La coyuntura político social que se vive actualmente en Venezuela fue debatido en el Foro Permanente Contra la Guerra Económica organizado por el Frente Francisco de Miranda (FFM) para reunir e involucrar a medios de comunicación, artistas y a 24 responsables comunicacionales de la organización, en un estudio psicológico de la crisis con el plan de generar procesos discursivos.

La convocatoria estuvo abierta a muralistas, fotógrafos, diseñadores, comunicadores, articulistas y movimientos populares, a propósito de estimular la renovación de los métodos de comunicación y diversificación de un mensaje que pueda llegar a otras fronteras, además de garantizar la propagación de la información y respaldar las medidas anunciadas por el Presidente Nicolás Maduro, según lo señaló Erika Vásquez, directora de Propaganda y Movilización del FFM.

Obilia Suárez, del Colectivo Psicólogos por El Socialismo, aseguró que la guerra económica y psicológica es una realidad que no ha sido efectivamente abordada por los medios de comunicación para que las personas en general asocien el uso de mecanismos como rumores, manipulación, tergiversación de la información para inducir emociones negativas y con ello un estallido social.

Suárez explicó que para el momento de quiebre de un gobierno se abre la oferta de un Cambio, la cual ha estado signada por olas de despidos como en Argentina, refugiados en España, perseguidos en Colombia y oprimidos en Norteamérica.

La vocera del Colectivo Psicólogos por El Socialismo indicó que el rol de la comunicación y los medios desde la psicología, debería estar orientada en impulsar conductas ciudadanas equilibradas que ayuden a mejorar la sociedad y no regirse por mecanismos que alteren la ciudadanía.

“No se niegan ni estamos a favor de las colas o inseguridad; también estamos claros que Venezuela es un pueblo que ha avanzado altamente en conciencia para desestimar un estallido”, precisó Suárez.

Inseguridad

En cuanto a uno de los temas más extensos y menos manejados en su amplitud, la seguridad se identificó en dos vertientes: como la acción que irrumpe la seguridad ciudadana con hechos delictivos y otra que por la manera en cómo se expresan los tipos de delito en tiempos de lucha política, se precisa la ubicación, modalidad y actuación porque hay elementos que demuestran cuando no se trata de una organización más profunda.

Estas son estrategias ya aplicadas en otras fronteras para incentivar cambios de gobiernos que eligen la autodeterminación.

La importancia geopolítica de Venezuela como uno de los grandes productores de petróleo y amplias reservas naturales son motivo suficiente para incentivar una irrupción, en respaldo de la campaña de descrédito que generó el cierre de la frontera con Colombia, el decreto estadounidense que considera a Venezuela como una Amenaza Inusual y Extraordinaria y el diferendo territorial con Guyana.

Los aportes apuntaron hacia la necesidad de retomar la cultura de producción con la claridad de que el país tiene 100 años de cultura de renta petrolera; adoptar alternativas orgánicas saludables; como estimar que el gobierno revolucionario es digno motor de la integración suramericana; con grandes logros sociales y conquistas históricas.

María Eugenia Acero, periodista de Telesur, enfatizó en la necesidad de incentivar el proceso de identidad nacional que empiece por aclarar que la harina de maíz creada por Luis Caballero Mejías y plagiada por Lorenzo Mendoza no es necesaria y es mortal, “Nos estamos matando por productos que nos matan” enfatizó.

“Los alimentos que nos han quitado son veneno para el organismo; tal vez nos están llamando a alimentarnos mejor, a vivir de otra manera sin consumo. Ver que estamos en una guerra mundial no anunciada, para implementar el nuevo orden mundial”, destacó.

Venezuela dejó de ser en 1998, con el gobierno revolucionario, un país reconocido por sus reinas de belleza, para consagrarse como un país de luchadores con más de 80 batallas y 50 victorias contra las clases dominantes internacionales que aún se interesan por monopolizar el mercado, incentivar la intervención extranjera para irrumpir la soberanía de los países en desarrollo y naturalizar la violencia como método de expresión ante el sufragio.

En el acto, la ley amnesia fue condenada por unanimidad por su carácter impune ante delitos de usura, acaparamiento, narcotráfico, porte ilícito de armas de fuego; importación o fabricación de explosivos, daño al sistema eléctrico nacional, financiamiento al vandalismo, conspiración, entre otros sucesos especificados como terrorismo.

