y, según la agencia crediticia Moodys, está en riesgo de entrar en crisis.

Además sus políticas e iniciativas no deben discordar con el Fondo Monetario Internacional, que le exige a Kingston drásticos ajustes de gastos a cambio de préstamos para cumplir con las obligaciones públicas y el presupuesto.

Esa entidad firmó un acuerdo con la isla en mayo de 2013 para entregarle 932 millones de dólares en cuatro años, pero la isla debe introducir medidas de austeridad.

El mandatario laborista recibe una nación con 1,1 millones de personas que viven en la pobreza, el desempleo juvenil en el 38 por ciento y una alta tasa de criminalidad.

También tiene como reto mantener a flote la ligera recuperación económica que logró su antecesora Simpson-Miller, quien advirtió que desde la oposición no permitirá al nuevo Ejecutivo acabar con los logros de los últimos años.

De hecho, reconoció que la victoria electoral no era un “premio” y todo dependerá de mantener una gestión responsable y transparente para cumplimentar con cada una de sus ofertas.

Las elecciones jamaicanas estuvieron marcadas por una baja afluencia de votantes, pues solo participaron el 47,5 por ciento de los más de 1,8 millones de empadronados.

*Jefa de la Redacción Centroamérica y El Caribe de Prensa Latina.