Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El nuevo informe de la ONG OXFAM pone nuevamente sobre la mesa la escandalosa distribución de la renta mundial. Según la publicación, las 62 personas más ricas del mundo tienen la misma cantidad de dinero que los 3500 millones más pobres. La consecuencia inevitable de este inédito nivel de concentración es la pobreza extrema de millones de seres humanos en todo el mundo. Pero, ¿dónde residen las causas de esta tendencia? ¿Qué podemos hacer para detenerla? Por un lado, la arquitectura del actual sistema económico mundial está diseñado de manera tal que los beneficiados son siempre los mismos grupos económicos. En consonancia con esto, los estados y las organizaciones internacionales se encuentran, en general, cooptados por los mismos intereses. Por otro lado, el aporte de la economía solidaria es fundamental. Con las reglas de juegos vigentes, la riqueza seguirá fluyendo en la misma dirección, y son las prácticas solidarias las que deben garantizar la democracia en la producción y en la distribución de la riqueza.

Más pobres y menos ricos

En el año 2010, la misma ONG ya mostraba que 388 personas tenían la misma cantidad de dinero que los 3500 millones más pobres. Es asombroso que en tan poco tiempo ese número se haya reducido en 6 veces. Tal es la velocidad con la que este proceso se profundiza que “la riqueza en manos de la mitad más pobre de la humanidad se ha reducido en un billón de dólares a lo largo de los últimos cinco años y la riqueza en manos de las 62 personas más ricas del mundo se ha incrementado en un 44%. Desde el inicio del presente siglo, la mitad más pobre de la población mundial sólo ha recibido el 1% del incremento total de la riqueza mundial, mientras que el 50% de esa nueva riqueza ha ido a parar a los bolsillos del 1% más rico”, asegura el informe. Es decir, por cada 100 dólares que se generaron en el mundo sólo uno se repartía entre 3500 millones de personas, y 50 se lo repartían entre 62. En este sentido, y no de manera casual, las transformaciones del capital especulativo internacional han permitido reforzar estas tendencias, ya que por ejemplo, en 2014 la inversión dirigida a paraísos fiscales fue casi cuatro veces mayor que en 2001. Es clave comprender esta relación entre los movimientos especulativos transnacionales y la concentración de la riqueza, ya que no son procesos independientes, sino más bien complementarios.

Por su parte, los acuerdos megarregionales que actualmente están impulsando las grandes potencias mundiales, como el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TTP) y la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP), son una clara muestra del rol que ocupan los organismos internacionales en el proceso de concentración del ingreso global. Bajo los ejes de la inversión y la propiedad intelectual, áreas dominadas por los países desarrollados, se abarcan temáticas tan susceptibles como las patentes farmacéuticas, los derechos de autor, las marcas o los diseños industriales. No se trata de acuerdos de libre comercio, al estilo ALCA. Se trata, como explican Joseph Stiglitz y Adam Hersh, de “la administración del comercio mundial” por parte de las corporaciones transnacionales más poderosas, dispuestas no sólo a destruir el empleo, los derechos laborales y las pequeñas industrias, sino también a las corporaciones más pequeñas, un fenómeno que expresa la “fase loca” del capitalismo que nos toca vivir. El salvajismo de los términos de estos acuerdos es tal, que las negociaciones se vienen desarrollando en secreto, y se compromete a los Estados a seguir manteniendo ese secreto durante cinco años, es decir, más de lo que dura un mandato presidencial en muchos de ellos. Aún más, los grandes medios de comunicación hacen su parte en lo que se refiere a la desinformación.

La contraparte local, la encarna el actual gobierno argentino que ha dado señales positivas a los mercados eligiendo para la conducción estratégica de la burocracia estatal a los representantes de empresas multinacionales. Medidas tales como la devaluación de un 40% de la moneda local, la quita de retenciones, la eliminación de todo tipo de regulación para la importación y exportación, el canje de deuda local por deuda en dólares, entre otras, han beneficiado claramente a las grandes corporaciones económicas internacionales con sede en Argentina.

El desafío de la Economía Solidaria

En este contexto, el sector de la economía solidaria se encuentra con una realidad diversa pero con mucho potencial. Nunca en la historia argentina el sector tuvo el nivel de producción de bienes y servicios que tiene actualmente, que representa el 10% del Producto Bruto Interno (PBI). La clave para construir un mundo diferente será aumentar de manera permanente esa participación en la economía local, principalmente a través de un incremento en la actividad intrasectorial. Naturalmente, el movimiento solidario deberá seguir disputando el mercado y desarrollando nuevas formas asociativas que tengan en cuenta las transformaciones del sistema.

El mundo avanza hacia un caos social sin precedentes ya que son cada vez menos personas las que acumulan el trabajo del conjunto de la sociedad. Los estados nación, los organismos internacionales y los tratados comerciales y de inversiones tienden a ser funcionales al sistema concentrador. La respuesta para la desconcentración está en incorporar más democracia a la economía, y el sector de la economía solidaria tiene incorporada esa práctica en su ADN. Los perjudicados del sistema son millones y habrá que pensar propuestas económicas viables que permitan reforzar lo construido y avanzar en nuevos proyectos solidarios. El desafío está planteado: un mundo mejor es posible.

*Ignacio Vila **Miguela Varela
Centro de Economía Política Argentina
Instituto de Promoción de la Economía Solidaria