El nivel de pobreza en América Latina y el Caribe caerá de 6,2% (registrado en el año 2012) a 5,6% el 2015, lo que significa un avance importante en la meta de desaparecer esta clase social en el 2030, así lo dio a conocer el Grupo Banco Mundial (GBM) en la víspera de sus Reuniones Anuales en Lima (Perú)

En sus pronósticos regionales para 2015, el Banco señaló que la pobreza en Asia oriental y el Pacífico bajaría del 7,2% en 2012 a 4,1% de su población el 2015; en América Latina y el Caribe, del 6,2% en 2012 al 5,6%; en Asia meridional, del 18,8% 13,5%; y en África al Sur del Sahara, del 42,6% al 35,2%.

En tal contexto, precisó que el número de personas que viven en situación de pobreza extrema en todo el mundo probablemente bajará a menos del 10% de la población mundial en 2015.

“Ello constituye una nueva prueba de que la reducción sostenida de la pobreza a lo largo de un cuarto de siglo significa que el mundo más cerca de alcanzar la meta histórica de ponerle fin a más tardar en 2030″, señaló.

A través de un reporte explicó que el GBM utiliza una línea de pobreza internacional actualizada de US$1,90 al día, que tiene en cuenta nueva información sobre las diferencias del costo de vida en los distintos países (los tipos de cambio según la paridad de poder adquisitivo).

Refirió que la nueva línea de pobreza mantiene el poder adquisitivo real de la línea anterior (de 1.25% al día en precios de 2005) en los países más pobres del mundo.

En ese sentido, y utilizando esta nueva línea de pobreza (y nuevos datos nacionales sobre los niveles de vida), el GBM proyecta que la pobreza en el mundo habrá disminuido de 902 millones de personas (12.8 por ciento de la población mundial) en 2012, a 702 millones de personas, es decir el 9,6 por ciento de la población mundial en 2015.

Resultados de crecimiento. Al respecto el presidente del GBM, Jim Yong Kim, dijo que las continuas e importantes reducciones de la pobreza eran el resultado de las sólidas tasas de crecimiento registradas en los países en desarrollo en los últimos años, las inversiones en la educación y la salud de las personas, y las redes de protección social que ayudaban a evitar que la gente volviera a caer en una situación de pobreza.

Advirtió, sin embargo, que debido a la ralentización del crecimiento de la economía mundial, al hecho de que muchas de las personas que siguen siendo pobres en el mundo viven en Estados frágiles y afectados por conflictos, y a la considerable profundidad y amplitud de la pobreza que aún existe, el objetivo de erradicar la pobreza extrema sigue siendo muy ambicioso.

“Esta es la mejor noticia del mundo actual: estas proyecciones nos muestran que somos la primera generación de la historia de la humanidad que puede poner fin a la pobreza extrema”, dijo Kim.

“Este nuevo pronóstico de la reducción de la pobreza a cifras de un dígito debería darnos nuevo ímpetu y ayudarnos a enfocar nuestra atención con más claridad aún en las estrategias más eficaces para poner fin a la pobreza extrema”, apuntó.

No obstante anotó que ello será sumamente difícil, sobre todo en un período de menor crecimiento mundial, mercados financieros volátiles, conflictos, altas tasas de desempleo de los jóvenes, y un impacto cada vez mayor del cambio climático.

“Pero este objetivo sigue estando a nuestro alcance, en la medida que nuestras grandes aspiraciones estén acompañadas de planes impulsados por los países que ayuden a los millones de personas que aún viven en la pobreza extrema”.

Meta al 2030. Cabe indicar que en abril de 2013, nueve meses después de que Kim asumiera la presidencia del Grupo Banco Mundial, la Junta de Gobernadores ratificó dos objetivos: poner fin a la pobreza extrema a más tardar en 2030 e impulsar la prosperidad compartida elevando los ingresos del 40 por ciento más pobre de la población.

Kim señaló que las próximas reducciones de las tasas de pobreza serían el resultado de la adopción de enfoques basados en datos empíricos, tales como un crecimiento de base amplia que brinde suficientes oportunidades de generación de ingresos.

Además una inversión en las perspectivas de desarrollo de las personas mediante el aumento de la cobertura y el mejoramiento de la calidad de la educación, la salud y el saneamiento, y la protección de las personas pobres y vulnerables contra riesgos imprevistos de desempleo, hambre, enfermedad, sequía y otras calamidades.

Estas medidas, explicó, también impulsarían considerablemente la prosperidad compartida y aumentarían el bienestar de las personas menos favorecidas de cada país.

“Si adoptamos estas estrategias, el mundo tiene muchas más posibilidades de poner fin a la pobreza extrema a más tardar en 2030 y de mejorar las perspectivas de vida de las familias de bajos ingresos”, dijo Kim.

AméricaEconomía

Informe del Banco Mundial