Telesur

Combatir la crisis económica, con más producción e incentivo al consumo racional y con políticas acertadas

La mayoría de los venezolanos, están convencidos que existe un crisis económica, porque los productos alimenticios subsidiados, medicinas, artículos de limpiezas y otros, se les hace difícil obtenerlos; por la escasez, desbastecimientos y el contrabando, que los obligan hacer colas. Y a pesar de eso, algunos supermercados, que han instituido  ventas, en las cajas registradoras; con escasas disposiciones, que exacerba la paciencia de los venezolanos.  Y una minoría con visualizaciones virtuales, se han empecinado en vender interna y externa, que en Venezuela, se está desarrollando una brutal crisis económicas, tomando como bandera, la defensa del pueblo. Sin tener la experiencia de haber pasado hambre y de hacer una cola,  al menos, una vez en la vida; porque sobra quienes les suministran, lo que necesitan.

Jerárquicamente, el concepto economía, varía desde lo específico  hasta lo general. En el  nivel específico, la familia del concepto específico económico, presentan entre ellos elementos comunes y diferencias. Y mediante el proceso dialéctico, en confrontación entre contrarios, se van diferenciando y en sentido general, son contradictorios. Por lo tanto, el concepto que prevalece en un país desarrollado, es más profundo, que en los que están en proceso de desarrollo. Se infiere, que algunas de las variables  económica en los países desarrollados, son desconocidas en los países en desarrollo. Y al manipular las aplicaciones, con fines inconfesables, generan efervescencia política, que impactan  en sentido específicos; generando la crisis económica.

Algunos afirman, que las variables macroeconómicas y microeconómicas, que se aplican en un sistema, no se aplica, en el otro; porque tienen otras mediciones. Sin duda,  se infiere, como dificultades en interpretarlas. Lo que en realidad ocurre, es que las variables cuantitativas, es más fácil de medirlas, que las cualitativas. Por lo tanto, ¿Que problema se puede presentar? si se miden las variables cuantitativas y en paralelo, se desarrollan metodologías para medir las variables cualitativas, hasta que se cuenten con ellas. Los ricos, van a comprar un kilo de tomate y lo compra, a cualquier precio; están centrados en resolver las necesidades de alimentación. Los pobres, lo compran si existe disponibilidad de dinero para comprarla; si el precio es muy alto, no se puede dar el lujo de comprarla.

Un país rico, puede tener todas las posibilidades para comprar lo que necesita; siempre y cuando,  las variables de entrada económica, no representen un riesgo. Sin embargo, si no produce, estará sujeto, a que los países que lo producen en cantidades apreciables; estén tentados a subir los precios y para eso, desarrollan estrategias de desabastecimientos. Los países en desarrollo,  al no tener conciencia, de las fuerzas que intervienen en los procesos de balances, es fácil presa, de los que si las tienen. Y en caso que las intenciones sean muy grandes para obtener lo que desean,  cualquier camino es bueno. Los problemas se presentan, cuando se confunden, los deseos con las necesidades. Por un lado, los deseos están ligado a fomentar las veleidades humanas y el satisfacer las  necesidades,  vinculadas a fortalecer el factor humano.

Existe lo que se puede llamar, crisis económicas inducidas. Son aquellas que se originan por las manipulaciones de las variables económicas. Por ejemplo, existen productos, pero no llegan con normalidad a donde se necesitan. Tienen un precio referencial y se venden con precios adulterados. Otros de los efectos, es, que existen un gran número de personas, que creen todo lo que le dicen, siempre y cuando el interlocutor, tienen presencias y muchos dinero. Porque es una inocentada pensar: que no tiene necesidad de hacer, lo que hacen.  Lo mismo que sucede en las películas, sucede en la realidad. Muchas personas, lloran incansablemente. Y cuando salen actúan, como si nada a pasado y en muchos casos, no se acuerdan de las razones por el cual lloraron; es decir son efectos automáticos y pasajeros.

