En la mesa de trabajo de la oficina del ministro de Hacienda, en medio de varios altos de carpetas, hay un reloj de arena que acompaña a Rodrigo Valdés desde que estaba en BancoEstado. Quince minutos demora en pasar la arena de un lado al otro, tiempo suficiente para medir reuniones, sobre todo aquellas espontáneas que no son pocas cuando se está a la cabeza de un ministerio que, como él mismo describe, “ve una cantidad de temas bastante impresionante”, incluso para él, que ha estado en trabajos muy demandantes.

Este mes de enero no lo será menos. Siete proyectos se ha propuesto aprobar antes del receso parlamentario de febrero (reforma laboral, ajustes a la reforma tributaria, libre competencia, carrera docente, agenda corta antidelincuencia, fortalecimiento de la democracia y partidos políticos). Es cauto, eso sí. Algo que ha aprendido en estos ocho meses es que los tiempos de la política no son predecibles (Ver recuadro).

Elegido por sus pares como Economista del Año -“un honor que veo como un reconocimiento a la importancia que tiene un ministro de Hacienda en un gobierno”, señala-, su balance de estos ocho meses tiene un sesgo positivo. “Me tocó un período de adaptación difícil, pero ya me siento más firme en la montura”, señala. Lejos están las semanas en que veía temas tras temas, todos distintos. Por ejemplo, a los pocos días en Hacienda y luego de solo una reunión sobre el TPP, el secretario del Tesoro de Estados Unidos lo llamó por teléfono. “Yo aún no estaba preparado para negociar bien; entonces, tuve que dilatar. Pero con el tiempo los temas se empiezan a repetir y es más fácil”, reconoce el jefe de la billetera fiscal.

Reforma laboral: “F alta un último esfuerzo para converger”

-¿Le complicó en ese inicio que muchos hayan anticipado que usted iba a dar un giro a las reformas?

“Yo no vine a dar un giro a las reformas, vine a aportar con mi visión a cómo hacer las cosas lo mejor posible y a establecer ritmos y prioridades en momentos complejos. Como dicen en Estados Unidos, my job description era bien clara: mi rol no era cambiar hacia dónde vamos. Por lo tanto, quienes pensaban que yo haría la contrarreforma deben estar desilusionados, pero debo decir que se generaron una expectativa incorrecta”.

-Su rol no era dar un giro, pero ¿cuál ha sido su aporte o su sello a las reformas?

“En cada tema en el cual uno se involucra, uno trata de ponerle su sello. Sin embargo, considero malo hacer evaluaciones a medio camino. Es mejor hacerlas al término, más aún porque los procesos son largos. Por ejemplo, cuando uno dice “me gustaría una reforma laboral equilibrada, que no tenga efectos negativos”, ese tipo de evaluaciones no se pueden hacer a medio camino, sino cuando el proceso ya finalizó”.

-¿Realmente tal como está hoy la reforma laboral garantiza esos equilibrios?

“Hemos avanzado mucho, pero falta un último esfuerzo para converger”.

-¿Cuáles son a su juicio las herramientas clave para lograr esos equilibrios?

“Es clave volver a los ángulos iniciales: huelga efectiva, titularidad sindical y adaptabilidad para que esta reforma aporte a la productividad. En su conjunto, tenemos que aprobar una reforma que contribuya a las relaciones laborales. A veces la discusión se centra en temas muy específicos, que se han transformado casi en cotos de caza, pero lo importante es el conjunto. Lo que salió de la comisión de Trabajo del Senado es un avance importante, porque incluye distintas provisiones que permiten que los efectos negativos se moderen”.

-Pero en la comisión de Trabajo se cayó la reasignación de trabajadores en huelga, por ejemplo.

“No me gustaría entrar a los detalles, porque estamos en plena construcción de los últimos acuerdos y hay que esperar los resultados”.

-¿Por qué no se abordó la titularidad sindical, cuando es uno de los puntos más emblemáticos e incluso en países de la OCDE la extensión es automática?

