Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Sabemos que puede ocurrir en cualquier momento. Un querido amigo me envía la gráfica el día 25, regalo de Navidad. Participación del PIB mundial en 2015: China 16.9%; EE.UU. 16.1; después, muy por debajo, India y Japón (International Spectator). La discusión está ya en los laberintos metodológicos. Medir la riqueza es complejo. Desde 1892 Estados Unidos ha estado a la cabeza. El anuncio definitivo será sólo el acorde simbólico que da inicio a una nueva era.

Pero con independencia de ese acorde, el imperio chino ya determina buena parte de nuestro futuro. Los pronósticos coinciden en lo básico, la economía mundial crecerá poco en 2016. Coinciden también en mirar a China. La volatilidad rondará debido a la incertidumbre china. Los precios de los energéticos seguirán bajos porque China —vaticinan— sólo crecerá el 6% y no el 10 más como antes. Si China no crece y no consume energéticos ni comodities, otros se sacuden. Por eso el escenario para Brasil, Argentina y por rebote Chile y otros no es bueno. Ya ocurrió en 2015 por la misma razón, América Latina sólo creció 0.2%. Para México la mala noticia es válida sólo en parte, pues el crudo no repuntará. Por eso el Banco de México también está preocupado por China. Pero, sea como sea, alrededor de 85% de lo que México exporta son ya productos manufacturados; no es el caso ni de Brasil, ni de Argentina. Hay más.

El débil crecimiento de China también le pega a Japón, a su demanda externa. Con Japón —cuarta potencia mundial, ya no segunda— en recesión, cojeando, desde hace dos décadas, el mundo padece. China creciendo al 6% “desacelera” a los emergentes pero también a los desarrollados. Vaya impacto. Por eso el Banco Mundial en sus pronósticos observa de cerca el crecimiento del sector industrial de China. En contraste Cuba festeja el inicio de vuelos comerciales a la isla procedentes de China, lo cual les llevará ingresos turísticos. Perú exporta gaseosas a Asia. También el Secretario de Agricultura de México —después de su gira de trabajo por China— se frota las manos al anunciar que en 2016 se iniciarán tres vuelos semanales desde México al gigante, cada uno con 120 toneladas de perecederos. Es sólo el comienzo.

El reacomodo mundial es mayúsculo. En 1980 China y la India representaban sólo el 5.3% de la economía mundial mientras que Estados Unidos y la Unión Europea sumaban más del 52%. Para el 2020 la brecha será mínima: 3 puntos porcentuales. Así aunque el anuncio definitivo de la supremacía china no llegue, en los hechos ya vivimos entre gigantes y con ellos México debe lidiar. Pero el nuevo gigante no es lo que muchos esperaban. En las últimas décadas del siglo XX los optimistas de las “olas” de democratización afirmaban que los mercados iban de la mano de las democracias y éstas de los derechos humanos. El nuevo gigante chino no va por allí.

Las señales son contradictoras. El primero de enero pasado entró en vigor la nueva legislación que, en los hechos, entierra la política del hijo único que evitó el nacimiento de alrededor de 400 millones de seres humanos y fomentó el crecimiento económico. Cuatro décadas duró la infamia. Pero detrás del anuncio está la necesidad económica de frenar el envejecimiento, no la convicción profunda de respetar los derechos a la procreación. Cuatro días antes el gobierno chino anunció la elaboración de una ley antiterrorista que desnuda los valores imperantes. Se obligará a las empresas tecnológicas a radicar sus servidores dentro del país y el gobierno chino podrá, sin orden judicial, conocer las bases de los usuarios. La censura y criminalización de ciudadanos que informen sobre actos terroristas están en la mira (El País, 26/12/15). La creación de un “zar” antiterrorismo está incluida.

El nuevo gigante tiene poco que ver con la potencia que surgió en Norteamérica en el siglo XIX. El International Spectator da un dato aterrador. Entre 2011 y 2013 China utilizó más cemento que los Estados Unidos en 100 años. La forma de construcción con madera de nuestros vecinos del norte explica algo, pero la desproporción aterra. En las últimas semanas las principales ciudades chinas han estado atrapadas por una neblina producto de la contaminación atmosférica. Los aeropuertos fueron cerrados por problemas de visibilidad y se calcula que las partículas suspendidas rebasaron en 25 veces el nivel máximo recomendado por la OMS. China no pareciera demasiado preocupada por atender códigos de civilidad mínima, ni en derechos humanos, ni en contaminación. Van solos convencidos de su imparable supremacía.

La soberbia es un veneno que invade las venas de los imperios. México lo conoce, de Napoleón III a Trump. No cambian. China no será diferente.— México, Distrito Federal.

*Investigador y analista político

frheroles@prodigy.net.mx

Diario de Yucatán