Las crisis económicas reales. Se originan, cuando la variables económicas superan los límites de bordes; distorsionando las correlaciones entre variables, que en algunos casos, se pueden justificar, con la demanda, que motiva a identificar las evidencias, que garantiza la relación. Para luego calificar, al determinar,  relaciones razonables, que fortalezcan la justificación. Normalmente, se presentan problemas estructurales, con dificuldades de resolver a corto plazo. Por lo tanto, una crisis económica, no se resuelve, solo con incremento de la producción. Se requieren políticas económicas, que motive el consumo de lo que se produce en el país. Y hacer estudio sobre los resultados de esas políticas en tiempo real, con la finalidad de corregir desviaciones; desarrollando investigaciones, que permitan las ejecuciones de proyectos  tácticos.

Aporrea

Venezuela, el día a día en un país al borde del colapso

En Caracas, el agua potable es tan cara y escasa que mucha gente espera durante horas en la ladera de una montaña para llenar botellones en un manantial que corre hacia la autopista.

En el interior del país los cultivos de caña de azúcar se pudren y las fábricas de leche están paralizadas, mientras las personas cargan con bolsas de dinero para comprar alimentos en el mercado negro.

Nadie podría saquear a Puerto Cabello hoy en día: no hay nada que robar.

Y todo está a punto de empeorar.

Es posible que la inflación llegue a 720 por ciento este año, la más alta del mundo. Los precios del petróleo, el alma de este país, se han derrumbado a cifras que no se veían desde hace más de una década.

He escrito sobre Venezuela todos los días de este mes. Publiqué crónicas sobre su gente, la economía, la cultura y otras peculiaridades en las que intenté expresar mi visión: la de un corresponsal recién llegado a cubrir este país.

En estos 30 días los momentos fugaces han sido los protagonistas: vi a los políticos gritándose durante la primera sesión del Congreso, conocí a los soldados que resguardan la tumba del ex presidente Hugo Chávez y recibí muchos correos de expatriados en los que expresaban cuánto anhelaban regresar a Caracas.

Al observar la vida cotidiana, algunos temas se hicieron muy evidentes. En Venezuela –un país donde los hospitales carecen de jeringuillas, los supermercados pasan dificultades para abastecerse de productos de primera necesidad y el gobierno ha declarado una emergencia económica pese a tener las mayores reservas mundiales de petróleo– cada vez hay más retos.

Visité a un piscicultor que, cuando se le acabó el alimento para su cría, decidió probar suerte al moler granos y caña de azúcar (el resultado fueron peces diminutos). Escribí sobre los fajos de billetes que se necesitan para pagar por un agua y unos cafés. También traté de transmitir la gran lealtad que aún sienten los seguidores de Chávez.

Vísperas de un desastre

Viajé por todo el país con la fotógrafa Meridith Kohut y me dio la impresión de que muchos sienten que viven en vísperas de un desastre. Esto es evidente en los rostros de las personas que conocimos a lo largo del recorrido de 1,931 kilómetros desde la costa, que serpentea por las montañas de los Andes, hasta descender a las vastas y desoladas llanuras agrícolas de Venezuela.

En Puerto Cabello vimos una fila de cientos de personas frente a una tienda. Muchos habían llegado a las 5:30 de la mañana cuando les llegó el rumor de que el camión de reparto había llegado. Ya eran las 10:15 a.m. Un policía armado vigilaba la puerta y dejaba entrar a las personas por turnos.

Ayer había caraotas (frijoles negros), harina y leche.

Hoy, solo aceite.

Ecio Corredor, en la fila, me comentó que perdió su trabajo en noviembre. Irónicamente era uno de los encargados de transportar los productos del puerto a los supermercados.

“Ahora no hay cargamentos”, me dijo, y le murmuró algo a Carlos Perozo, otro conductor que explicó que llevaba un año sin trabajo porque su auto no tenía batería. No había conseguido otra y tampoco habría podido comprarla.

“Tenga cuidado”, me dijo Perozo. “Cualquiera puede agarrar la suya”.

Ya de vuelta en el camino, una larga hilera de palmeras delinea una refinería de petróleo. En su costado se lee: “Todos somos Chávez”.

En Morrocoy la carretera termina en un muelle. Un lanchero nos llevó por un manglar que da a una playa de arena blanca, donde Eduardo Vera y Carolina Morillo, su esposa, estaban de vacaciones con su bebé.