“Aún estamos en la construcción de acuerdos, por lo que no me gustaría hablar sobre contenidos específicos. Además, esta reforma es un conjunto que debe ser coherente y equilibrado”.

-¿Cómo se explica que mientras se discute el reemplazo en la huelga, el Gobierno reemplazó en el caso del Registro Civil y la DGAC, e intentó introducir una fórmula de reasignación de funciones? ¿Por qué el sector público puede reasignar y los privados no?

“Lo primero acá es diferenciar un paro ilegal de una huelga reglada por la ley. Y, segundo, hay temas en el propio proyecto sobre servicios mínimos que si no los provee el sindicato en la huelga legal le da la posibilidad al empleador de tomar todas las medidas pertinentes para poder realizar esas labores. Yo imagino perfectamente que algunas funciones de la DGAC caían en eso”.

“La reforma considera servicios mínimos y no me cabe duda de que cuando hay temas como salud, seguridad o sistemas de pagos el país no puede darse el lujo que esos sistemas paren”.

-Sin entrar en contenidos, pero sí en los compromisos asumidos, ¿a qué se comprometió específicamente usted cuando se tomó la foto del acuerdo propyme?

“Esa imagen fue un esfuerzo genuino de muchos de relevar que un traje puede no ser el correcto para todos. A veces se requiere de tratamientos especiales y la verdad es que la reforma considera muchas provisiones para las pymes. No hubo un acuerdo específico en ese momento. Lo que sí hubo fueron conversaciones y lo que yo hice al asistir a esa foto fue adherir a un acuerdo, más que a algo específico; de hecho, no había nada escrito”.

-Andrés Santa Cruz dijo que no le gustaría ser el ministro de Hacienda que apruebe esta reforma laboral. Si se aprueba tal como está, ¿estaría satisfecho?

“En todo orden uno tiene que ceder y encontrar equilibrios. Acá no es un partido que se juega con mi pelota. Creo que Andrés está pensando en eso, pero así no funciona la política. Lo segundo, tenemos una visión distinta sobre lo que queremos con esta reforma. Imagino que él no votó por la Presidenta, yo sí; entonces, no vamos a tener la misma visión en muchas cosas”.

“Tendremos un sistema tributario que puede existir por mucho tiempo en Chile”

-Usted dijo que la Presidenta le dio la oportunidad de presentar un proyecto de simplificación de la reforma tributaria. ¿Qué tan importante es que la Presidenta haya accedido a esta iniciativa?

“Para mí es muy importante este proyecto, porque el acuerdo político que se logró en el Congreso hacía muy difícil y costoso implementar esto, lo que generó muchas dudas en el sector privado. El hecho de reconocer que era difícil es un punto de encuentro muy importante. Evidentemente, quienes paguen más impuestos estarán descontentos y tienen todo el derecho a alegar porque les suben la carga tributaria. Pero también es legítimo subir la carga. Lo importante es tener un sistema que funcione bien y creo que esta simplificación logra un excelente equilibrio: funcionará y logrará la recaudación esperada”.

-Antes de llegar a BancoEstado usted participó en la comisión tributaria de Sofofa, ¿cuál fue ahí su planteamiento en concreto?

“Para poner todas las cartas sobre la mesa, me invitaron de Sofofa a dar mi opinión en esa comisión y yo dije que había que hacer algo propositivo, que recaudara lo mismo y que pagaran los mismos. Eso implicaba no solo subir la carga. Algunos integrantes de la comisión plantearon subir el IVA, pero yo les dije que eso no iba a pasar”.

-Pero usted estaba a favor de mantener la integración del sistema.

“No”.

– ¿Y tras su llegada a Hacienda se ha evaluado esa opción con tasas más altas? Hay empresarios que incluso han planteado tasas de más del 27% con tal de que se mantenga la integración.

“Son tasas bastante más altas. Es bien difícil distinguir cuando la contraparte propone algo, hay que ponerles número a las cosas. Uno perfectamente podría integrar con crédito al 100%, pero para eso habría que subir la tasa máxima del Global Complementario de 35% a 43% para recaudar lo mismo. Entonces, les bajaríamos a los capitalistas de 44,5% a 43%, pero subiríamos el tope máximo a los empleados de 35% a 43%”.

