Por

Donald J. Trump finalmente ha dado algunos detalles sobre cómo planea lograr que México pague el muro fronterizo que quiere construir. A menos de que el gobierno de México pague entre 5 y 10 mil millones de dólares, Trump quiere retener las remesas que los inmigrantes mexicanos envían a sus familias y amigos en México.

Hay algunos problemas logísticos con ese plan, entre ellos la realidad política, la legalidad y la viabilidad de cortar de raíz el flujo de estos pagos informales. Pero incluso después de asumir que esta política sería posible, las implicaciones económicas se sentirían tanto en Estados Unidos como en México.

Aunque mi investigación sugiere que los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos podrían tener más ingresos disponibles si no tuvieran la oportunidad de enviar el dinero, sería menos probable que sus familias en México pudieran invertir en educación, comenzar negocios y salir de la pobreza. Esto podría ser un duro golpe para la economía mexicana: México recibe 24,4 mil millones de dólares en remesas de los inmigrantes en Estados Unidos, lo cual suma cerca del 2 por ciento del producto interno bruto de México. En efecto, retener este dinero podría alentar la inmigración hacia los Estados Unidos.

Prohibir las remesas también podría reducir incentivos para que vengan a Estados Unidos los inmigrantes más preparados y más listos. Sin la oportunidad de ayudar a sus familias y amigos en su país de origen, muchos inmigrantes talentosos podrían elegir mudarse a otro país. Los migrantes también podrían decidir traer a sus familias a Estados Unidos, con lo que socavarían los objetivos de la propuesta de Trump y generarían mayor presión sobre los servicios sociales.

Los beneficios económicos de restringir la inmigración a Estados Unidos son cuestionables. Estados Unidos es un país de inmigrantes con una población que envejece y que necesita trabajadores jóvenes. La evidencia de que los inmigrantes le arrebatan empleos a los trabajadores estadounidenses y debilitan los salarios no es determinante, pues muchos estudios sugieren que la inmigración no tiene un impacto negativo en los salarios. Al contrario, se ha demostrado que los inmigrantes incrementan la productividad, impulsan la innovación y se suman a los pequeños negocios. Además, a menudo realizan trabajos que los estadounidenses no están dispuestos a hacer.

Los costos de distanciarse de un aliado son muy grandes; nuestra economía resultaría afectada y estableceríamos un ejemplo mediocre para el mundo al bloquear la inmigración y las remesas.

La globalización no es un juego de suma cero; si hay un ganador, eso no significa que deba haber un perdedor. A lo largo de su historia, Estados Unidos ha aceptado el flujo libre de bienes, personas, capital e ideas. Construir muros, cerrar fronteras, restringir el flujo de capital y levantar barreras contra el comercio lastimará la economía estadounidense y debilitará sus principios.