Hasta hace poco esta pareja era de clase media, ahora sobreviven con dos salarios que se han depreciado hasta el equivalente de 2.19 centavos de dólar por día. Ambos tienen dos trabajos. “Podemos vivir, pero no cómodamente”, explicó Carolina. Para ellos esta vacación fue uno de los últimos gustos que se pudieron dar.

Ambos están en sus treintas pero cuando les preguntamos si quieren tener otro hijo, dijeron que ahora es imposible.

“Apenas podemos conseguir pañales y leche para José Antonio”, dice Eduardo al referirse a su hijo. “Vamos a esperar tiempos mejores. Algún día queremos conocer Disneylandia”, dijo.

Desde la costa, empezamos un viaje por el interior del país que comenzó con el descubrimiento del oro negro: no me refiero al petróleo, sino a las caraotas, un bien esquivo y muy deseado en este país.

Ya muy pocos productores las siembran por los precios fijados del gobierno. Octavio Medina las compró por 50 veces su precio y aún así las vende en la calle con un margen de beneficio. Me dice que todos los días unas 40 personas pagan 1,000 bolívares por cada bolsa, casi la mitad de una jornada según el salario mínimo.

Después de pasar por un valle verdoso comenzamos el ascenso hacia los Andes. La carretera se redujo a dos carriles que subían por los bordes de las montañas.

“¿Vienen a cubrir las noticias?”, nos pregunta el soldado de un retén.

“¿Cuáles noticias?”, le preguntamos.

“Los secuestros”, nos contestó.

Mérida está situada entre dos sistemas de altas montañas y es una pintoresca ciudad universitaria. Tiene el teleférico más alto del mundo que solía ofrecerles a los visitantes una amplia vista del valle. Ahora está dañado y nadie lo ha reparado.

Frank Tirado esboza una amplia sonrisa mientras come en un restaurante. Su forma de hablar no refleja que acaba de pasar los momentos más difíciles de su vida.

Hace varios meses empezó a tener dolores de cabeza y a perder la visión. Su neurólogo le dijo que tenía un tumor cerebral y que, si no se operaba pronto, quedaría paralizado.

Pero la lista de espera para su operación en los hospitales públicos era de más de un mes; él no tenía tanto tiempo. Una clínica privada podía tratarlo de inmediato pero necesitaba dinero. Dos tías que viven en Orlando le consiguieron la suma, explicó Frank mientras agarraba un libro de oraciones y se maravillaba de su suerte por tener familiares que ganan en dólares.

Antes de salir de la ciudad hicimos una parada en la catedral donde Vladimir Gutiérrez se sienta a pedir limosna en los escalones. Tiene un pan escondido debajo de la camisa. Su colecta del día, 50 bolívares, no le alcanzaba para comprar más.

Me mostró varias heridas frescas de una pelea a cuchillo que comenzó cuando un hombre agarró a su hija. “Pero yo también le di”, dijo Gutiérrez. Parecía despreocupado por lo que sucedía en el país. Había tocado fondo hace mucho tiempo.

Desde los Andes, la carretera se esparce por el llano, el corazón agrícola de Venezuela. Allí pasamos la tarde con Rodolfo Palencia, un hacendado que cantaba canciones desde su hamaca. Sus canciones hablan sobre Barinas, su estado y, según él, la región más fértil del país.

Pero las letras describen otra época. Rodolfo nos llevó a un campo donde la caña de azúcar solía medir más de tres metros de alto pero ahora todo el sembradío está muerto. El ingenio azucarero más cercano, construido por el gobierno en la década de 2000, no ha podido procesar la caña de este año, dijo.

Acá tampoco se produce leche pese a que está muy cerca La Batalla, una fábrica que llegó a producir 126,000 litros anuales hace una década. Esta empresa fue nacionalizada y ahora es una instalación vacía, cuyo único empleado es un vigilante que nos abrió la puerta. Los medidores de las bombas son ilegibles. Dejaron abierto el sistema de refrigeración y se oxidó. Hay murciélagos.

En esta área hay 2,000 estanques y los piscicultores dicen que todos están casi vacíos. “Pérdida total”, comentó Alirio Alvarado, mientras fijaba su mirada en un estanque donde antes cultivaba cachamas.

Unos kilómetros más allá, Rodolfo nos llevó a la compañía que debía producir el alimento para los peces. Nos dijeron que, aunque el lugar parece abandonado, nunca estuvo abierto. Adentro se oxidan miles de dólares en equipos nuevos.