-Entonces, no es tan simple la integración…

“Por eso cuando Felipe Larraín va al Congreso, siendo él un gran economista y a quien le tengo mucho respeto, habla más como vocero de Chile Vamos”.

-Felipe Larraín dice que es muy paradójico que la simplificación acote a su mínima expresión la renta atribuida, siendo que en el primer proyecto del Gobierno ese era el sistema general.

“Es que la renta atribuida como sistema único tenía temas complejísimos en su implementación. Cuando decimos que las sociedades más complejas, como sociedades anónimas y cascadas, no podrán optar por la renta atribuida, es porque la administración de ese sistema -por ejemplo, en una propiedad circular o cruzada- se hace muy difícil. Por eso estamos haciendo lo que estamos haciendo”.

-¿Cree que con este proyecto se cierra el debate tributario, o, como dice el ex ministro Larraín, el próximo gobierno tendrá que “cargar con ese muertito”?

“Tendremos un sistema tributario que va a funcionar y que puede existir por mucho tiempo en Chile, pero eso no quita que un nuevo gobierno tenga derecho a hacer cambios”.

“Hubo una pregunta muy interesante en la comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados de un abogado a uno de los abogados más senior del SII. Le dijo: ‘¿Con esto quedaremos más o menos enredados respecto del sistema actual?’, y él contestó que menos. Eso me dejó a mí muy tranquilo”.

“Lo que a mí me deja tranquilo es tener una reforma tributaria que funcione, que recaude lo que debe recaudar, que tiene incentivos correctos y que hace que paguen los que deben pagar, según se diseñó. Una cosa que quedó clarísima en todas las intervenciones de los invitados a la Cámara, es que todos dijeron que era una simplificación importante, incluso Felipe Larraín.

“Hay que trabajar para que esta economía crezca más y para que el desempleo no suba”

-¿Qué lectura hace del último Imacec? En noviembre la actividad creció 1,8%, menos de lo proyectado, y varios análisis apuntan a que la cifra revela que la economía sigue con un nivel importante de aletargamiento.

“No es un misterio que fue malo y fue menor a lo esperado. Pero esconde una realidad que estamos viviendo y que es importante explicar. Chile tiene hoy dos economías en una. Hoy tenemos un sector que está creciendo muy poco, que son la minería y sus actividades conexas, y hay otros, como por ejemplo la agricultura y los vinos, que están creciendo más, sobre 2%. Lamentablemente, algunos han debido enfrentar a América Latina en recesión, como la industria, a la que le afecta la situación de Brasil, pero en otros sectores la rentabilidad ha aumentado mucho”.

Sin dar números, señala que el número de proyectos que ingresó al SEA en 2015 creció mucho respecto de 2014. Son proyectos que tienen que ver con energía, sector que se está expandiendo.

“Este mismo fenómeno se ve en el empleo. Para nadie es un misterio que varias regiones en el norte dejaron atrás el boom que tenían y ahora tenemos más actividad en el sur. Esta reconversión está pasando en Chile, es un proceso que toma tiempo, pero Chile lo está logrando hacer y eso nos permitirá crecer”.

-Usted menciona el tema del empleo, y a pesar de que el desempleo no se disparó en 2015, las cifras generan suspicacia. ¿Por qué cree que ocurre eso?

“Yo y otros economistas esperábamos una tasa de desempleo más alta de lo que hemos visto y por eso nacen dudas, pero si uno mira fuentes alternativas de datos, son bastante coherentes. El sector de servicios se está expandiendo más y eso ayuda”.

“Otro dato: si uno mira las encuestas de opinión, el empleo está lejos de ser uno de los problemas principales y, por lo tanto, yo creo que la economía ha sido capaz de mantener un mercado laboral robusto”.

-¿Eso se mantendrá en 2016?

“Necesitamos trabajar para que se mantenga. Hay que trabajar para que esta economía crezca más y para que el desempleo no suba”.

