Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por  Jorge Molinero*

La economía internacional está dominada por una combinación de factores que pueden llegar a reeditar una crisis importante.

Por un lado tenemos la lenta pero persistente caída de la tasa de crecimiento de China, que de un promedio del 10 % durante treinta años, ha descendido varios escalones y no alcanza al 6 % al momento actual.

Por el otro lado está la producción de petróleo que hasta hace  muy poco fue creciendo en forma significativa acompañando el aumento de la demanda de los países en desarrollo, en especial de China. Con el agregado especial en este ciclo que a partir de 2008 la producción de petróleo en los Estados Unidos comenzó a crecer muy fuertemente de la mano de la nueva tecnología del shaleoil y shale gas, extracción de los fluidos de la roca mediante agua y químicos a alta presión. La producción norteamericana no llegó a ser autosuficiente, pero sí lo bastante importante como para reducir significativamente la demanda de importación.

En un momento la oferta  comenzó a superar significativamente  a la demanda, y los stocks de crudo comenzaron a crecer hasta alcanzar en muchos casos la capacidad máxima de almacenamiento. Los precios comenzaron a caer  y de los 100 dólares el barril hace poco tiempo hoy se encuentra en el entorno de los 30 dólares.

La caída de la rentabilidad para muchísimas compañías petroleras condujo a la reducción de la producción y sobre todo de las inversiones para comprobar nuevas reservas y producir. La dimensión de las inversiones paralizadas en los últimos doce meses ya supera los 380 mil millones de dólares.

El problema es que las compañías petroleras no realizaban esas inversiones con su propia caja, siendo financiadas por los grandes bancos internacionales. Ahora, luego de la quiebra de muchísimas compañías petroleras, es claro que muchos bancos están afrontando las consecuencias de los malos préstamos, al punto de comenzar a haber serias dudas sobre la solvencia de bancos de primera línea, en especial en Europa como el caso del Deutsche Bank. Las reiteradas desmentidas de las autoridades financieras europeasno hacen más que alimentar las dudas.

En lo que va de 2016 el valor de las acciones de los bancos ha caído significativamente. Los de Estados Unidos han descendido un 19 %, el conjunto de Europa un 24 %  y Japón un 31 %.

La noticia más reciente es el impensado acuerdo logrado en Moscú, entre tres de los principales productores de la OPEP (Arabia Saudita, Qatar y Venezuela) y Rusia, para no aumentar la producción de crudo en un intento de estabilizar los precios.

Aun en el caso que se lograse detener la caída el daño ya está hecho en las inversiones ociosas, y sobre todo impagas, que pesarán sobre los balances de los bancos internacionales.

Cuando se juntan los efectos de la materia prima más estratégica – el petróleo – y el corazón del capital financiero con sus especulaciones, las consecuencias tienden a desparramarse por todo el mundo, y nuestro subcontinente sudamericano no es una excepción.

Tres estados son altamente dependientes de lo que ocurra con el precio del petróleo: Brasil, Venezuela y Ecuador. El primero por sus elevadas reservas en el lecho marino (Presal) en medio de un proceso, ahora trunco, de inversiones multimillonarias en dólares, y los otros dos como países dependientes del mismo para su balance exterior (en Venezuela más del 90 % de sus exportaciones son petróleo).

En Argentina estas circunstancias tienen varias consecuencias negativas. La primera es que no es rentable la operación del shale gas y shaleoil en los mega depósitos descubiertos, por otro lado reduce el costo de la fracción que se importa, pero sobre todo estamos afectados por la caída de la demanda de Brasil y los otros dos países, que tiran hacia abajo el prospecto económico de la región por el año que recién comienza.

En este tipo de circunstancias adversas, la política económica debería ser de protección del trabajo nacional y tratar de aislarse de los efectos negativos de la crisis de los países vecinos. Sin embargo, las medidas del gobierno de Cambiemos van en el sentido totalmente opuesto, lo que no hará más que reducir el bajo crecimiento – pero crecimiento al fin – que se venía registrando en 2015 bajo la administración anterior, volviendo a tener una recesión luego de más de una década de crecimiento.

*Sociólogo  y economista Político (UBA) argentino, ex docente universitario, especializado en economía internacional y temas industriales:econometría, marketing, proyectos industriales y comercio exterior.