Vemos un manual de operaciones sin abrir en una bolsa Ziploc. Por el suelo de la fábrica están regados muchos recibos de una empresa alemana llamada Andritz Feed & Biofuel.

“Qué desperdicio”, dice Rodolfo.

Unos momentos después apareció un vigilante, sorprendido de que habíamos entrado. Le preguntó a Rodolfo qué estaba haciendo allí. En vez de responderle el hacendado me miró: “Si lo manejamos bien, este país puede ser más rico que Arabia Saudí”.

Apenas podía contener su ira y no sabía a quién culpar. ¿Es responsabilidad de Chávez, que ya está muerto? ¿Era la maldición de la dependencia del petróleo? ¿O era culpa del vigilante que recién había aparecido?

“Debería reportarlo”, le dijo Rodolfo mientras lo señalaba con el dedo.

“No me acuse”, le pidió el vigilante.

“Usted no está pendiente del equipo. Alguien podría robarlo”, dijo el hacendado. “No haces nada”.

“Casi no me pagan, usted no entiende”, dijo el vigilante.

Pero ya era demasiado tarde. Rodolfo ya se había ido.

¿Cómo Venezuela pasó de dicha petrolera a emergencia económica?

“Un gobierno revolucionario con poder económico como el que yo presido tiene planes para pasar cualquier situación así tiren los precios de petróleo a donde los tiren”.

La frase es del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, durante una reunión del Consejo de Ministros en la que descartó la posibilidad de que la caída de los precios del crudo afectara a su país. Era octubre de 2014.

Luego de 15 meses, Maduro decretó la emergencia económica, una forma de estado de excepción prevista en la Constitución para hacer frente a la crisis que sufre el país. Según cifras oficiales, Venezuela registró en 2015 la inflación más alta del mundo: 180%.

Y en su discurso anual ante la Asamblea Nacional, el 15 de enero pasado, Maduro se refirió a la situación como “una verdadera tormenta, catalogando de “catastróficas” las cifras sobre el desempeño de la economía de Venezuela.

La crisis se presenta luego de que el país suramericano viviera un extendido periodo de bonanza económica gracias a años de altos precios del petróleo, principal producto de exportación de Venezuela.

Pero, entonces, ¿cómo pasó Venezuela de esa bonanza a la emergencia económica?

— ¿De cuánto fue el boom? —

Aunque en el año 1998, cuando fue electo presidente Hugo Chávez, el precio del petróleo venezolano se hallaba en US$11 por barril, a partir de 1999 las cosas empezarían a cambiar.

“Desde entonces los precios empezaron a crecer a tasas muy altas, que no eran las acostumbradas en los años anteriores”, explicó Carlos Miguel Álvarez, economista de la consultora Ecoanalítica, en conversación con BBC Mundo.

“En 1999, la cesta petrolera venezolana promedió US$16 por barril y en 2004 ya se había duplicado al ubicarse en US$32”, recordó el analista.

Los precios seguirían aumentando hasta llegar a US$88 por barril en 2008 y, aunque caerían en 2009 por la crisis financiera internacional, a partir de 2010 volverían a crecer y se mantendrían entre los US$84 y los US$103 de promedio entre 2011 y 2014.

“Entre 1999 y 2014, Venezuela recibió US$960.589 millones de dólares. Un promedio de US$56.500 millones de dólares anuales durante 17 años”, asegura Álvarez.

Durante el mandato de Rafael Caldera, quien gobernó Venezuela entre 1993 y 1998, el ingreso promedio de Venezuela por exportación de petróleo fue de US$15.217 millones de dólares anuales.

— Los recursos de la deuda —

Adicionalmente a los ingresos por exportaciones petroleras, durante el período 1999-2014 Venezuela recibió miles de millones de dólares en ingresos adicionales por la vía del endeudamiento externo.

Según Álvarez, el gobierno aprovechó el ciclo de precios altos del petróleo para financiarse a bajo coste. Entre 1999 y 2011, se emitieron US$54.327 millones en bonos de la República y bonos de la petrolera estatal PDVSA. Parte de ese monto ya se ha pagado.