“No haremos cosas de corto plazo para que la productividad salte en 2016”

-¿Es frustrante para un ministro de Hacienda que el crecimiento del país en los próximos dos años esté solo en torno a 2%?

“Obviamente, me gustaría que estuviésemos creciendo más, pero la pregunta correcta es la temperatura dentro de la casa considerando la temperatura afuera de la casa. Me refiero al contexto internacional, nacional, al fin del ciclo, todo….”.

-¿Y qué tanto aportará la Agenda de Productividad?

“La productividad es un concepto que tenemos que instalar mejor como foco. Productividad significa que con lo mismo podemos producir más, y eso significa más para todos, incluso salarios. Llevamos en torno a una década con la productividad estancada. La agenda que se está armando es un punto de encuentro para todos, pero no es una agenda que tendrá resultados instantáneos. Los frutos se verán en un tiempo más, pero hay que plantarlos y es muy importante focalizarnos en esto durante este año”.

-Pero en concreto, ¿qué podemos esperar para 2016?

“La Presidenta aceptó una invitación del sector privado, pero no haremos cosas de corto plazo para que la productividad salte en 2016. Es iniciar un camino con foco en productividad, porque la productividad nos sirve a todos”.

– Ha habido varias agendas, ¿cómo se hace para que esta agenda no quede en el aire?

“La clave es entender qué es productividad y tener una visión compartida. No queremos que esta agenda sea solo de Hacienda y Economía. Queremos que todos los ministerios, empresas y sindicatos incorporen este concepto. Espero que esta agenda nos diferencie de las agendas pasadas y que la productividad sea un concepto que todos compartamos y valoremos”.

“Cuando hay temas como salud, seguridad o sistemas de pago, el país no puede darse el lujo de una paralización”.

“Cuando Felipe Larraín va al Congreso, siendo él un gran economista y a quien le tengo mucho respeto, habla más como vocero de Chile Vamos”.

“Yo y otros economistas esperábamos una tasa de desempleo más alta (…) y por eso nacen dudas. Pero si uno mira fuentes alternativas de datos, son bastante coherentes. El sector de servicios se está expandiendo más, y eso ayuda”.

“Tendremos un sistema tributario que va a funcionar y que puede existir por mucho tiempo en Chile, pero eso no quita que un nuevo gobierno tenga derecho a hacer cambios”.

“Logré subirme a un tren que venía rápido”

-¿Cómo han sido los últimos ocho meses?

“Lo bueno es que ya hace varios meses siento que logré subirme a un tren que venía rápido, soy parte de un equipo de gobierno, tuve que aprender las múltiples tareas que tenemos como ministerio. He trabajado en muchos lugares, algunos muy demandantes. Yo sabía que este era demandante, pero la cantidad de temas que pasan por Hacienda la verdad es que es bien impresionante. Estoy contento de haber logrado ya pasar a una etapa en que los temas se repiten”.

-¿Qué ha sido lo más difícil?

“Lo más difícil ha sido convivir con un mundo que está complejo, un mundo económico que es bien lejano a lo que estábamos acostumbrados. El fin del ciclo del precio de las materias primas es desde el punto de vista económico un fenómeno bien profundo para los mercados emergentes y, en especial, para Sudamérica”.

-Pero cuando usted asumió, sabía de ese contexto.¿Qué cosas no esperaba y que han sido complejas de enfrentar?

(Toma su tiempo) “Creo que aprender de los temas cruciales en política que son básicamente oportunidad y un trabajo de diálogo muy profundo. Hay que tener la paciencia, también la flexibilidad y, al mismo tiempo, la rapidez para actuar. Es muy fácil actuar a destiempo, o muy temprano o muy tarde. Y eso es complejo de calibrar…esto es algo que he ido aprendiendo”.

“Lo otro que ha sido difícil para mí es ver que a veces uno piensa que tiene un acuerdo y se desarma, en ocasiones porque hay incentivos a que cambien, porque la base política que había no existía, porque hay veces en que gente que llega a acuerdo en verdad no quería acuerdo. Eso me ha pasado varias veces y ha sido complejo para mí”.

