Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Lautaro Actis y Julia Strada*

“Una vez que se ha alcanzado la cima de la gloria, es una argucia muy común darle una patada a la escalera por la que se ha subido, privando así a otros de la posibilidad de subir detrás” . Friedrich List

En lo que va del año, tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como el Banco Mundial (BM) corrigieron dos veces sus pronósticos sobre el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) para los países de la región. El FMI en abril y octubre mientras que el BM en enero y junio.

Allá por enero de 2015 el informe del BM “Perspectivas económicas mundiales, la economía global en transición” (GEP por sus siglas en inglés), postulaba, a todas luces, tasas de crecimiento negativas para aquellos países menos “dóciles” a los consejos de ajuste, como Argentina, Brasil o Venezuela, y mostraba pronósticos positivos para las economías más cercanas a las políticas del norte, como Perú, Colombia, Chile o México.

Meses atrás indicábamos que estas proyecciones de los organismos internacionales no gozaban de gran exactitud luego de compararlas con los números reales, una vez terminado el 2014. Especialmente para las estimaciones del FMI y el BM, los cuales para el año 2014 se alejaban en un promedio entre los distintos países, un 89% y 64% de lo que habían pronosticado, respectivamente. Además, los desvíos habían sido significativamente mayores cuando se trataba de países que habían aplicado políticas económicas heterodoxas que cuando seguían los lineamientos del mainstream internacional.

En junio, los pronósticos para el 2015 plasmados en el GEP anterior fueron revisados. La corrección al alza se efectuó sólo para dos países de América del Sur: Bolivia y Argentina. En el caso de Brasil la corrección significó un menor nivel de crecimiento, ahora agudizado al -2,3% para 2015.

Para Argentina, el BM pronosticó un crecimiento del 1,1% mientras que para el promedio para América Latina y el Caribe un incremento de sólo el 0,4 por ciento. Se sostiene que uno de los factores que harán que nuestro país tenga ese desempeño económico será la confianza inversora (paradójicamente, una de las críticas clichés de los gurúes locales) y el crecimiento del consumo público, mientras que a niveles regionales este factor se vuelve negativo. A la vez que otra de las causas del pobre desempeño regional será la caída en los precios internacionales de los productos que exportan, mientras en nuestro país ese factor será marginal. Además, se afirma en el informe que este crecimiento se mantendrá en los próximos años en un 1,8% para el año 2016 y en un 3% para el 2017, apoyados en la mayor confianza, en una macroeconomía más fuerte y en la posible vuelta a los mercados internacionales de capitales.

tabla 1

Por su parte, en el informe “Perspectivas económicas, Las Américas ajustando bajo presión” de octubre de este año, el FMI reelaboró los pronósticos tanto para el año 2015 como para el 2016. Al igual que en el informe del BM, Argentina es el único país de América del Sur que tuvo una corrección hacia arriba de sus desempeños económicos. En el informe de abril, el FMI había pronosticado una caída del PBI argentino del orden del 0,3% para el 2015, mientras que en la reciente publicación la proyección es de un crecimiento del 0,4%. Para el resto de los países, el organismo espera un desempeño peor al que pensaba: Brasil pasó de una caída del 1% a una depresión aun mayor del orden del 3%. A nivel regional, para el cual se esperaba un crecimiento del 0,9%, ahora se aguarda una caída del 0,3%.

tabla 2

Para el 2016, el FMI predice una situación de repunte para la región, si bien no dejen de existir ciertos riesgos por causa de un amenazante “ajuste brusco de la tasa de interés de Estados Unidos” y de un mayor “enlentecimiento de la economía China”. Para hacer abordar esta situación, continúa esgrimiendo sus clásicas recetas de ajuste. Así señala que Brasil “debe seguir impulsando el proceso de consolidación fiscal para estabilizar la deuda pública” y que Argentina tendría que “eliminar distorsiones de precios y del tipo de cambio, realizar un ajuste fiscal y una política monetaria algo más restrictiva” para impulsar el crecimiento a mediano plazo. Por causa de este potencial ajuste del gasto público, motor del crecimiento en 2015, el organismo corrigió fuertemente a la baja los pronósticos para el año próximo, contrariando a lo sostenido por el BM.

A contramano de la región

Por su parte, el presidente del BM, Jim Yong Kim señaló el 10 de junio desde Washington: “Las naciones en desarrollo fueron un motor del crecimiento luego de la crisis financiera, pero ahora enfrentan un entorno económico más difícil”, y también advirtió a los países en desarrollo ante una dura transición en el presente año por causa del incremento en el costo de endeudamiento y los menores precios internacionales de las commodities (productos primarios), de las cuales los países de América Latina continúan siendo grandes exportadores. Pero, ¿Por qué la caída en los precios de las commodities afecta fuertemente en términos del PBI a la mayoría de los países latinoamericanos y marginalmente a la Argentina? La respuesta se encuentra en la política económica local: nuestro país aplicó políticas proteccionistas para despegar el comportamiento económico nacional de un contexto internacional caracterizado por la segunda crisis internacional más profunda luego de la crisis de 1930. Por otro lado, la política restrictiva de la Reserva Federal de Estados Unidos consistente en subir la tasa de interés generaría, dado el poder que esta economía aún conserva en las variables económicas mundiales, un incremento en los costos de endeudamiento y una merma en los flujos de capitales hacia América Latina que se redireccionarán al país del norte en busca de mayores y seguros retornos.

En Argentina el estímulo productivo se acompañó del control de capitales. Mientras que algunos países crecieron gracias a la llegada de capitales foráneos para aprovechar el “buen clima de negocios”, en nuestro país se aplicó un control de cambios que permitió que el devenir económico no dependiera de la presencia de capitales especulativos (entre ellos los conocidos fondos buitres) que se aprovechan de los retornos positivos de las países en desarrollo pero que ante el mínimo síntoma de turbulencia, huyen a las regiones hacia los países.

A su vez, mientras que el conjunto de los PBI industriales de los países latinoamericanos sufrieron una caída de su peso desde 2003 a esta parte (en función de un incremento de su exportación de bienes primarios) en Argentina se ha logrado evitar la primarización de la economía, construyendo una nueva versión del proceso de sustitución de importaciones, protegiendo la industria nacional y diversificando su estructura productiva y exportadora (si las MOI representaban el 26,9% de la canasta exportadora en 2003, ascenderán al 30,8% en el período enero-julio 2015). Esta política amortigua los efectos de los ciclos económicos mundiales, en particular de los precios de los productos agropecuarios sobre el mercado interno, y se combina con el apalancamiento a través del consumo, con políticas como AUH, Ahora 12, Procrear, Progresar y Renovate, entre otras significativas de los últimos años.

Queda claro que, si bien se enarbola la bandera del libre comercio mediante sanciones de la OMC a la protección o condenas del FMI al gasto público, no sólo ninguno de los países desarrollados llegó a ese status sin la activa intervención del Estado direccionando las riendas de la economía, sino que el funcionamiento económico local induce a descreer de los consejos económicos del norte. Argentina sostuvo sus indicadores de crecimiento y empleo a contramano de contexto regional e internacional. Como se dijo en algún momento: fue el Estado y no el mercado el que descubrió América y el que llegó a la luna.

*CEPA (Centro de Economía Política Argentina)