Según estimaciones de Ecoanalítica, como consecuencia de estas emisiones, el país petrolero enfrenta compromisos hasta 2027 por US$92.750 millones para pago de intereses y capital. Adicionalmente, contrajo deudas con países como Rusia y China.

Según cifras del Banco Interamericano de Desarrollo, desde 2007 Beijing ha hecho varios préstamos a Caracas que suman US$65.000 millones. Parte de ese dinero ya se ha pagado con el envío de cargamentos de petróleo.

Los ingresos petroleros también permitieron a Venezuela aumentar sus reservas internacionales, que alcanzaron su nivel máximo en 2008, cuando se ubicaron en US$43.127 millones. En la actualidad suman US$15.000 millones.

— ¿De dónde viene la crisis? —

Al justificar la declaración de emergencia económica, Maduro culpó de la crisis a la “guerra económica” que -según dice- promueven actores internos venezolanos junto a Estados Unidos, al que responsabiliza por la caída de los precios del petróleo.

Según el mandatario, Venezuela es objeto de un boicot económico que incluye ataques contra la moneda y el control de cambios, la fijación de precios especulativos y el contrabando hacia otros países de gasolina y de productos básicos, entre otros.

“En Venezuela, el sector capitalista se ha declarado en huelga de inversión y se ha declarado en huelga de cooperación con las leyes y con sus obligaciones en los sistemas distributivos, comercializador y de fijación de precios de la economía nacional”, dijo Maduro en su discurso anual ante la Asamblea Nacional el pasado 15 de enero.

David Paravisini, experto petrolero y profesor de la Universidad Bolivariana de Venezuela, cree que la razón fundamental de la crisis venezolana es la “brutal” caída de los precios del petróleo.

“De un ingreso petrolero de US$40.000 millones en 2014 se pasó a US$12.000 millones en 2015. El precio estaba cerca de los US$90 el barril en 2014 y este año está en torno a los vientitantos dólares”, dijo a BBC Mundo.

Paravisini asegura que cuando Maduro indicaba que estaba preparado para la disminución de los precios del petróleo era porque “pese a esa caída, Venezuela ha podido cumplir con sus compromisos internacionales en el pago la deuda y mantiene aún el sistema de apoyo y de inversión social”.

El economista venezolano Ricardo Hausmann, director del Centro de Desarrollo Internacional y profesor de la Escuela Kennedy de Gobierno de la Universidad de Harvard, considera que la raíz del problema está en el gasto desmesurado de los recursos.

“Venezuela no usó el boom petrolero para ahorrar para la época de vacas flacas, sino para quintuplicar la deuda externa. Ese dinero se lo gastaron y ahora, como dice el dicho, que te quiten lo bailao”, dijo Hausmann a BBC Mundo.

“Básicamente, el gobierno lo que hizo fue eliminar la capacidad de producción propia y ocultó temporalmente esa destrucción con gasto público e importaciones”, añadió. Para Hausmann, Maduro tiene ahora un Estado que no puede financiar con un déficit gigantesco. “Esta crisis es producto del manejo irresponsable de la economía”, dijo.

Como ejemplo del gasto excesivo, el economista señaló lo ocurrido en 2012 cuando, pese a que el precio promedio del petróleo venezolano estaba en US$103, el gasto público tuvo un déficit de 17% del Producto Interno Bruto. “Es decir, que Venezuela gastó como si el petróleo hubiera estado en US$197 el barril”, apuntó.

El 2012 fue justamente el año en el que Hugo Chávez ganó su última elección, para lo cual –según confesó en una carta pública el ex ministro de Planificación Jorge Giordani– hubo que hacer un gran “esfuerzo económico y financiero” para lograr la consolidación del poder.

Como ejemplos de lo que se hizo ese año, Giordani cita entre otras medidas las subvenciones a “empresas públicas con grandes déficits operacionales para velar en el corto plazo por el empleo y los salarios” y el mantenimiento de la tasa de cambio, lo que “favoreció las importaciones y redujo las exportaciones, ya limitadas de la economía privada”.

El gobierno venezolano dispuso durante muchos años de “recursos extraordinarios”, esto es, fondos que no estaban previstos en el presupuesto de la Nación, gracias a una subestimación de los precios del petróleo. Así, por ejemplo, el presupuesto de 2013 se elaboró sobre la base de estimar el precio del petróleo a US$55 por barril, pese a que en 2012 se había ubicado en US$103,42.