-¿Cuánto le ocurrió?

“En gratuidad tuvimos tres pseudoacuerdos. Durante el presupuesto también nos pasó lo mismo. Por eso, he aprendido a no cantar victoria a destiempo (…). Por lo tanto, saber para dónde va a saltar la liebre es un arte que no es fácil”.

-¿Cómo definiría su relación con los parlamentarios?

“Hay que tener la vocación de tratar de convencer, de ser flexible para ser convencido, ponerse en el lugar del otro y estar abierto a conversar, ser explícito cuando uno no tiene un acuerdo, y cuidar las maneras. Algo que me han dicho varios parlamentarios como algo positivo que ven de la gestión del Ministerio de Hacienda es que conversamos y que podemos decir que no, pero hay distintas maneras de decir que no”.

-Al llegar al gabinete, se empezó a hablar de la dupla Valdés-Burgos y, al poco tiempo, usted tomó distancia y aclaró que tal dupla no existía. ¿Por qué hizo esa aclaración?

“Yo me llevo muy bien con el ministro Burgos. Él es quien dirige el comité político y, por lo tanto, cumple un rol central. Ambos somos parte de un equipo más grande y lo que hay que hacer en los gobiernos es jugar en equipo”.

“A mí me molestaban porque después señalaron que yo tenía dupla con el ministro Pacheco, con Ximena (Rincón), con (Nicolás) Eyzaguirre….entonces alguien una vez me molestó y dijo que era un poco promiscuo” (Risas).

-¿Cómo es su relación con la Presidenta y cómo la conoció?

“La conocí cuando estaba en BancoEstado. Antes no había interactuado con ella directamente”.

“La Presidenta es quien me nombró, es la Jefa del Gobierno y lo único que puedo decir es que agradezco mucho su confianza y que hemos logrado tener mucha sintonía. En los temas más complejos para mí me he sentido muy respaldado por ella como, por ejemplo, en el proceso presupuestario y el reajuste del sector público”.

-¿Qué tan compleja fue la salida de Guillermo Larraín del BancoEstado?

“Fue para mí muy difícil personalmente, pero poco complejo desde el punto de vista de lo que se debía hacer y del respaldo que tuve del comité político y del Gobierno”.

Colusión: “Es otro golpe a la confianza y legitimidad del sistema”

Rodrigo Valdés iba camino al Congreso cuando lo llamó el ministro de Economía, Luis Felipe Céspedes, para informarle que pocos minutos después se conocería el requerimiento de la Fiscalía Nacional Económica en contra de Cencosud, Walmart Chile y SMU por un acuerdo entre 2008 y 2011 para fijar por medio de sus proveedores un precio de venta de carne de pollo fresca igual o superior al precio de lista.

Para él se trata de un hecho “grave e indignante”, por tres razones que enumera: Una, porque la competencia es “el oxígeno para la economía de mercado, solo con competencia hay incentivos para ser más productivos, por ende, este tipo de situaciones hacen más ineficiente a nuestra economía”, señala.

Dos, lo considera “profundamente injusto” porque genera traspasos de plata de unos a otros. “Dicho de otra forma, algunos están haciendo trampa y les están quitando plata a otros”, advierte.

Y, tres, a su juicio este caso es “otro golpe a la confianza y legitimidad del sistema y eso hace más difícil tener una buena convivencia en Chile”.

Considera que este tipo de casos reafirma la idea de que el Estado tiene un rol importante. “Espero que quienes creen que el Estado solo estorba entiendan que el Estado tiene un papel crucial para que una economía funcione. Sin regulaciones apropiadas y sin una fiscalía como la que tenemos esto sería un far west donde el sistema de mercado no funciona”, dice.

Para el ministro la actual institucionalidad opera bien, pero considera prioritario aprobar el proyecto que fortalece el sistema de libre competencia. Su meta es que finaliza su trámite legislativo este mes.

“El proyecto no solo repone la pena de cárcel, también sube las multas. Mientras no sea de verdad mal negocio hacer esto, muchos, no todos, se verán tentados”, sostiene.