Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Las novedades económicas de la semana giraron en torno a dos ejes: la emisión de deuda por un total de 16.000 millones de dólares y los despidos a decenas de miles de empleados públicos. Aunque que por caminos distintos ambas confluyen en el objetivo de cambiar la matriz distributiva del país. Como nos tiene acostumbrado el gobierno de la Alianza Cambiemos, ambas medidas fueron anunciadas de manera engañosa: mientras que el endeudamiento es disfrazado como una mejora del balance del Banco Central, los despidos se muestran como una “limpieza de ñoquis” en la administración pública.

Enumeremos las primeras medidas del gobierno de Macri: Mega-devaluación del 40% (disfrazada de eliminación del CEPO cambiario), Modificación de las retenciones a las exportaciones (Baja del 5% en la soja y eliminación en el caso de los granos y la carne), Aumento y liberalización de tasas de interés para el consumo y eliminación del régimen de administración del comercio exterior (aunque este punto no se encuentra totalmente implementado). Podemos agregar la perlita de la 1uita de impuestos a los autos de lujo.

Se perfilan claramente los dos grupos favorecidos por el gobierno en la era PRO: el campo y los bancos. Tanto la devaluación como la caída en las retenciones consisten en una transferencia de ingresos hacia el sector exportador-rentista rural mientras que el incremento de las tasas de interés y la liberación de tasas juegan a favor del sector financiero. La liberalización de las tasas implica que el margen de ganancias ahora está fijado por los bancos, mientras que durante el kirchnerismo el mismo era fijado por el Estado -y aún así ganaban muchísimo.

Al selecto grupo de exportadores y banqueros podríamos agregar con ciertas reservas al capital productivo concentrado con vínculos con el capital transnacional. Mientras que algunos grupos económicos se encuentras objetivamente favorecidos por las medidas económicas, ya que la apertura de las importaciones les permite relocalizarse y reducir costos -lo cual se traduce en despidos- en muchos casos a los socios locales la contracción del mercado interno les jugará en contra.

Las medidas de Cambiemos entran en abierta contradicción con las palabras del Presidente Macri en su discurso de asunción como Presidente de la Nación, si solo tenemos en cuenta las medidas tomadas al momento, podemos afirmar con certeza que el objetivo de Pobreza Cero está cada vez más lejos, incluso más lejos de lo que estaba el 9 de Diciembre de 2015 por la noche; es decir, que hemos retrocedido en ese sentido.

Una de las principales innovaciones del gobierno kirchnerista respecto de décadas pasadas consistió en permitir a los trabajadores sentarse a la “mesa chica de negociación” por la distribución del ingreso. Para esto se establecieron mecanismos institucionales: las negociaciones paritarias que empoderaron a la clase trabajadora. Mientras tanto el Estado como motor del crecimiento y del empleo propició un entorno adecuado donde las amenazas de despidos frente a los incrementos de salarios no resulten peligrosas.

El despido masivo de empleados públicos, el techo y/o eliminación por decreto de las negociaciones paritarias es la manera en que Cambiemos propone manejar el frente con los trabajadores: pretende aumentar la tasa de desempleo, aleccionando por un lado a quien aún conserva su trabajo para que no pida aumento de sueldo, a la vez que genera un gran demanda laboral que convalide salarios ostensiblemente más bajos. El gobierno lograría así evitar que los aumentos de salarios “se coman” la devaluación y se desate una espiral inflacionaria precios-salarios. Lamentablemente estas medidas gozan de una gran aceptación de parte de su electorado que esperaba el inicio de la “caza de brujas” contra los militantes kirchneristas (aunque muchos de los despedidos en realidad no son militantes, votaron al Pro y hasta paradójicamente en algunos casos militantes de Cambiemos)

En el enfrentamiento entre sus aliados, Cambiemos tiene la difícil tarea de arbitrar entre el sector exportador que puja por un dólar lo más alto posible y el sector financiero que prefiere un dólar estable, tasa de interés alta, baja inflación y un peso un poco inferior al preferido por los exportadores. La posibilidad de una disparada de precios incontrolable y la amenaza de devaluaciones constantes imprimen fragilidad al sector financiero que podría sufrir una corrida bancaria y un retiro masivo de depósitos.

Mientras tanto, el equipo económico debe manejar problemas coyunturales: No hay dólares para financiar las importaciones, y los enfrentamientos entre los aliados le dificultan mucho la resolución del conflicto. La solución se está planteando en términos de un cóctel explosivo: endeudamiento y apertura comercial.  Con la deuda financiará la enorme cantidad de importaciones que entrarán y le permitirá sostener el tipo de cambio actual. La inflación no será un problema, porque la apertura se encargará de aumentar el desempleo, lo suficiente como para que los trabajadores no puedan pedir aumentos de salarios.

Las semanas y meses que siguen serán tanto de alta conflictividad social como de alta conflictividad entre los aliados de Cambiemos, ya que se vuelve urgente definir el rumbo de la economía y de la política perfilando ganadores y perdedores. Mientras tanto es lícito preguntarse hasta qué punto la estrategia de distracción que realizan los medios de comunicación no se encuentra en un punto de agotamiento cuando hay que tomar decisiones con un efecto tan claro en la población; y hasta qué punto la conflictividad interna entre los Exportadores, el Sector Financiero y el Capital Concentrado no amenaza con quebrar una alianza que no comparte tanto interés político e ideológico como personales.

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