El Ejecutivo afirmaba que se trataba de cálculos conservadores para evitar problemas fiscales, mientras que la oposición decía que se trataba de una maniobra para aumentar la capacidad del gobierno de hacer uso discrecional de los fondos.

Según cálculos de Econanalítica a finales de 2011, por ejemplo, estos fondos contenían unos US$18.000 millones más una cantidad de bolívares equivalentes a US$34.000 millones al cambio oficial del momento.

— Controles y expropiaciones —

En 2003, el gobierno de Hugo Chávez tomó dos medidas que marcarían el rumbo de la economía venezolana hasta ahora: la instauración de un control de cambios y de un control de precios.

En su momento ambas medidas fueron presentadas como temporales. Las autoridades aseguraron que eran necesarias para enfrentar la fuga de capitales y la inflación derivadas del paro petrolero que vivió el país entre finales de 2002 y comienzos de 2003.

“El control de cambios lo que ha generado es una completa distorsión”, aseguró Carlos Miguel Álvarez, de Ecoanalítica.

Explicó que al mantener durante tanto tiempo el tipo de cambio casi fijo mientras en el país crecía la inflación se generaron incentivos para que las empresas prefirieran importar que producir en Venezuela, porque resultaba más económico.

Afirmó que el control de precios también derivó en distorsiones para la producción, pues como los precios pasaban mucho tiempo sin ajustarse en una economía con tanta inflación, los productos se volvían demasiado baratos y se disparaba su demanda sin que hubiera producción suficiente para suplirla.

Al mismo tiempo, eso generaba incentivos para el contrabando porque el precio de esos productos controlados en Venezuela se vuelve muy inferior al costo en otros países.

La otra política económica que, según los economistas, marcó el desarrollo de la economía venezolana fueron las expropiaciones o estatizaciones.

Según cifras de la patronal Confederación Venezolana de Industriales, entre el año 2002 y febrero de 2015 se produjeron 1.322 intervenciones de este tipo. La mayor parte de ellas, entre los años 2007 y 2011.

Las expropiaciones afectaron desde pequeños comercios hasta las inversiones que tenían en Venezuela grandes multinacionales como la cementera mexicana Cemex, el español Banco Santander, la cadena hotelera Hilton, la fabricante de envases de vidrio estadounidense Owens-Illinois y las petroleras Exxon Mobil, Total y ConocoPhillips, entre muchos otros.

Con frecuencia, las autoridades venezolanas justificaron la intervención de estas empresas con el argumento de que pertenecían a sectores “estratégicos” como la alimentación, las telecomunicaciones, servicios básicos, la construcción, siderúrgicas o el petróleo.

En otros casos, la justificación era proteger los derechos laborales de los trabajadores o convertir estas compañías en empresas socialistas.

“Los trabajadores estaban esperanzados de que a través de estas compañías ellos iban a poder realizar la actividad empresarial y contribuir con sus comunidades”, dijo a BBC Mundo la economista Anabella Abadía, co-autora del libro “Gestión en rojo”, publicado en 2011 y en el que se analiza el desempeño de 16 empresas estatales venezolanas.

El texto valora los resultados del modelo socialista aplicado en Venezuela en tres tipos de empresas: expropiadas, nacionalizadas y otras creadas por el gobierno.

“Descubrimos que las empresas que no eran financieramente sostenibles, pues todas dependían de recursos procedentes del gobierno”, dijo Abadía.

El dirigente del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela Freddy Bernal admitió los malos resultados en la gestión de las compañías estatales. “Por alguna razón no supimos gerenciar adecuadamente (…) las empresas expropiadas y las llevamos al fracaso”, dijo en una entrevista en televisión en junio de 2014.

“Este es un gobierno que destruyó la economía del país. Expropió la siderúrgica Sidor y la quebró; expropió el sector del cemento y lo quebró; expropió la cadena de supermercados Éxito y la sustituyó por los Abastos Bicentenario, que ahora Maduro nos dice que son un desastre”, dijo Hausmann.

El presidente venezolano anunció la semana pasada una reestructuración de los Abastos Bicentenario, luego de la detención de medio centenar de empleados, incluyendo a gerentes y subgerentes.

La empresa siderúrgica Sidor produjo 4,3 millones de toneladas de acero líquido en 2007, el último año que estuvo bajo control de la empresa argentina Ternium. En 2008, fue estatizada por el gobierno de Chávez. En 2015, reportó una producción de 1,11 millones de toneladas.

— ¿Dónde está el dinero? —

Pero, ¿qué hizo Venezuela con el dinero de la bonanza?

Durante su discurso ante la Asamblea Nacional, Maduro afirmó que los gobiernos chavistas han construido un millón de viviendas y que el número de estudiantes universitarios en el país se incrementó de 500.000 a 2.000.000 entre 1999 y 2015.

David Paravisini dijo a BBC Mundo que los fondos que el país recibió fueron destinados principalmente a programas sociales.

Afirmó que el número de personas que reciben pensiones se incrementó desde 280.000 en 1998 hasta 3.000.0000 en la actualidad y que el sistema de atención de salud pública atiende al 80% de la población.

Además, refirió la creación del sistema nacional de empleo que, en su opinión, ha permitido mantener el desempleo en torno al 6%-7%, a pesar de la crisis económica.

El economista Carlos Miguel Álvarez señaló que además del gasto público, el gobierno destinó grandes fondos a otros países de América Latina y el Caribe a los que les vende petróleo en condiciones preferenciales. Como consecuencia de ello hay cuentas pendientes de cobro por US$148.000 millones.

Stephen Hanke, profesor de Economía de la Universidad John Hopkins (Estados Unidos), considera que gran parte del dinero se perdió por la ineficacia del aparato del Estado y otra parte se desvió por la “enorme corrupción”.

“Mucho dinero fue a los bolsillos de los políticos y otra parte fue a los bolsillos de las personas que apoyan al gobierno”, dijo en conversación con BBC Mundo.

Según cálculos de Ecoanalítica, sobre la base de cifras oficiales, entre 1999 y 2014 se destinaron US$554.000 millones a las importaciones.

Estas no fueron del todo limpias, a juzgar por la denuncia que realizó en 2013 la entonces presidenta del Banco Central de Venezuela, Edmée Betancourt, quien dijo que de los US$59.000 millones de dólares otorgados en 2012 a través del sistema estatal de control de cambios entre US$15.000 millones y US$20.000 habían sido entregados a empresas fantasma.

En esa misma línea, los ex ministros chavistas Jorge Giordani yHéctor Navarro anunciaron hace un par de semanas que pedirán una investigación penal, pues estiman que del billón de dólares que ingresó Venezuela durante la bonanza petrolera, unos US$300.000 millones habrían sido malversados.

En marzo de 2015, el gobierno de Andorra intervino la Banca Pública de Andorra, tras recibir acusaciones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos sobre la existencia de depósitos hechos a través de empresas fantasmas para supuestamente ocultar y lavar allí unos US$2.000 millones de la estatal petrolera venezolana PDVSA.

— ¿Hacia el final de la crisis? —

La semana pasada, Maduro anunció un conjunto de medidas para enfrentar la llamada emergencia económica y para “impulsar el nuevo modelo productivo”.

Entre estas se incluía una devaluación de la moneda, una flexibilización del control de cambios y una subida en el precio de la gasolina por primera vez en 20 años. Ricardo Hausmann es escéptico sobre la posibilidad de que estos anuncios sean suficientes para enfrentar la crisis.

“Esas medidas no alcanzarán para evitar la catástrofe. Venezuela tiene un problema de falta de divisas y con esto no se resuelve. Este año, los ingresos por exportaciones equivaldrán a unos US$22.000 millones y hay que pagar US$16.000 millones de deuda externa. Entonces, no quedan fondos para las importaciones requeridas”, dijo.

El economista considera que Venezuela necesita asistencia financiera internacional y, probablemente, reestructurar la deuda. En enero de 2009, cuando se comenzaban a notar los efectos de la crisis financiera internacional sobre el petróleo, Chávez afirmó que Venezuela podía soportar incluso el desplome del precio del barril.

“Póngame el precio del petróleo a cero y Venezuela no entra en crisis, pónganmelo a cero. La crisis es del capitalismo, no del socialismo”, dijo entonces.

Su tesis está ahora puesta a prueba.

El Comercio